
Descubren en Cartagena técnica pictórica romana desconocida en la península ibérica
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Un equipo multidisciplinario de la Universidad de Córdoba (UCO), en colaboración con arqueólogos de la Universidad de Murcia, ha revelado un antiguo secreto oculto en las paredes de una domus romana en Carthago Nova, la actual Cartagena. El hallazgo presenta una técnica pictórica avanzada, previamente desconocida en la península ibérica, que combinaba estética, durabilidad y una optimización de recursos.
Un descubrimiento que reescribe la historia de los artesanos romanos
El descubrimiento se centra en el uso del color rojo, uno de los más apreciados y a la vez problemáticos en la antigüedad. Según el catedrático Rafael Ruiz Arrebola, del departamento de Química Orgánica de la UCO, el hallazgo se produjo durante el análisis químico de pinturas murales que, a primera vista, no parecían inusuales.
El equipo de investigación, con años de experiencia en el estudio de la pintura mural romana, notó que las paredes de una de las estancias más importantes de la villa estaban pintadas de un intenso color rojo. Los análisis revelaron que este rojo se aplicó sobre una capa de pigmento amarillo, un hecho inusual.
Sin embargo, la sorpresa llegó al analizar la composición del propio color rojo.
La capa pictórica no estaba compuesta por un único pigmento, sino por una mezcla de cinabrio y hematita (un óxido de hierro). El cinabrio, conocido en la época como el “oro rojo”, era el pigmento más caro y valorado del Imperio romano. Ruiz Arrebola explicó que la combinación de un fondo amarillo con la mezcla de cinabrio y hematita representaba una técnica “única en Hispania y prácticamente única en el Imperio romano”.
La solución romana al problema del cinabrio
El principal inconveniente del cinabrio, además de su elevado precio, era su fotosensibilidad. La exposición a la luz, y especialmente el contacto con la cal de los muros, provocaba una transformación química que lo ennegrecía.
Los artesanos romanos, mediante ensayo y error, encontraron una solución ingeniosa: aplicar una capa previa de ocre amarillo (goethita) sobre el blanco de la cal. Esta capa actuaba como escudo, protegiendo el cinabrio de la causticidad del muro y evitando su degradación.
La mezcla con hematita, un pigmento rojo más económico, plantea varias hipótesis. La más plausible, según los investigadores, es que esta mezcla ayudaba a preservar el cinabrio y a retrasar aún más su oscurecimiento, sin que el ojo humano notara una pérdida de intensidad en el color. Aunque no se descarta una motivación económica, parece poco probable, dado que la vivienda pertenecía a una familia adinerada.
Otra teoría apunta a una posible práctica deshonesta por parte del artesano, que podría haber engañado al propietario para reducir costes.
Un precedente lejano y la comunicación entre talleres
Esta técnica cuenta con un único precedente conocido en el mundo romano: unas pinturas en Éfeso (actual Turquía), aunque posteriores a las de Cartagena. Este paralelismo sugiere una “comunicación muy buena entre los diferentes talleres de artesanos que había a lo largo del Mediterráneo”, según el catedrático. Los talleres viajaban y compartían conocimientos de forma fluida.
Se sabe que en Cartagena trabajaban talleres de pintores llegados desde Italia para decorar las casas de las familias más poderosas. El hallazgo demuestra que existía un “tránsito de información muy relevante en aquella época, teniendo en cuenta que todo funcionaba por el boca a boca”, lo que confirma que los artesanos romanos eran profesionales con un profundo conocimiento práctico de su oficio.
Tecnología avanzada para desvelar un secreto antiguo
El uso de tecnología analítica avanzada ha sido fundamental para revelar esta técnica.
La espectroscopia Raman permitió identificar la composición química de los pigmentos, confirmando la presencia de cinabrio y óxido de hierro. La microscopía electrónica de barrido proporcionó la información más valiosa.
Esta técnica permite estudiar la pintura por estratos de apenas unas micras de grosor. Al realizar un mapeo de los elementos químicos, los científicos pudieron observar “cómo se van superponiendo las diferentes capas de pigmento”, identificando la capa de óxido de hierro amarillo sobre la cal y, encima, la mezcla final de cinabrio y óxido de hierro, reconstruyendo el proceso capa a capa.
Este descubrimiento, aunque no cambia por completo la visión del arte romano, “supone un avance muy importante sobre el conocimiento que tenían en esa época los artesanos romanos”. Demuestra cómo, sin conocimientos de química formal, aplicaban soluciones complejas para proteger los materiales de reacciones adversas.
La capa amarilla no buscaba un efecto estético, sino que era una solución funcional y tecnológica para preservar la integridad del “oro rojo”.













