
HISTORIA DE LA AVIACIÓN MILITAR ESPAÑOLA: DE LOS GLOBOS A LOS BOMBARDEOS
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En los años previos a la Guerra Civil Española, España ya mostraba un creciente interés por la aviación, combinando la fascinación científica con la estrategia militar. Aquellos aviones de tela y madera, nacidos hacía poco, prometían cambiar la forma de hacer la guerra.
Lo que comenzó como una modesta unidad de aerostación se transformó rápidamente en el embrión de una fuerza aérea que jugaría un papel crucial tanto en África como en la península ibérica.
El origen de la aviación militar española se sitúa en 1884, con la creación de la primera Unidad de Aerostación Militar, adscrita al Cuerpo de Ingenieros. Sus primeros miembros manejaban globos cautivos y dirigibles para la observación.
El verdadero avance llegó tras el vuelo de los hermanos Wright en 1903, en Estados Unidos, que marcó el inicio de la era aeronáutica moderna.
Ingenieros españoles, liderados por Pedro Vives Vich y Alfredo Kindelán, viajaron por Europa para conocer los nuevos aeroplanos y trasladar ese conocimiento a España.
El 2 de abril de 1910, una Real Orden estableció los Servicios de Aerostación, Aeronáutica y Aviación, dependientes del Ejército. Un año después, se inauguró el aeródromo de Cuatro Vientos en Madrid, junto con la Escuela de Aviación Militar, donde se formaron los primeros pilotos españoles.
En 1913, con la creación del Servicio de Aeronáutica Militar bajo el mando del coronel Pedro Vives, se institucionalizó un cuerpo que buscaba aprender de las potencias europeas en plena revolución tecnológica.
Ese mismo año, España protagonizó un hecho histórico.
En diciembre, los capitanes Barrón y Cifuentes, a bordo de un biplano Lohner, realizaron el primer bombardeo aéreo del mundo sobre posiciones rifeñas en Marruecos.
Esta acción marcó el inicio de la guerra moderna: el cielo se convertía en un campo de batalla.
Durante la Primera Guerra Mundial, España se mantuvo neutral, observando el desarrollo de la aviación en los países beligerantes.
En 1920 se creó el Arma de Aviación como rama independiente dentro del Ejército, lo que permitió una mayor especialización. La Armada, por su parte, fundó en 1923 la Aeronáutica Naval, equipada con hidroaviones para patrullas costeras.
La cooperación entre ambas ramas sería fundamental en las campañas africanas de los años siguientes.
La Aviación en el Conflicto del Rif
La aviación española tuvo su bautismo de fuego en el conflicto del Rif. Los aeroplanos, que operaban desde bases en Tetuán, Melilla o Larache, realizaron misiones de reconocimiento, transporte y bombardeo.
La derrota del Ejército español en Annual, en 1921, impulsó una reorganización urgente y el nacimiento de las Fuerzas Aéreas de Marruecos, bajo el mando del coronel Jorge Soriano.
Estas fuerzas perfeccionaron una técnica de combate conocida como el “vuelo a la española”, en la que los pilotos atacaban a baja altura y/o suministraban víveres a las posiciones sitiadas.
El desembarco de Alhucemas en 1925, considerado el primer gran operativo anfibio aéreo de la historia, contó con la participación de 162 aviones, entre bombarderos, hidroaviones y cazas de apoyo.
La victoria en Alhucemas consolidó el prestigio de la aviación española y demostró su capacidad estratégica en escenarios de guerra moderna.
Durante la dictadura de Primo de Rivera y la Segunda República, la aviación vivió un periodo de esplendor.
Los grandes raids internacionales, como el vuelo del hidroavión “Plus Ultra” comandado por Ramón Franco en 1926, llevaron el nombre de España a los cielos de América, África y Asia.
También se fundaron revistas especializadas, se adquirieron aparatos extranjeros como los Breguet XIX e impulsando la industria aeronáutica nacional.
Con la proclamación de la II República en 1931, el gobierno intentó modernizar las Fuerzas Armadas y unificar los servicios aéreos.
En 1933 se creó la Dirección General de Aeronáutica, símbolo de un país que miraba al futuro con esperanza. Sin embargo, las tensiones políticas y la falta de recursos frenaron muchos de esos proyectos.
Cuando estalló la Guerra Civil en 1936, la aviación española era un cuerpo dividido entre el Ejército de Tierra y la Marina.
Los cielos del país se llenaron de aviones alemanes, italianos, soviéticos y franceses.
España se convirtió en el laboratorio de la guerra aérea moderna, un preludio de los bombardeos que devastarían Europa en la Segunda Guerra Mundial.













