Lethal Crysis se adentra en Chernóbil y desvela el futuro incierto de la central nuclear

Lethal Crysis se adentra en Chernóbil y desvela el futuro incierto de la central nuclear
Imagen de archivo: https://www.cope.es/

Lethal Crysis se adentra en Chernóbil y desvela el futuro incierto de la central nuclear

A pocos días de que se cumplan 40 años del desastre de Chernóbil, el documentalista y colaborador de ‘La Tarde’ de COPE, Lethal Crysis, ha compartido su experiencia tras visitar la zona de exclusión y adentrarse en la propia central nuclear. 

Durante una entrevista con Pilar García Muñiz, ha desvelado cómo es hoy el lugar donde ocurrió una de las mayores catástrofes medioambientales de la historia, un espacio que, lejos de estar abandonado, sigue lleno de actividad y de retos futuros.

Lethal Crysis ha explicado que pasear por Pripyat es una experiencia que va más allá de recorrer una ciudad fantasma. Para él, lo más impactante es el contexto histórico: “es un evento histórico icónico que todos tenemos en mente, que todos hemos visto en series, en películas”. 

Según el documentalista, los restos del desastre, como las máscaras de gas abandonadas, “te van poniendo en situación, más o menos, de lo que pudo haber sido vivir aquello”.

Contrario a la creencia popular, en 2019, cuando realizó su visita, no se necesitaba un permiso especial del gobierno ucraniano para acceder. “Se contrataba un tour que valía 150 o 200 dólares”, ha señalado Lethal Crysis, explicando que existían opciones de uno o dos días, dependiendo de si se quería entrar o no a la central. Actualmente, debido a la guerra, desconoce si estos servicios turísticos siguen operativos.

El documentalista ha hecho un fuerte hincapié en la actitud con la que se debe afrontar esta visita.

A pesar de que funcione como un tour, ha matizado que no es un lugar para tomarse a la ligera. “Hay que entender que tampoco uno va allí a hacer el tonto o a pasárselo bien, ¿no? Yo así lo veo, vaya. Puedes ir y visitar, pero yo creo que con respeto, ¿no?

Pues, como cuando estás en Auschwitz”, ha comparado.

Equipados con un medidor de radiación, descrito por Lethal Crysis como “un rectángulo amarillo con pantallita” similar a una Game Boy, los visitantes deben seguir normas estrictas, como no tocar nada. 

Ha explicado que la radiación no es uniforme, sino que se concentra en “puntos calientes”. “Hay como objetos concretos, la tapa de la alcantarilla de aquí, o el marco de la ventana de este lugar”, donde el medidor “se disparaba a las nubes”, pero a un metro de distancia los niveles volvían a la normalidad.

En lugar de miedo, Lethal Crysis ha confesado que sintió emoción y un gran interés por “poder estar allí, el filmarlo todo”. Su tranquilidad se basaba en una lógica simple: la presencia de trabajadores en la central. “Si hay gente que trabaja diariamente en la central, pues no va a pasar nada, porque yo vaya un día”, ha razonado, subrayando que el complejo requiere mantenimiento constante, lo que implica una actividad humana diaria y controlada.

Una de las construcciones más imponentes es el nuevo sarcófago, una cúpula gris que cubre el reactor 4 para evitar fugas.

Sin embargo, Lethal Crysis ha lanzado una advertencia sobre su futuro. “Eso tenía una fecha de caducidad. No sé si era para 100 años”, ha comentado, planteando que el gran reto de las próximas décadas será decidir qué hacer con la estructura, ya que su vida útil es limitada.

Uno de los momentos más impactantes de su visita fue la entrada a la sala de control del reactor 3, gemela de la que gestionaba el reactor que explotó. Dado que el acceso al área del reactor 4 está completamente prohibido por los altos niveles de radiación, esta sala ofrece la visión más cercana posible al epicentro del desastre.

“Es lo más cerca que puedes estar, de estar en ese mismo lugar en donde ocurrió”, ha afirmado.

El documentalista también ha tenido un recuerdo para los liquidadores, los héroes que trabajaron para contener el desastre en 1986. Ha destacado que estas personas “dieron su vida por la de los otros”, enfrentándose a un enemigo invisible y desconocido. En aquella época, no eran conscientes de la letalidad de la radiación que, según sus palabras, “te destruye por dentro incluso el ADN”.

Casi 40 años después, el legado de Chernóbil se mide en el silencio de Pripyat, en las vidas truncadas y en una lección que el mundo todavía intenta no olvidar. La visita de Lethal Crysis ha permitido poner de nuevo el foco en una herida que sigue abierta y cuyo futuro, como el de su sarcófago, todavía se está escribiendo.