Vicente Ferrer denuncia abusos en su novela ‘Despiece’ tras años de silencio

Vicente Ferrer denuncia abusos en su novela 'Despiece' tras años de silencio
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Vicente Ferrer denuncia abusos en su novela 'Despiece' tras años de silencio

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Vicente Ferrer, autor de la novela ‘Despiece’ (Dos Bigotes, 2026), rompe el silencio sobre los abusos que sufrió por parte de un profesor en su colegio privado en Valencia durante la década de los 90. A pesar de que el caso salió a la luz pública en aquel entonces, Ferrer no reveló que él era una de las víctimas. Ahora, más de dos décadas después y con el delito prescrito, su libro emerge como un relato de lo sucedido, un retrato de una época y una denuncia sobre cómo el sistema falla a quienes debería proteger.

Un proceso literario y personal

La creación de ‘Despiece’ surgió a partir del Máster en Creación Literaria de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, dirigido por Jorge Carrión. Ferrer se enfrentó a la decisión de narrar ese daño interno o elegir otro tema, optando por lo primero para ser honesto consigo mismo. Carrión y la escritora Belén López Peiró fueron fundamentales en el desarrollo del texto.

La novela presenta dos voces narrativas: la del niño y la del hombre en el que se ha convertido. Ferrer señala que la parte adulta fue más difícil de escribir, ya que la memoria tiende a “literaturizar” los recuerdos, lo que le liberó de la necesidad de relatar los hechos con exactitud periodística.

Más allá del drama: la vida y el contexto

Ferrer buscó trascender el mero drama, explorando la época, su familia, sus amigos y los sentimientos de un niño, incluido el despertar sexual. Según el autor, mostrar estos aspectos era crucial para entender por qué el niño no habló. Un momento particularmente difícil de rememorar fue abordado con madurez y distancia emocional.

Para construir sus personajes, Ferrer grabó a sus padres y hermana, quienes se sintieron reflejados en la obra y evocaron recuerdos de su vida. ‘Despiece’ también busca conectar con aquellos que fueron niños o adolescentes en la España de los 90, reconociendo escenarios y vivencias comunes. “La vida no es solo ser una víctima, ni aun cuando estás en el peor de tus momentos”, afirma Ferrer.

La falta de reparación

Tras la denuncia de seis víctimas, de entre ocho y 12 años, el profesor fue condenado a 220 años de cárcel. Sin embargo, se declaró insolvente y el colegio privado no ofreció ninguna compensación. Ferrer considera escandalosa esta falta de reparación, que le duele tanto como su propio caso. “Ni siquiera te llega lo que se supone que te pertenece por ley. Es como una doble vergüenza”, lamenta.

El autor destaca las dificultades que enfrentan las personas sin recursos para lidiar con situaciones similares. En los años 90, muchas familias trabajadoras se esforzaron para que sus hijos tuvieran una vida mejor, lo que permitió a Ferrer acceder a la educación superior. Sin embargo, reconoce que el sistema puede ser incomprensible para quienes no dominan su “idioma”.

Ferrer no se ha puesto en contacto con las otras víctimas, para evitar cualquier duda sobre sus intenciones y respetar su posible deseo de no recordar un trauma. “Antes de este libro, estuve en terapia, no podía haberlo escrito sin haber hecho este proceso”, confiesa. Su obra es una forma de abrir el diálogo y ofrecerse a quienes deseen contactarlo.

El silencio de una época

Ferrer plantea interrogantes sobre cómo el profesor pudo abusar de alumnos durante años sin que el colegio se percatara. La condena especificaba que podía acogerse al límite de 30 años de reclusión efectiva, y tras cumplir su inhabilitación, podría haber vuelto a dar clases. En 2013, su condena quedó extinguida.

Más allá de la figura del agresor, Ferrer busca exponer el silencio que imperaba en los 90 sobre temas como los feminicidios, el colectivo LGTBIQ+ y los derechos de los niños. Haciendo referencia al libro de Cristina Rivera Garza, “El verano de Liliana”, Ferrer subraya la falta de vocabulario para describir lo que ocurría en aquella época: “Si no se habla de nada, nada existe”. El autor aboga por nombrar las cosas, romper el silencio y mejorar los métodos de detección de abusos.

Ferrer, quien se define como una persona que sigue las reglas y cree en el sistema, se sintió desamparado ante la falta de justicia. Por ello, decidió que, si la justicia no estaba presente, sí lo estarían su familia, sus amigos, la industria editorial y los lectores. Su novela es una invitación a leer su historia y reflexionar sobre una realidad silenciada durante demasiado tiempo.