
TRADICIÓN NABATERA REVIVE EN EL PIRINEO: PREPARATIVOS PARA LOS DESCENSOS
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Este fin de semana, Laspuña fue el escenario de una nueva jornada dedicada a la cultura nabatera, reuniendo a orillas del río Cinca a las asociaciones de nabateros de Sobrarbe, Hecho y la Galliguera. El principal objetivo: la torsión de los “verdugos” de sarga, un paso crucial en la construcción de las balsas que protagonizarán los esperados descensos de la temporada.
El arte de la torsión: un saber ancestral
Fran Fraguás, representante de la asociación de nabateros de la Galliguera, explica que el proceso es meticuloso y comienza mucho antes del encuentro. Los “verdugos” se cortan antes de febrero y se dejan secar a la sombra. “Luego se retuercen, abriendo las hebras para que se sequen, y finalmente se ponen a remojo,” detalla Fraguás.
Este método tradicional confiere a las cuerdas de sarga una resistencia y flexibilidad óptimas.
La confianza en la tradición es absoluta. Según Fraguás, estas sogas naturales superan en resistencia y flexibilidad a las cuerdas modernas. “Hemos tenido muchos problemas en el río, las nabatas se encallan en una piedra y las tienes una hora. Al final, las logras sacar mediante poleas y los nudos siguen aguantando,” afirma, resaltando la importancia de confiar en el conocimiento transmitido de generación en generación.
Patrimonio Inmaterial de la Humanidad
Esta práctica ancestral ha sido reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Este reconocimiento fue posible gracias a una candidatura conjunta presentada por asociaciones nabateras de diversos países, incluyendo Italia, Francia, Alemania, la República Checa y Finlandia, lo que subraya la relevancia internacional de este antiguo oficio.
Un oficio con historia y conciencia ecológica
El descenso de nabatas recrea un oficio que fue esencial en la historia, proveyendo madera para la construcción en las ciudades. Fraguás destaca que “las casas, las catedrales, los palacios de Huesca y Zaragoza se hicieron todos con madera de Pirineo”. La madera llegaba incluso a los astilleros reales de Tortosa, donde se construyeron barcos que participaron en batallas históricas como Trafalgar.
Además, se trata de un oficio respetuoso con la naturaleza, ya que la propia balsa es la madera transportada, lo que significa que “no ha dejado ningún residuo”. La importancia de esta industria fue tal que en Zaragoza, el conocido barrio del Gancho debe su nombre a los ‘gancheros’ que seleccionaban los troncos que llegaban por el río.
Próximos eventos y descensos
El montaje de las nabatas en el río tendrá lugar próximamente, en una jornada abierta al público.
El primer descenso de la temporada será el de los nabateros de la Galliguera, el domingo 26 de abril, desde la playa de Murillo de Gállego hasta Santa Aulalia. Le seguirán los compañeros de Hecho el 9 de mayo y los de Laspuña el 24 de mayo. Los descensos se convierten en una fiesta animada por gaiteros y grupos de folk en las orillas.
Las nabatas de la Galliguera estarán formadas por dos y tres ‘trampos’ (secciones), con 10 o 12 maderos cada uno. Su peso, de entre 2.500 y 3.500 kilos, les confiere una inercia crucial para navegar las curvas pronunciadas del río Gállego.













