
Nuevos libros de Ángel Antonio Herrera exploran la poesía como un viaje constante
Foto: Archivo – Todos los derechos reservados
El poeta y periodista Ángel Antonio Herrera presenta dos nuevos libros que recorren su trayectoria poética. Se trata de la antología **’Oler a loco’**, publicada por Renacimiento, y un volumen de Vitruvio que reúne sus dos primeros trabajos: **’El demonio de la analogía’** y **’En palacios de la culpa’**.
Una mirada retrospectiva a la obra de Herrera
**’Oler a loco’** ofrece una visión retrospectiva del trabajo de Herrera, desde sus poemas más recientes hasta los más antiguos. Según el autor, esta selección responde a su mayor afinidad con su obra más actual. “Me disgustan menos los poemas más próximos en el tiempo”, afirma.
El título de la antología, tomado de un verso de César Vallejo, refleja la influencia del poeta peruano en la obra de Herrera.
“César Vallejo me ha acompañado desde la adolescencia”, explica Herrera. “Siempre aprecié (…) una atmósfera interior de orfandad casi letal, una melancolía sin causa, incluso, y un afán de reinvención, casi catastrófica, del lenguaje”.
La poesía como propósito espiritual
Para Ángel Antonio Herrera, la poesía es un **”propósito espiritual”**. En su opinión, el poeta no solo escribe cuando se sienta a hacerlo, sino que está constantemente creando en su mente. “Se escribe mucho cuando no se escribe”, asegura.
Al reflexionar sobre su obra, Herrera se describe como un **”hombre incurable”**.
Reconoce que cada poema es un retrato parcial, ya que la complejidad humana no puede ser abarcada en su totalidad por una sola creación.
El fuego como símbolo recurrente
La imagen del fuego es una constante en la obra de Herrera. El autor explica que esta recurrencia no es premeditada, sino que surge de sus propias vivencias. “Yo, con el tiempo, he comprobado que uno usa las palabras que más ha vivido”, afirma.
Influencias y conclusiones
Entre sus poetas guía, Herrera menciona a Vallejo, Lorca, Neruda, Aleixandre, Rimbaud, Góngora, Saint-John Perse y Whitman. Destaca su admiración por aquellos que se deleitan en el lenguaje.
En cuanto a las conclusiones que extrae de su propia poesía, Herrera señala que lo importante es no tenerlas.
“Yo acudo al verso, propio e incluso ajeno, a ver qué sabe de mí, a ver qué logra investigar de mí”, explica.
La paradoja de la poesía
Para Herrera, la mayor paradoja de la poesía reside en su búsqueda de la verdad, que inevitablemente revela enigmas. **”La poesía vive en la paradoja del misterio”**, afirma.
El autor considera que la poesía siempre expone al poeta, desnudando su biografía de manera implacable. A pesar de ello, defiende la necesidad de la poesía, especialmente en tiempos de miseria, como un refugio frente a la ignorancia y la vulgaridad.













