Los toros vuelven cuarenta años después a la Venta de Antequera… mientras Garzón sueña con ver al Papa en el Corpus

Los toros vuelven cuarenta años después a la Venta de Antequera… mientras Garzón sueña con ver al Papa en el Corpus
Imagen de archivo: https://www.abc.es/

Los toros vuelven cuarenta años después a la Venta de Antequera… mientras Garzón sueña con ver al Papa en el Corpus

Hay regresos que no necesitan presentación. Cuarenta años después, los toros han vuelto a la Real Venta de Antequera . Y con ellos, una liturgia que Sevilla guardaba en la memoria, esperando su momento.En Bellavista, el tiempo se detiene. El aficionado pasea entre corrales, se asoma al toro sin prisas, comenta en voz baja.

Y, entre medias, una cerveza o un vino al sol, una conversación tranquila, el murmullo de los que saben que están viviendo algo que no se repite todos los días. No es solo ver toros. Es convivir con ellos. Es recuperar una manera de entender la previa que en Sevilla siempre fue sagrada.La llegada este martes de la corrida de Ganadería de Alcurrucén abrió el regreso con un desembarque cargado de tensión.

Silencios largos, miradas pendientes y ese respeto que impone el toro cuando pisa terreno nuevo. Entre todos, un ensabanado rompía la armonía de un magnífico conjunto, imponiendo su presencia desde el primer instante.Este miércoles, la escena se ha completado con la llegada de los toros de Fuente Ymbro y los novillos de de Talavante , bien hechos, con cuajo, armónicos, de los que invitan a detenerse y mirar dos veces. El aficionado, veterano o joven, los observa como quien lee un prólogo. Porque aquí el toro se descubre antes de escribirse la historia.

Y con una garantía que refuerza el conjunto: todos han sido aprobados en el reconocimiento, tanto corridas como sobreros.«Aquí no gana Lances de Futuro. Aquí gana el toreo» José María GarzónJosé María Garzón , al frente de Lances de Futuro , recorre los corrales con la satisfacción de quien ve hecho realidad un proyecto duramente trabajado. «Esto es una maravilla… tener el toro en Sevilla, en la ciudad, y poder acercarlo a la gente así es algo único» , explica.La escena le emociona: «Desde que abrimos a las doce, la gente estaba esperando. Y entra feliz, disfrutando, viendo los animales… tomando algo aquí al sol con el toro al lado.

Eso es insuperable ». Y en esa idea insiste con claridad: «Esto es para el toreo. Aquí no gana Lances de Futuro. Aquí gana el toreo».Garzón no esconde que la apuesta tenía su riesgo: « Claro que es arriesgado, pero el riesgo lleva a una satisfacción especial.

El que venga aquí y lo vea, cambia de opinión seguro».Los toros vuelven cuarenta años después a la Venta de Antequera Manuel OlmedoTodavía con el pulso reciente de la Maestranza, recuerda el Domingo de Resurrección: «Lo del domingo fue algo que no se olvida. La plaza llena, el ambiente… y la presencia del Rey». La vuelta de don Juan Carlos dejó huella. « Son cosas que te marcan.

Sevilla vivió algo muy grande».Y desde esa misma ilusión, proyecta nuevas ideas: «Ojalá el Papa —que estará en España por esas fechas— venga a los toros en el Corpus. Sería algo histórico» , afirma, dejando ver entre sonrisas la dimensión de su ambición.Pero no se queda ahí. Garzón piensa también en el próximo domingo por la mañana, donde finalmente no habrá misa en el ruedo de la Maestranza: «Nos gustaría que ese día pudiera haber un tentadero, algo distinto, en el que toreen hijos de ganaderos. Sería bonito, algo muy nuestro».

Una propuesta que encaja con ese afán de acercar el campo bravo al público.Y sobre la tradicional misa que la nueva empresa celebra en sus plazas, deja abierta otra posibilidad: «Por cuestiones logísticas no se ha podido hacer ahora en abril, pero no descartamos que pueda celebrarse en septiembre, para San Miguel».Manuel OlmedoLa emoción de volverPara Daniel de la Fuente , la escena tiene un valor que trasciende el presente. «Es una alegría muy grande. Esto es el comienzo de muchos años, si Dios quiere», afirma el gerente de las instalaciones, con la emoción contenida de quien sabe que no solo se ha recuperado una tradición, sino una forma de sentirla.A su lado, su esposa, la propietaria Lola Rojas , revive el pasado con emoción: «He recordado mucho a mis antepasados… la última corrida la vi aquí recién casada. Volver a ver esto es una sensación maravillosa ».

Y añade, mirando a los corrales: «Cualquiera que venga va a sentir algo especial. Ver el toro tan cerca, vivirlo así, ver los diferentes encastes… eso es único». También subraya la emoción del propio desembarque: «Ver bajar los toros, cómo se colocan… es precioso».El toro, con respetoEl manejo del ganado recae en la experiencia del afamado mayoral Florencio Fernández ‘Florito’ , que vive el encargo con intensidad. «Yo vine aquí con mucha ilusión desde el primer momento», explica.Su mensaje es claro: «Aquí el toro no va a sufrir.

Aquí el toro se va a ver bien, como ha sido toda la vida». Y añade una clave fundamental: «Esto es una forma de enseñar a los chavales el toro en su entorno. Así es como se hacen los aficionados».Ante quienes hablan de riesgo, responde con naturalidad: «En todos los sitios hay riesgo, pero haciendo las cosas con cariño y con cabeza, todo sale bien o casi todo bien».Una antesala real de la plazaLa Venta funciona como un engranaje perfectamente conectado con la Maestranza. Las corridas permanecen en los corrales durante los días previos, pero con una norma clara: cada encierro abandona el recinto la misma mañana de su lidia para someterse al segundo reconocimiento y al sorteo en el coso del Baratillo.

Un tránsito que convierte este espacio en la verdadera antesala de la plaza.Mientras tanto, seguirán pasando por Bellavista ganaderías de primer nivel — El Capea, Matilla, Núñez del Cuvillo, Juan Pedro Domecq, La Quinta y Miura — en un desfile continuo que mantiene viva la atención del aficionado.Donde todo empiezaHay algo que solo se entiende estando allí. En ese silencio compartido entre el toro y el aficionado. En ese instante previo en el que todo está por suceder.Tras los cristales, el toro permanece ajeno mientras el aficionado lo observa, lo mide, lo estudia. Cada uno elige su toro.

Cada uno guarda su apuesta. Y horas después, la plaza dirá la verdad.Sevilla ha recuperado una tradición. Pero, sobre todo, ha recuperado una forma de sentir el toreo. Y eso, en una ciudad que vive de símbolos, no es poca cosa.