
Morante de la Puebla revive el toreo en silla: Un legado de maestría y arte taurino
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La faena de Morante de la Puebla en la Maestranza ha resonado en el mundo taurino, demostrando que es un maestro y un catedrático de historia del arte taurino. Su representación del torero antiguo, sentado en una silla de Quidiello, ha revitalizado una suerte que conecta el toreo actual con la tauromaquia de los siglos XIX y XX.
El toreo en silla: Un acto de maestría histórica
Lo que hoy se considera un acto excepcional, en el pasado formaba parte del repertorio de los grandes toreros. Desde Pedro Romero hasta Rafael ‘El Gallo’, pasando por Paquiro, Lagartijo o Guerrita, la silla ha sido un elemento presente en el ruedo durante los últimos dos siglos.
Orígenes y evolución de la suerte
Pedro Romero (1754–1839), considerado uno de los padres del toreo moderno, fue uno de los primeros en ejecutar la suerte de recibir al toro sentado en una silla de enea. Lo hacía para demostrar que el dominio sobre la fiera residía en el temple y el brazo, no en las piernas.
Francisco Montes ‘Paquiro’ (1805–1851), innovador y codificador del toreo, perfeccionó la suerte de la silla, desviando la trayectoria del toro sin levantarse.
Antonio Carmona y Luque ‘El Gordito’ (1838-1920) se consagró en la Maestranza en 1858 al sentarse en una silla de enea, cruzar las piernas y esperar la arrancada del toro, realizando un quiebro de cuerpo en el último instante. Su actuación causó tal impacto que se convirtió en un fenómeno de masas. Rafael Molina ‘Lagartijo’ (1841–1900) elevó el toreo en la silla a la categoría de arte, mostrando una tranquilidad que parecía dirigir el movimiento del toro por magnetismo. Rafael Guerra ‘Guerrita’ también practicó esta suerte, utilizando la silla para dominar la bravura del toro de la época.
Rafael ‘El Gallo’: Genio y excentricidad en el ruedo
Rafael Gómez Ortega, ‘El Gallo’, representaba la inspiración y el misterio en la tauromaquia.
Su primera incursión con la silla fue en la Feria de Abril de 1912, donde recibió una ovación por dar cuatro pases sentado. El 20 de abril de 1915, en la Maestranza de Sevilla, desató la locura con una faena que fue descrita como un despliegue de arte, valor y belleza.
El poeta Gerardo Diego le dedicó versos que reflejan la singularidad de ‘El Gallo’, quien veía en el toreo sentado una ruptura con la norma, buscando la sorpresa y la excentricidad. Torear sentado era para él una forma de innovar y desafiar las convenciones.
Representación en las artes plásticas
La suerte del toreo en silla también ha sido inmortalizada en el arte, como en la obra ‘Temeridad de Martincho en la plaza de Zaragoza’ de Francisco de Goya (1816). Este grabado captura el momento en que el torero Martincho, sentado en una silla y con grilletes en los pies, desafía a un toro que acaba de salir por la puerta de toriles.
La obra refleja la tensión y el riesgo de esta práctica, así como la atención del público ante tal desafío.













