El último ganadero de Urdués: Un oficio en peligro de extinción

El último ganadero de Urdués: Un oficio en peligro de extinción
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El último ganadero de Urdués: Un oficio en peligro de extinción

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Alfredo es el último ganadero en Urdués, un pequeño pueblo en el corazón del Pirineo. En una entrevista reciente, Alfredo compartió las duras realidades de una profesión que define su vida, pero que enfrenta serias amenazas de supervivencia.

Una inversión inicial prohibitiva

Comenzar en el sector ganadero exige una inversión superior a los 250.000 euros, un obstáculo que dificulta el relevo generacional en el campo español. Alfredo explica que solo una vaca cuesta alrededor de 2.000 euros. Él mismo invirtió 100.000 euros al comprar cincuenta vacas a un vecino que se jubilaba.

A esto se suman los costos de la nave para el invierno, estimada en 80.000 euros, y el tractor, con un valor similar.

Esta elevada barrera de entrada explica por qué Alfredo es el único ganadero que queda en su pueblo. Recuerda que en su infancia había 8 o 9 ganaderos de vacas, además de los de ovejas. La jubilación de la mayoría y la falta de interés de sus hijos han dejado a Alfredo solo, una situación común en muchas zonas rurales.

Vocación frente a la comodidad

Alfredo no siempre se dedicó a la ganadería.

Estudió electromecánica de vehículos y trabajó en un taller, pero extrañaba el campo. “Esto lo tienes que mamar desde pequeño, te tiene que gustar y, sobre todo, es una forma de vida”, asegura. Considera que la sociedad actual busca un tipo de vida diferente, priorizando la comodidad y evitando trabajos duros, nocturnos o de fin de semana.

A pesar de las dificultades, Alfredo se siente afortunado. Reconoce que hay días complicados, pero disfruta de su trabajo y tiene la intención de seguir adelante.

“Si haces lo que te gusta, nunca tendrás que trabajar”, reflexiona. Aunque no se considera rico en términos económicos, sí lo es en calidad de vida: “La forma de vida, el entorno, en eso sí que me considero rico”.

Tecnología para facilitar el trabajo

Para hacer su trabajo más eficiente, Alfredo ha incorporado tecnología a su explotación. Utiliza drones para localizar al ganado en el monte, collares con GPS y está probando un sistema de cercado virtual que le permite delimitar las zonas de pasto desde su teléfono móvil. Este sistema emite sonidos o, si es necesario, un pequeño impulso eléctrico para guiar a las vacas, reemplazando a los pastores eléctricos tradicionales.

Críticas a la política y crisis del mercado

A pesar de su pasión y el uso de tecnología, Alfredo enfrenta problemas estructurales que amenazan su negocio.

Es crítico con la clase política: “La mayoría no conocen el mundo rural. Cuanto más arriba vas, menos lo conocen”. Cree que muchas leyes se hacen desde un despacho, sin entender las particularidades de cada zona. “No es lo mismo una ganadería aquí en el Pirineo de Huesca que en Extremadura”, afirma.

Esta opinión es compartida por organizaciones agrarias.

Juan José Álvarez, de Asaja, pide menos burocracia y una política fiscal que facilite el relevo generacional. Miguel Padilla, de COAG, considera la negociación de la próxima Política Agraria Común (PAC) como una “gran batalla”, criticando los recortes de fondos y la “competencia desleal” de las importaciones de terceros países.

A la crisis política se suma la del mercado. La economista Pilar García de la Granja ha denunciado que la industria está importando leche más barata de Francia y Portugal, firmando contratos a la baja con los ganaderos españoles con descuentos de hasta 9 céntimos por litro. Esta práctica contradice la Ley de la Cadena Alimentaria, que prohíbe vender por debajo de los costes de producción.

Esta situación genera una paradoja: mientras el precio en origen baja, el precio final al consumidor sube.

Según la OCU, el precio de la leche ha aumentado un 50% en los últimos dos años. García de la Granja advierte que este panorama, sumado a la burocracia y los impuestos, está “liquidando” un sector “absolutamente sacrificado”, como demuestra la experiencia de Alfredo.