
Madre Olga: Un Testimonio de Fe y Crecimiento Constante
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La Madre Olga, fundadora de las Carmelitas Samaritanas del Corazón de Jesús, comparte su historia de fe, describiéndola no como una conversión repentina, sino como un proceso de maduración continuo. Para ella, el principal obstáculo para cualquier vocación, ya sea religiosa o matrimonial, es el egoísmo que domina la sociedad contemporánea.
Una Infancia Marcada por la Fe
Nacida en Bilbao, en el seno de una familia que define como “muy normal”, fue inscrita en colegios religiosos por sus padres debido a la educación y los valores que estos transmitían. Su Primera Comunión fue un evento significativo, despertando en ella la idea de poder comunicarse directamente con Jesús. Este temprano lazo con la fe la mantuvo asistiendo a misa dominical, afirmando que nunca experimentó una conversión drástica.
El Momento Decisivo en Loyola
Un viaje a Loyola con la parroquia, alrededor de los diez años, resultó ser un punto de inflexión.
Frente a un gran crucifijo, sintió una certeza inquebrantable. “Supe de verdad que lo que me contaban los curas y las monjas era verdad”, recuerda. Esta seguridad, que describe como una gracia, la acompañaría a lo largo de su vida.
Rebelión Adolescente y Búsqueda de Sentido
Durante su adolescencia, se sintió insatisfecha con una vida que consideraba “vacía, mediocre y sin ideales”. Rechazaba actividades superficiales, sintiendo la necesidad de encontrar algo que llenara su corazón, un “deseo infinito de amar y ser amada”.
La Oración como Fuente de Plenitud
Encontró esa plenitud en la oración.
“Fui comprobando que cuando yo estaba con el Señor y pasaba muchos ratos en la parroquia delante del sagrario, era cuando de verdad mi corazón se sentía feliz”, explica. Comprendió que Jesús debía ser la prioridad en su vida, aunque la idea de ser monja generó dudas iniciales.
Aceptación Familiar y Vocación como Don
La reacción inicial de su familia fue de rechazo, motivada por el “desconocimiento y los prejuicios” sobre la vida religiosa. Sin embargo, al ver la felicidad de su hija, aceptaron su vocación. La Madre Olga rechaza la idea de la vocación como un sacrificio negativo, argumentando que, aunque se renuncia a bienes valiosos, como el matrimonio o el dinero, lo que se recibe es mucho mayor.
Tras 38 años de vida religiosa, considera insignificante lo que dejó atrás en comparación con lo que ha ganado.
Crisis de Vocaciones y el Desafío del Egoísmo
La Madre Olga considera que la crisis de vocaciones no se debe a que “Dios llame menos”, sino a que “a veces queremos hacernos los sordos”. El problema fundamental es el egoísmo promovido por una sociedad que fomenta el egocentrismo. En este contexto, el amor se convierte en una “elección diaria” que requiere cuidado y compromiso constante para evitar que se enfríe.
Advierte que el egoísmo “se disfraza de muchas cosas” y erosiona las relaciones, hasta que uno se da cuenta de que “no soportas a esa persona que antes amabas”.












