
Descubriendo los Secretos de la Catedral de Cuenca
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La Catedral de Cuenca, un gigante de piedra que domina el paisaje urbano, revela sus secretos a través de un recorrido que explora su historia, arquitectura y significado religioso. Su fachada neogótica, construida entre 1920 y 1950, evoca la majestuosidad de Notre Dame en París, especialmente a través de su imponente Rosetón Central, que simboliza a la Virgen María y a Cristo.
Un Viaje a Través del Tiempo y la Fe
Al ingresar, los vitrales narran las vidas de los doce apóstoles y de San Julián, segundo obispo de la diócesis, cuya estatua preside la entrada. A pesar de la creencia popular que lo sitúa en Burgos, San Julián pertenecía a la comunidad de los mozárabes de Toledo, cristianos que mantuvieron su fe en territorio musulmán.
En el interior, el transepto, corazón de la catedral con planta de cruz latina, alberga joyas renacentistas como el arco de Jamete, concebido para “conmemorar la fe”, y el coro, considerado “el alma sonora de la catedral”. Destacan sus dos grandes órganos gemelos, capaces de ser tocados simultáneamente por dos organistas.
El Altar Mayor y la Memoria de San Julián
El altar mayor está dedicado a la Natividad de la Virgen María.
Tras él, la girola, conocida como el “transparente”, conduce al lugar donde se encuentra la reliquia más importante: el cuerpo de San Julián, obispo de Cuenca entre 1198 y 1208.
San Julián es una figura clave en la historia de Cuenca, conocido como el “verdadero padre de los pobres”. Su capacidad para recaudar rentas fiscales le permitía proveer de grano a la ciudad en tiempos de necesidad. Su generosidad y buena gestión dejaron una huella imborrable, convirtiéndolo en un modelo de obispo caritativo.
Su culto se impulsó solemnemente en 1471, en un contexto de penuria y un obispo absentista. El cabildo decidió usar las rentas para el pueblo, justificando su acción al presentar a San Julián como el ejemplo de obispo caritativo.
Secretos Ocultos: La Capilla Honda
La catedral también guarda espacios secretos como la Capilla Honda, hoy del Sagrado Corazón de Jesús, conocida como “el tesoro de la catedral”.
Su nombre se debe a que el suelo actual oculta el nivel original varios metros más abajo. Este espacio funciona como “la parroquia de dentro de la catedral”, un lugar dedicado a la oración.
Las paredes de esta capilla están decoradas con pinturas que narran escenas de la vida de San Julián, mostrando al obispo dando limosna y ayudando a los pobres, reforzando su fama de hombre caritativo.
Un Final Trágico y una Memoria Viva
El recorrido culmina en el altar del transparente, donde un arca de plata creada por Ventura Rodríguez en el siglo XVIII guardaba el cuerpo del santo. Durante la Guerra Civil Española, el arca fue saqueada y los restos quemados. Hoy, solo se conservan “pequeños trocitos de hueso y pequeños trozos de vestido”.
La reja que protege el arca se abre durante los años santos jacobeos conquenses para que los fieles puedan venerar lo que queda de su patrón.













