
EL SUEÑO Y EL PASO DEL TIEMPO
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Salir hacia el Rocío en tractor, acompañar en moto o ser costalero de un paso de palio en una procesión en Granada… Son recuerdos que evocan aquellos tiempos en los que el sueño llegaba fácil y profundo. Ahora, la realidad es distinta.
Atrás quedaron esos días en que despertar antes del mediodía era impensable. Las madrugadas se apuraban sin remordimientos, y ninguna preocupación perturbaba el descanso nocturno.
Unas pocas horas de sueño eran suficientes para saltar de la cama con energía, listo para conquistar el mundo, disfrutar de unas cervezas sin que afectaran el habla, y entablar conversaciones con desconocidos en lugares insólitos.
El cambio inevitable
Hoy, tras solo dos copas de vino, ya se siente el efecto del alcohol. Al acostarse, se acomoda la almohada con meticulosidad, se visita el baño dos veces, una botella de agua espera en la mesita de noche, y la radio se enciende con la esperanza de conciliar el sueño y silenciar las inquietudes y la agenda del día siguiente. La imagen se completa con la nostalgia de una camiseta de tirantes blanca y calada y una escupidera bajo la cama, una reminiscencia de la figura del abuelo.
El sueño, o la falta de él, se convierte en un indicador del paso del tiempo. Observar a los hijos dormir, sumidos en un sueño profundo y reparador tras una tarde de juegos, despierta una sana envidia.
Arropados y ajenos a las preocupaciones, habitan mundos oníricos indescifrables.
Recuerdos de un pasado despreocupado
En la memoria, se agolpan recuerdos de siestas improvisadas entre dos sillas, en el asiento del copiloto, en sacos de dormir, en camas ajenas, en el sofá de amigos. Incluso, un portal en Córdoba fue testigo de un sueño profundo tras una noche de fiesta. Festivales que culminaban en días enteros de sueño reparador, siestas de tres horas en playas, piscinas, jardines y hamacas.
Ahora, el despertar llega con el alba. Y con él, la lista interminable de tareas pendientes: hacer la compra, entregar trabajos, firmar autorizaciones escolares, revisar la ITV de la moto, regar las plantas.
La vida se convierte en una balanza donde se ganan kilos y se pierde sueño.













