Ni zorras ni santas: hartas

Ni zorras ni santas: hartas
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Ni zorras ni santas: hartas

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Siglos de lucha feminista nos advierten para no repetir el error de siempre: enfocarnos en las respuestas y acciones de las mujeres en lugar de analizar la raíz de su malestar. ¿Cómo es posible que, al analizar la situación heteropesimista que vivimos muchas mujeres, los hombres responsables salgan indemnes? Este debería ser el centro del debate.

El feminismo y la autonomía sobre el cuerpo

Es crucial aclarar que el feminismo no se trata de una competencia por ver quién tiene más amantes, sino de la autonomía radical sobre nuestros cuerpos. Esto abarca desde disfrutar de una vida sexual amplia y variada hasta optar por la selectividad o la abstinencia temporal, sin comprometer el posicionamiento feminista.

Críticas al heteropesimismo y al celibato voluntario femenino

Recientemente, un artículo criticaba el heteropesimismo y el celibato voluntario femenino. Si bien se comparten algunos matices teóricos, es difícil aceptar la idea de crear un feminismo “de cátedra” que juzgue las decisiones íntimas y sexuales de otras feministas. Señalar a compañeras por sus elecciones sexuales, como si una mujer que decide no vincularse sexo-afectivamente con hombres traicionara una causa común, resulta paradójico.

¿Hemos llegado hasta aquí para esto?

Cuestionar las decisiones de las mujeres sobre su cuerpo, su deseo o su forma de relacionarse es un error. El verdadero problema radica en que muchos hombres siguen relacionándose de manera deshonesta, superficial e instrumental. Esto genera un malestar difícil de ignorar para las mujeres que buscan un vínculo más profundo.

Hastío y promesas vacías

Al hablar con amigas heterosexuales sobre sus vidas amorosas, el cansancio es un denominador común. Las historias se repiten: hombres que prometen un vínculo profundo y real, pero que cambian de parecer tras algunos encuentros sexuales. Las excusas se vuelven difusas, contradictorias y ambiguas. Las promesas de amor se desvanecen, especialmente cuando la relación requiere mayor compromiso.

Por ello, no sorprende que muchas mujeres estén hartas de estas dinámicas y eviten vínculos con hombres que probablemente las decepcionarán.

¿Es más feminista forzarse a encuentros vacíos?

¿Sería más feminista obligarse a tener encuentros sexuales vacíos por miedo a parecer “puritana”, en lugar de decidir que no interesa en ese momento? Se ha aprendido que está mal llamar “guarra” a una mujer por su vida sexual, pero insinuar que si no apetece sexo casual se está cerca de la Sección Femenina no parece estar tan mal. Ambos extremos buscan controlar la sexualidad femenina.

La brecha orgásmica es real. Mientras que el 90-95% de los hombres alcanzan el orgasmo en encuentros casuales, solo entre el 30-39% de las mujeres lo hace. Esto puede indicar que ellos se centran más en su placer que en el de la otra persona. Ignorar estas dinámicas y tratarlas con condescendencia no ayuda.

El celibato voluntario femenino: ¿una retirada política?

Es erróneo interpretar el celibato voluntario femenino como una “retirada política” o una incapacidad para comprender la violencia de género. La pertenencia al movimiento feminista no depende de la práctica sexual o de la relación con hombres. Una mujer lesbiana o asexual puede apoyar a las víctimas de la violencia machista y comprender las dinámicas de poder en una relación. La conciencia política, no la acumulación de experiencias traumáticas, es lo que permite entender la violencia de género.

Tampoco es honesto crear una falsa dicotomía entre celibato y sexo casual, ni una alianza inexistente entre el heteropesimismo y la pareja como la panacea para la seguridad de las mujeres. Al alejarse de vínculos superficiales con hombres, las mujeres refuerzan su autonomía y derecho a decidir sobre su disponibilidad. Usar el miedo al puritanismo para obligarlas a estar sexualmente disponibles es igualmente problemático.

No se puede obligar a todas las mujeres a sentirse cómodas en relaciones sin vínculo o encuentros fugaces. Muchas no encuentran el empoderamiento feminista en la vinculación sexual esporádica con hombres. Ceder a vincularse superficialmente con chicos que no las valoran más allá de eso puede ser una traición a sus propios valores feministas.

Hartas: la exigencia feminista

El término “celibato voluntario femenino” puede generar rechazo, pero la realidad es que muchas mujeres están hartas y cansadas de dinámicas superficiales y deciden retirarse temporalmente como parte de su autocuidado. No es una renuncia a la sexualidad, sino a con quién se decide compartirla. Calificar esta acción de “poco feminista” es arriesgado. El feminismo no es una obligación de consumo sexual.

La exigencia feminista reside en no conformarse con hombres que ven a las mujeres simplemente como compañeras sexuales. No se trata de someterse a imposiciones que hacen sentir vacías. Crear una escala moral feminista en torno al deseo es contradictorio. Las parejas, los amantes, los encuentros sexuales y los tipos de vínculos que se eligen libremente no son un termómetro ideológico y feminista.

El foco debe estar en analizar críticamente cómo se configuran muchos vínculos heterosexuales, marcados por la superficialidad, la falta de honestidad emocional y la cosificación. No se debe interrogar a las mujeres por qué se retiran, desconfían o no participan de la dinámica. Sencillamente, porque no quieren.

El celibato voluntario femenino no es la solución

Ninguna respuesta individual ante un problema estructural será la solución. El celibato voluntario femenino no es la solución, pero tampoco pretende serlo. Es una respuesta orgánica para proteger la salud mental y el bienestar. Se busca ser dueñas del tiempo, la energía y los vínculos que se deciden crear, incluso si eso implica tomarse un descanso de hombres que no saben lo que es la responsabilidad afectiva. Ante esto, ni zorras ni santas. Hartas.