La Cerería La Real de Palma: 126 años de tradición artesanal en peligro de extinción

La Cerería La Real de Palma: 126 años de tradición artesanal en peligro de extinción
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La Cerería La Real de Palma: 126 años de tradición artesanal en peligro de extinción

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En el corazón de Palma de Mallorca, resiste la Cerería La Real, el último taller artesanal de la isla dedicado a la elaboración de velas y cirios. Guiem Ramis, al frente del negocio, representa la cuarta generación de una familia que inició esta labor hace 126 años en el mismo emplazamiento.

Un legado centenario en riesgo

Sin embargo, este legado familiar podría estar viviendo sus últimos años. El proceso de fabricación se mantiene prácticamente inalterado. La cera se funde al baño maría, ahora con propano en lugar de leña, y las mechas se sumergen en el depósito de cera caliente, colgadas de una gran rueda de madera.

Ramis explica que la clave no reside en contar las inmersiones, sino en la habilidad del artesano para moldear cada pieza.

Esta técnica, que aprendió de su madre, la verdadera “cerera” de la familia, se basa en la observación. “Es más que nada un trabajo de vista, no hay una regla fija”, comenta.

El artesano debe controlar los baños de cera para que los cirios engorden de manera uniforme, un saber hacer que culmina con el paso de un calibrador para asegurar la perfección de cada pieza.

El secreto de la supervivencia: el reciclaje de cera

La materia prima principal es la parafina de alta calidad, pero el secreto de su supervivencia económica radica en el reciclaje de la cera sobrante, conocida como “refús”. Recogen los restos de la Iglesia de La Anunciación, donde se encuentra el Cristo de la Sangre, la imagen más venerada de Mallorca, los limpian y los vuelven a fundir. Este proceso les permite reducir costes y seguir siendo competitivos.

Guiem Ramis es consciente de la dificultad de su situación.

“No se puede competir con las máquinas”, admite. La producción industrial es masiva, pero gracias al aprovechamiento del “refús”, la Cerería La Real consigue en ocasiones ofrecer precios incluso más bajos.

Competencia feroz y modas cambiantes

Sin embargo, la competencia es implacable en otros aspectos. Ramis lamenta cómo las modas han afectado al negocio, especialmente en el ámbito de la Semana Santa. “Antes hacíamos el 90 % de las cofradías y ahora hacemos un 20 %”, explica.

La popularidad de los cirios de colores y las agresivas ofertas comerciales de grandes empresas peninsulares les han hecho perder una parte importante de su clientela tradicional.

Un futuro incierto

El futuro de la cerería es incierto. A pesar de que su hijo está involucrado en la empresa, no trabaja en el taller, lo que lleva a Guiem a pensar en el fin de la tradición familiar. Su pronóstico es melancólico pero realista, y cree que el legado no continuará más allá de su generación.

“Yo creo que ya seremos la última generación y lo digo con pesar”, confiesa. Ramis reconoce que la única forma de seguir sería con una gran inversión en maquinaria y un local más grande, algo inviable sin una continuidad clara.

Además, los actuales empleados se jubilarán en los próximos años, lo que aboca al cierre del taller tal y como se conoce hoy.

Clientes fieles y creaciones únicas

A pesar de todo, la actividad no cesa. Entre sus clientes fijos se encuentra la Catedral de Palma, y se encargan del mantenimiento diario de los velones del Cristo de la Sangre, encendiéndolos cada día a las seis y media de la mañana. Su maestría les ha llevado a crear piezas únicas, como una vela de 120 kilos para una galería de arte, y otras más populares, como las que elaboran para los aficionados del RCD Mallorca.