JULIO BOCCA: EL ÍCONO DEL BALLET QUE SIGUE ILUMINANDO ESCENARIOS

JULIO BOCCA: EL ÍCONO DEL BALLET QUE SIGUE ILUMINANDO ESCENARIOS
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JULIO BOCCA: EL ÍCONO DEL BALLET QUE SIGUE ILUMINANDO ESCENARIOS

Foto: Archivo – Todos los derechos reservados

Casi cuarenta años han transcurrido desde la primera visita de Julio Bocca (Buenos Aires, 1967) a España. Dos años antes, había conquistado el concurso de Moscú, uno de los certámenes de danza más prestigiosos del mundo, y el legendario Mikhail Baryshnikov ya lo había acogido en el American Ballet Theatre. “Julio Bocca se metió en el bolsillo al público madrileño”, así tituló ABC la crónica de su debut en el Teatro de la Zarzuela. Y de ese bolsillo no saldría jamás; el público español lo vio bailar en innumerables ocasiones y lo adoptó como un artista propio.

Ese cariño y admiración permanecen intactos, como se evidenció en Málaga, donde el actual director del Ballet del Teatro Colón de Buenos Aires fue galardonado con el premio Lux Doctor – una suerte de “maestro que ilumina” – en el marco del primer festival Tip Toe de danza, organizado por el Teatro Soho Caixabank de Antonio Banderas y dirigido por Lucía Lacarra (quien debió cancelar sus presentaciones debido a una lesión).

Julio Bocca sigue mostrando timidez al hablar de sí mismo, esbozando una sonrisa entre la modestia y la satisfacción cuando lo elogian.

Su sueño era simplemente saludar al público desde el telón del Teatro Colón – un anhelo que concretó a los catorce años – y luego fue expandiendo sus metas hasta alcanzar la dirección del teatro donde se formó, uno de los coliseos más importantes del mundo.

“Llegar a este puesto nunca estuvo entre mis metas”, confiesa Bocca. “Es más bien un desafío, siento que el Colón debe estar entre las grandes compañías del mundo, que pueda viajar, que el público lo conozca, que tenga un nivel y un repertorio amplísimo. Quiero, con disciplina y el trabajo que ya hicieron mis predecesores, Maximiliano Guerra y Paloma Herrera, que vuelva a ser la compañía donde crecí y que creo que con los años se fue perdiendo”.

UN ANTES Y UN DESPUÉS EN LA DANZA ARGENTINA

Julio Bocca marcó un hito en la historia del ballet en Argentina, llegando a escenarios tan inusuales como el Luna Park y los estadios de Boca Juniors y River Plate. “Mi abuelo me llevó al estadio de Boca cuando yo tenía ocho años – ya había decidido ser bailarín – a ver un partido de fútbol y le pregunté: ‘¿Por qué no se hace ballet acá?’ No supo qué contestarme”.

Su popularidad fue tal que “no podía andar por la calle, me paraba todo el mundo”, y su despedida fue en plena avenida 9 de Julio (la arteria principal de Buenos Aires) ante trescientas mil personas.

“Fui consciente cuando dejé de bailar”, revela. “Por supuesto que estaba feliz y agradecido, que disfrutaba del escenario y de poder llenar el Luna Park o la cancha de Boca. Cuando me retiré empecé a verlo de manera más fría, y sé que es increíble haber logrado todo eso; pero lo importante es ver que se puede lograr y que sirva de ejemplo para los que vienen detrás, que sepan que requiere un esfuerzo y un trabajo, que no es algo que pasa porque sí. Hay que tener constancia y presencia; estar y estar y estar para que pase eso”.

LA DISCIPLINA Y EL SACRIFICIO: CLAVES DEL ÉXITO

De su esfuerzo dan fe las cicatrices de las once operaciones a las que se ha sometido a lo largo de los años.

“El dolor y el sacrificio son parte de esta carrera, pero yo la elegí, nadie me obligó a dedicarme a ella”.

¿Lo entienden así las nuevas generaciones? ¿Qué diferencias ve Julio Bocca con respecto a su propia generación? “No tienen esa locura de compromiso; o quizás la tienen, pero es diferente y no la llegan a transmitir, o nosotros a verlo. Yo no veo tanto disfrute en, por ejemplo, tomar la clase; ni veo comunicación.

A veces en los ensayos de los pasos a dos tienes que estar encima de ellos y decirles que se miren a los ojos. Y termina el ensayo y cada uno se va por su lado y mirando al móvil. Pero talento y preparación… ¡de eso hay muchísimo!

Para mi generación es difícil a veces llegar a ellos, que entiendan que lo que les pedimos no es una ocurrencia ni estamos locos, sino que es parte de la danza; una quinta es una quinta, ahora como antes, el ‘passé’ es el mismo desde hace años, no se lo inventó Julio Bocca. Y tratar de que lo sepan es importante. La danza, insisto, es esfuerzo, es dolor, son lesiones. Pero nadie te obliga a hacerlo.

Pero luego está la otra cara: lo lindo que es estar en el escenario, compartir una función con otros compañeros, la adrenalina, poder crear un personaje y tener la posibilidad de ser otra persona… Me da bronca que les digas estas cosas y no lo sientan como una ayuda. Willy Burman [un legendario maestro de ballet] decía que la danza es natural, y cuando él te lo explicaba te dabas cuenta de que tenía razón, que bailar es tan natural como caminar o girar la cabeza”.

EL BALLET EN LA ERA DIGITAL

Julio Bocca no se ha quedado anclado en el pasado. Cuando llegó al Colón creó una cuenta de Instagram para el ballet, que no tenía.

“Lo hice para transmitir la información sobre la compañía, no sus problemas. Y de repente, la gente empezó a conectarse. La idea era volver a llevar el ballet al público, invitarles a que vengan al teatro, porque es de todos. Al final de una función de ‘Cascanueces’, se me acercó un grupo de mujeres jóvenes – pero no adolescentes, tenían ya una edad – y me dijeron: ‘¡Ay, te agradecemos porque es la primera vez que hemos venido al Teatro Colón’.

Y para mi fue un lindo regalo; este trabajo en redes lo hacemos para sacar el ballet a la calle, para que se hable de él, y está teniendo resultado. Hemos hecho trece funciones de ‘Cascanueces’ y dos meses antes habíamos agotado todas las 2.800 o 2.800 localidades que hay en el Colón”.