
PERITOS CUESTIONAN LA ACTUACIÓN DE LA GENERALITAT EN LA DANA DE 2024
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Dos peritos que analizaron las inundaciones de la dana del 29 de octubre de 2024, día en que fallecieron 230 personas, criticaron ante la jueza la actuación de la Generalitat Valenciana durante la catástrofe.
Rafael Armengot, doctor en Geografía y experto en predicción de la Aemet, comparó la situación con Catarroja en 1957, donde ante un posible desbordamiento del barranco del Poyo, se suspendieron clases y se alertó a la población con tiempo suficiente para evacuar. Según Armengot, en 2024 la actuación fue “mucho más torpe” en cuanto a la alerta a la población.
Alejandro Pérez Cueva, excatedrático de Geografía Física, coincidió con Armengot, señalando que sistemas de comunicación y observación anteriores, aunque más precarios, habían funcionado mejor.
Ambos peritos son coautores de un estudio clave sobre los volúmenes de precipitación en las subcuencas de la rambla del Poyo, publicado en la revista *Investigaciones Geográficas*, y están preparando nuevas investigaciones.
Armengot señaló que el día de la dana existían alertas e información en tiempo real provenientes de la Aemet y los medios de comunicación. Pérez Cueva añadió que el SAIH también enviaba información.
El estudio de los peritos detectó una primera fase de lluvias “menores” pero “muy cuantiosas”, capaces de generar la primera riada de la mañana, preparando el terreno para una segunda fase. A partir de las 15:30, se produjeron hasta 11 tornados y un sistema convectivo de lluvias torrenciales se focalizó entre Turís y Godelleta, donde se registraron 772 litros por metro cuadrado.
Un escenario de altísimo riesgo
Los barrancos de Gallego y Horteta se desbordaron antes que el del Poyo, según el estudio. Durante la fase crítica de la riada (entre las 16:00 y las 19:00), los mayores aportes de agua provenían de cuencas aguas abajo del aforo.
Armengot se refirió a la catedrática Ana Camarasa como la “mayor conocedora de la rambla del Poyo”, describiendo el fenómeno como una “flash flood de libro”. Pérez Cueva explicó que una “flash flood” es un frente de crecida donde el agua más lenta es “atropellada” por el agua de detrás, creando una ola peligrosa que puede dar la impresión de que se ha derrumbado una presa.
Armengot enfatizó que durante la fase de alerta roja “no se puede bajar la guardia”, especialmente cuando la predicción de Aemet indicaba que lo peor del episodio sería entre las tres y las seis de la tarde. Comparó la alerta roja con un semáforo en rojo que no se puede ignorar.
Se trataba de un “escenario de un altísimo riesgo” con una probabilidad altísima de desbordamiento con graves efectos debido a las lluvias torrenciales. La caída de las redes de telecomunicaciones también fue una “alarma” relevante.
Las “tres neuronas”
Pérez Cueva argumentó que para predecir estos eventos se necesitan “tres neuronas”: comprender los procesos hidrometeorológicos, conocer el territorio y tomar medidas políticas. Añadió que con las intensidades de lluvia registradas en la primera fase, se podía prever la riada.
Armengot destacó que la trayectoria de la dana, de suroeste a noroeste, y la “advección de la llegada de aire superficial” desde el Mediterráneo oriental, la hacían particularmente peligrosa. Esta circulación, que se organiza con días de antelación, difícilmente puede escapar a los modelos.
En poblaciones como Torrent, Picanya o Paiporta, apenas llovió, por lo que la alerta debía vincularse a lo que lloviera aguas arriba de la cuenca. El perito añadió que era “obvio y evidente” que la lluvia torrencial en la cuenca afectaría a poblaciones más abajo.
Armengot elogió a los técnicos del Centro de Coordinación de Emergencias de la Generalitat, pero Pérez Cueva advirtió que cuanto más se conozca el territorio, mejor se podrá interpretar lo que va a pasar con los procesos hidrometeorológicos.













