
El barrio de Veldeacederas es el que más promociones inmobiliarias tiene en marcha en el distrito de Tetuán. El precio del metro cuadrado no para de crecer y desembarcan colivings de lujo mientras que los vecinos se quejan de lo complicado que es vivir entre escombros, ruidos, polvo y calles cortadas. El último problema al que se enfrentan son las ratas, que parecen estar moviéndose de un lado a otro con motivo de las obras
Asociaciones de Tetuán cuentan solares para explicar al Ayuntamiento de Madrid que no hay sitio para construir más
B. G.
(por sus iniciales, ha preferido aparecer así en el artículo) vive en un tercer piso de un moderno bloque de pisos en la calle de los Voluntarios catalanes, situada el barrio de Valdeacederas. En los últimos días ha tenido que compartir piso, muy a su pesar, con un inquilino inesperado que se ha hecho fuerte en su cocina: una rata.
Después del susto, el vecino de Tetuán decidió ponerse en contacto con el servicio que el Ayuntamiento de Madrid tiene habilitado para estos menesteres (se pueden tramitar online las incidencias relacionadas con ratas a través Departamento de Control de Vectores).
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Montonera de escombro en medio de la calle
En el momento de redactar este artículo han pasado ya más de cinco días y el Ayuntamiento no se ha presentado en su casa ni se ha puesto en comunicación con él.
El silencio se produce a pesar de que la Administración advierte en su página de la gravedad que puede revestir la presencia del animal:
“La presencia de ratas en interiores de viviendas, locales, etc. se considera inaceptable en términos de salud pública, prevención de daños y calidad de vida. En este tipo de entornos se aplica siempre el principio de tolerancia o umbral de plaga cero”, afirma la web del Ayuntamiento de Madrid en una página con el efusivo título “¿Ratas en casa?, ¡No gracias!, o cómo evitar su acceso a edificaciones”.
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Rascacielos de lujo en el Paseo de la Dirección junto con el Canal Bajo de Isabel II en mal estado de conservación
Entre tanto, el vecino se puso manos a la obra para tratar de poner remedio él mismo al problema.
Por un lado, su casero contactó a las dos empresas de control de plagas que hay en las cercanías de su vivienda para comprobar que se encuentran saturadas. Por otro, él mismo se dio una vuelta por los comercios del barrio, percatándose de que en los bazares de los alrededores abundan todo tipo de productos para la eliminación de roedores. Todo parecía indicar que el suyo no era un problema aislado en la barriada.
De repente, B.
G. conectó su peripecia de esos días con el resto de cosas que sucedían alrededor. Obras por todos lados, calles permanentemente levantadas y cubos rebosantes de basura. Su rata es un náufrago más de un barrio en cambio.
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Casas bajas en peligro de extición
Valdeacederas es, desde hace algún tiempo, una de las áreas de ciudad consolidada donde se está produciendo un cambio urbano más profundo. Andar por la calle de los Voluntarios catalanes, que parte de la plaza de la Remonta (la más importante del distrito), es como caminar por una zona de guerra. A un lado y a otro se aparecen bocacalles repletas de solares, camiones con el emblema de empresas de derribos, andamios encajados en espacios minúsculos, ventanas tapiadas, solares en los que nacen amapolas de entre los azulejos de lo que fue una cocina, cables eléctricos colgados de postes que hasta hace poco se sujetaban en una fachada…
Las antiguas casas bajas encaladas en blanco y con cubierta de teja, otrora características del barrio, van cayendo y en su lugar crecen edificios con miradores, en los tonos blanco y negro que ahora llaman cebra. Los edificios austeros de los años setenta permanecen en su sitio, componiendo un desigual mosaico inmobiliario que no se estudiará en las escuelas de arquitectura.
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Pintada que refleja la conversión de bajos en viviendas turísticas
Antonio Granero es presidente de la Asociación de Vecinos de Cuatro Caminos-Tetuán y explica que las quejas de los vecinos por las obras constantes en la barriada no son nuevas. “Se podía prever que aparecieran ratas, hay un cogollito de calles entre Voluntarios catalanes, Genciana, Ana María y otras del lado izquierdo de Capitán Blanco Aribay donde es un no parar de hacer casas”, explica.
Granero conoce personalmente otro caso de una persona que habita un cuarto piso y tuvo ratones cuando empezó a construirse un edificio junto a su casa. “Puede ser por eso o ser una casualidad, pero desde luego estaban las obras”.
Incide, de todas maneras, en que la mayoría de las quejas que han recibido como asociación tienen que ver con el polvo, el ruido o los cortes continuos e inesperados de calles.
Una de las personas que se puso en contacto con ellos fue Cristina. Es vecina de Valdeacederas desde hace más de quince años, aunque probablemente tenga que irse porque su casero, a la vista del auge del barrio, ha decidido vender. “Siempre ha habido muchas ratas, te las encuentras por las noches donde están los contenedores de basuras.
Probablemente, con tantas obras estén saliendo y subiendo a las casas”, explica.
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El firme del barrio está permanentemente agrietado
La vecina da cuenta de otras molestias asociadas al estado constante de obras en las calles de Valdeacederas. Hay tantas que en algunos trayectos tiene que ir por la calzada porque coinciden promociones en los dos lados de la calle. Un paseo por la zona permite constatarlo.
En la calle de la Guzmanía un camión de obra bloquea el camino durante rato; en la parte baja de Azucenas los cascotes de la acera levantada se amontonan en una esquina; hay bidones obstaculizando el paso en Cantueso, casetas de obra por doquier…De resultas de ello, el asfalto de Veldeacederas está constantemente agrietado.
Pero Cristina también alude al después de las obras. “Está viniendo tanta gente a vivir al barrio que el otro día iba a trabajar a la hora de siempre y éramos tantos que apenas se podía cruzar el semáforo”, explica. Valdeacederas es, como la mayoría de las calles al oeste de Bravo Murillo, heredero del urbanismo espontáneo del arrabal que fue. Las calles son estrechas y fueron pensadas para albergar casas bajas o de pocas alturas, por lo que el repentino estiramiento de su caserío obliga a repartir un espacio escaso de partida.
Sobre ello, han reparado las asociaciones vecinales últimamente. El avance del Plan Estratégico Municipal de Madrid (PEM), que sustituirá en el futuro al Plan General de Ordenación Urbana (PGOUM) de 1997, nombra distritos consolidados como Tetuán entre los que son susceptibles de aumentar su parque de viviendas. Las asociaciones del barrio han puesto de manifiesto que Tetuán es ya uno de los distritos más poblados de la ciduad. “La población crece, pero los servicios no, se quedan como están y hasta se reducen, no veas cómo están los ambulatorios de la zona”, se queja Cristina.
El borrón y cuenta nueva en las calles de Valdeacederas se está produciendo, en este caso, por las dinámicas del mercado inmobiliario y no propiciado por un plan de reforma interior planificado por la administración, como ha sucedido en otras partes de Tetuán. A Cristina le molesta también la pérdida incontrolada de patrimonio que está acarreando. “Soy esa persona que siempre está protestando porque está desapareciendo el paisaje de casitas bajas, han tirado un edificio neomudéjar o se han cargado su fachada”, dice con pesar.
La calle de los Voluntarios Catalanes desemboca en las torres Skyline del Paseo de la Dirección.
La aparición de los gigantes de lujo ha marcado un antes y un después en los titulares de la prensa económica en relación con Tetuán y Valdeacederas. Un vistazo a las noticias de los dos últimos años arroja expresiones optimistas para el sector de la construcción como “el barrio que enamora a los ricos”, “barrio de moda”, “barrio estratégico”, “boom”, “explosión” …Muchas de ellas llevan cosidas, como se ve, la palabra barrio, aunque paradójicamente no faltan voces que señalan que el proceso se está llevando por delante las características de lo que solía ser la vecindad.
El precio de la vivienda en el distrito de Tetuán está en su techo histórico según la página especializada Idealista. Los 5.980 €/m2 lo sitúan en la media de la ciudad, con una subida de un + 15,8 % en el último año para compra; y en 22,9 €/m2 para alquiler (con una subida anual del 7,3%).
Los precios de Valdeacederas y Ventilla-Almenara son aún más bajos que la media del distrito. Sin embargo, a diferencia que el vecino barrio de La Ventilla, la subida anual de los precios de compraventa en Valdeacederas ha sido de más de un 20%. Es el barrio al oeste de Tetuán donde más se contruye y más están subiendo los precios en compraventas. Algunas consultoras solían utilizar la densidad del mar de grúas para medir la vitalidad del sector de la construcción, especialmente antes de la última crisis inmobiliaria.
Un paseo por el barrio de Valdeacederas es, actualmente, un camino jalonado de plumas metálicas sobre los tejados de sus calles.
Los distintos vecinos con los que hemos hablado para redactar este artículo insisten en la suciedad constante de las calles. B. G.
señalaba el permanente estado de suciedad de los contenedores de basura que hay en la calle de los Voluntario Catalanes, junto a la plaza de la Remonta. Otros, hablan de los de la calle del Arándano. Todos inciden en la insuficiente recogida de unos contenedores que permanecen todo el día en el exterior porque muchas de las casas de la barriada no tienen cubos individuales.
Se preguntan cómo es posible que proliferen narrativas comerciales destinadas a personas de rentas altas a la vez que el barrio se encuentra tan abandonado.
El pasado mes de octubre abrió sus puertas un edificio de co-living en la calle Ana María enfocado a nómadas digitales, con habitaciones que cuestan entre los 900 y los 1600 euros. Los anuncios inmobiliarios inciden, eso sí, en las conexiones del barrio con las zonas de negocios en las Cinco Torres o la Castellana, y rara vez mencionan los nombres de Valdeacederas o Tetuán. Valdeacederas empieza a compartir con el resto de barrios del distrito el catálogo de síntomas de la gentrificación,. “Están comprando todos los locales y convirtiéndolos en apartamentos turísticos, lo que es un desmadre y lleva a perder la vida de barrio, que había mucha en Valdeacederas”, lamenta Cristina.
Son los actos de la vida diaria los que, seguramente, más nos informan sobre los procesos de cambio urbano. La especulación masiva, la gentrificación o el vaciamiento por turistificación inciden en la cotidianidad porque nos dejan sin tiendas donde comprar comestibles o vecinos que nos recojan al niño de la escuela. Crean grietas en el tejido social que, a veces, dejan de ser metafóricas y ponen en peligro nuestros tobillos. Remueven la tierra bajo nuestros pies y, en el vaivén, corren peligro de verse desplazadas hasta las ratas.













