
El día que Trump mantuvo al mundo en vilo con sus amenazas apocalípticas sobre Irán
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El mundo contuvo la respiración ante la posibilidad de que el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cumpliera su amenaza de “matar una civilización entera” en Irán. La tensión era palpable, con algunas cadenas de televisión incluso mostrando cuentas regresivas en pantalla.
La incertidumbre ante las decisiones de Trump
La imprevisibilidad de Trump era bien conocida. A diferencia de otros líderes, parecía operar sin reglas fijas, lo que hacía difícil anticipar sus movimientos. Muchos analistas y observadores confiaban en que los equilibrios de poder y la propia condición humana moderarían sus acciones, pero Trump desafiaba constantemente estas expectativas.
Con el tiempo, se hizo evidente que Trump tenía una inclinación por los plazos de “dos semanas”, aunque estos pudieran extenderse indefinidamente. Además, a menudo no cumplía sus amenazas, especialmente en lo que respecta a negociaciones comerciales y ultimátums sobre aranceles. Esto le valió el apodo de “TACO” (Trump Always Chickens Out), un mote que detestaba.
El origen del apodo “TACO”
El término “TACO” surgió en mayo de 2025, cuando el columnista del Financial Times, Robert Armstrong, sugirió que los mercados habían llegado a la conclusión de que la administración estadounidense tenía una baja tolerancia al dolor económico y se retractaría rápidamente ante las consecuencias de sus políticas. La periodista de CNBC, Megan Cassella, confrontó a Trump con esta idea, lo que provocó una airada reacción del presidente.
A pesar de su enfado, la realidad es que Trump a menudo se excedía en sus declaraciones y luego buscaba una forma de retroceder y encontrar una salida a la situación. Después de llamar a los líderes iraníes “malditos bastardos” y predecir que pronto “vivirían en el infierno”, Trump los elogió días después como “una clase diferente, más inteligente y menos radicalizada”.
Un respiro temporal y la sombra del genocidio
En este caso, Trump dio marcha atrás durante dos semanas en sus amenazas apocalípticas, que implicaban la aniquilación de una “civilización”, lo que equivaldría a cometer un genocidio en Irán. Si bien fue un alivio que no llevara a cabo sus amenazas, el episodio puso de manifiesto su estilo de liderazgo y su caótica forma de negociar.
Mientras tanto, Washington DC vivió el día en que el presidente de Estados Unidos se disponía a cometer un genocidio con relativa calma, más allá de que fuera un tema de conversación recurrente. Apenas se convocó una manifestación frente a la Casa Blanca antes del anuncio de un alto el fuego por parte de Trump.
Reacciones y el temor a un conflicto prolongado
Numerosos congresistas demócratas expresaron públicamente su preocupación por la idoneidad de Trump para ocupar el Despacho Oval y la necesidad de desobedecer órdenes ilegales. Alexandria Ocasio-Cortez, congresista progresista de Nueva York, calificó la amenaza de Trump como un “amenaza de genocidio” y justificó su destitución del cargo.
La amenaza de un Trump fuera de control reflejaba su desesperación por encontrar una salida. El impacto de una guerra con Irán ya se estaba sintiendo en la economía estadounidense, con aumentos en los precios del combustible y las tasas hipotecarias. Los estadounidenses temían que un conflicto prolongado en Oriente Medio tuviera un impacto negativo en su situación económica personal.
Un conflicto prolongado podría elevar los precios del petróleo a niveles récord y sumir a la economía mundial en una recesión, según diversos análisis económicos.













