GERDA TARO: LA FOTÓGRAFA QUE DESAFIÓ LA GUERRA DE ESPAÑA

GERDA TARO: LA FOTÓGRAFA QUE DESAFIÓ LA GUERRA DE ESPAÑA
Imagen de archivo: https://www.abc.es/

GERDA TARO: LA FOTÓGRAFA QUE DESAFIÓ LA GUERRA DE ESPAÑA

Foto: Archivo – Todos los derechos reservados

Gerta Pohorylle, bajo el nombre inventado de Gerda Taro, huyó de los nazis y llegó a España apenas dos semanas después del golpe de Estado. Armada con una Reflex-Korelle, recorrió el país en cinco viajes a lo largo de doce meses, capturando en imágenes la crudeza de La Desbandá, el asedio de Madrid y la batalla de Brunete. Su vida se truncó el 26 de julio de 1937, a los 26 años, al ser arrollada por un tanque republicano.

Conocida como Gerda Taro, pasó a la historia como la primera reportera gráfica en morir en un frente de combate, una “brigadista sin armas, una pacifista gráfica”, en palabras de Fernando Olmeda, autor de ‘Gerda Taro. Fotógrafa en la guerra de España’.

Más allá de ser la compañera de Robert Capa, Taro fue una figura clave en el fotoperiodismo de guerra.

Huida del nazismo y encuentro con Capa

Nacida en Stuttgart en 1910, en una familia judía de clase media, Gerta se trasladó a Leipzig tras la crisis de Weimar. Su activismo antinazi la llevó a ser detenida y, en 1933, huyó a París, uniéndose a miles de exiliados políticos e intelectuales. En la capital francesa, conoció a André Friedmann, un fotógrafo húngaro exiliado. Juntos, idearon una estrategia para sobrevivir y triunfar: ella sería Gerda Taro y él, Robert Capa, un prestigioso fotógrafo estadounidense.

El plan funcionó y comenzaron a vender sus fotografías.

La Guerra Civil Española: su campo de batalla

Aunque se había iniciado en la fotografía en París, la Guerra Civil Española fue el escenario donde Gerda Taro forjó su carrera. En agosto de 1936, la pareja llegó a España, marcando el primero de los cinco viajes que Taro realizó hasta julio de 1937 para documentar el conflicto. Su trabajo no se limitó a la mera observación; se enamoró del país y se comprometió con la defensa de la Segunda República.

Un recorrido por la España en guerra

Durante su primer viaje, Taro recorrió Barcelona, el frente de Aragón y Córdoba, donde capturó una de sus imágenes más emblemáticas: la miliciana practicando tiro en la playa de Barcelona. En febrero de 1937, cubrió La Desbandá, la dramática huida de miles de civiles desde Málaga hasta Almería bajo los bombardeos.

A partir de entonces, su nombre comenzó a aparecer junto al de Capa: “Photos Capa et Taro”.

Compromiso con la causa republicana

En Madrid, donde se reunían los corresponsales internacionales en el Hotel Florida, Taro y Capa se convirtieron en figuras destacadas. Sin embargo, Taro rechazó el papel de acompañante y buscó su propio camino en un oficio dominado por hombres. Cubrió el frente de Guadalajara, consolidando su autonomía profesional.

Sus siguientes viajes la llevaron al frente de Segovia, al bombardeo de Valencia, al Congreso Internacional de Escritores y a Brunete, la primera gran ofensiva republicana. Taro no era una observadora neutral; estaba comprometida con la causa republicana y su fotografía participó del esfuerzo propagandístico de la República.

El final trágico en Brunete

En su quinto y último viaje a España, Taro asumió riesgos imprudentes, buscando un gran reportaje para cerrar su etapa en el país antes de partir hacia la guerra chino-japonesa.

En Brunete, en medio de intensos combates, decidió avanzar a pesar de las órdenes de retirada. De regreso del frente, un tanque chocó con el vehículo que transportaba heridos, causándole heridas mortales. Murió al día siguiente, a los 26 años. Sus últimas palabras fueron: “Eh bien, c’est la guerre” (“Esto es la guerra”).

Legado y reconocimiento póstumo

Miles de personas despidieron a Taro en París.

Tras su muerte, sus negativos permanecieron en el estudio de Capa y, más tarde, en la agencia Magnum. En la Alemania de posguerra, sus imágenes fueron consideradas propaganda comunista, mientras que las de Capa se convirtieron en iconos de la fotografía del siglo XX.

Durante casi seis décadas, Gerda Taro permaneció en la sombra, hasta que en los años noventa la investigadora Irme Schaber reconstruyó su trayectoria. A partir de entonces, llegaron las retrospectivas y el reconocimiento tardío. Gerda Taro fue, en efecto, mucho más que la pareja de Robert Capa: fue una fotógrafa valiente y comprometida que dejó un legado imborrable en la historia del fotoperiodismo.