
Un jabalí, un accidente… y sin cobertura: ¿Qué hacer en caso de accidente?
La imagen de un jabalí en el monte ha dado paso a una nueva realidad en Cantabria: su presencia es cada vez más frecuente en zonas semiurbanas y cercanas a viviendas. Este fenómeno, que ha pasado de ser una anécdota a un problema recurrente, tiene en Ribamontán al Mar su ejemplo más visible, pero la situación se extiende por toda la comunidad autónoma, generando incertidumbre entre los vecinos y preocupación en las administraciones.
Los testimonios de los residentes describen una situación que ha cambiado por completo la percepción del entorno. Ya no se trata de avistamientos a distancia, sino de encuentros a escasos metros de las casas, en caminos transitados a diario. Esta proximidad genera una sensación de inseguridad y la certeza de que la presencia de estos animales se ha convertido en algo habitual.
La situación se vuelve especialmente grave en la carretera, donde los encuentros fortuitos se traducen en accidentes.
Los datos oficiales reflejan esta tendencia, con cerca de 400 siniestros con animales registrados en Cantabria durante el último año, siendo el jabalí el principal implicado. La imprevisibilidad de estos accidentes, que a menudo ocurren de noche o en tramos con poca visibilidad, supone un riesgo directo para la integridad de las personas y ha hecho saltar todas las alarmas.
Ante la magnitud del problema, el Gobierno de Cantabria, a través de la Consejería de Desarrollo Rural, ha propuesto declarar la emergencia cinegética temporal en varios municipios. Esta medida afectaría a localidades como Ribamontán al Mar, Cabezón de Liébana, Vega de Liébana, Pesaguero o Val de San Vicente, donde la población de jabalíes ha crecido de forma notable.
Esta declaración es una herramienta de gestión que permite adoptar medidas extraordinarias de control poblacional en momentos puntuales. El objetivo es intervenir cuando el aprovechamiento cinegético ordinario resulta insuficiente para contener la expansión de la especie y, con ello, reducir los riesgos asociados tanto en carreteras como a nivel sanitario.
En medio de este escenario, el alcalde de Ribamontán al Mar, Francisco Asón, ha aclarado que la capacidad de intervención directa no recae en los ayuntamientos.
Según ha explicado, las decisiones dependen de la administración regional: “No es una competencia directa del Ayuntamiento”. Por tanto, cualquier actuación debe ser coordinada por los agentes especializados de la Consejería.
La preocupación no se limita a los accidentes de tráfico. Los expertos advierten de que el jabalí actúa como reservorio de enfermedades como la tuberculosis, la peste porcina africana o la enfermedad de Aujeszky. Estos patógenos representan una amenaza para el sector ganadero y la salud pública, lo que añade una dimensión sanitaria al problema que debe ser abordada con criterios técnicos.
A estos riesgos se suma el impacto económico que sufren los ciudadanos.
Un accidente con un jabalí puede ocasionar graves daños en un vehículo, y no todas las pólizas de seguro cubren estos incidentes. Para estar protegido, es necesario contratar una garantía específica de animales cinegéticos, un detalle que muchos conductores desconocen y que puede suponer un elevado coste de reparación.
Este cambio de escenario, impulsado por la gran capacidad de adaptación del jabalí, obliga a buscar soluciones. Mientras las administraciones trabajan en medidas de control para minimizar los riesgos, a nivel individual es fundamental extremar la precaución al volante y revisar las coberturas del seguro. El problema ya no es una hipótesis de futuro, sino una realidad que, como en Ribamontán al Mar, ya está a la puerta de casa.













