Gonzalo Celorio, premio Cervantes: «Pedir disculpas por la Conquista es un despropósito inútil: ni España era España, ni México era México»

Gonzalo Celorio, premio Cervantes: «Pedir disculpas por la Conquista es un despropósito inútil: ni España era España, ni México era México»
Imagen de archivo: https://www.abc.es/

Gonzalo Celorio, premio Cervantes: «Pedir disculpas por la Conquista es un despropósito inútil: ni España era España, ni México era México»

En el marco de las celebraciones por el Día del Libro, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía se ha convertido este lunes en el epicentro de las letras hispánicas. Gonzalo Celorio (Ciudad de México, 1948), flamante premio Cervantes 2025, ha comparecido ante los medios en un encuentro que ha trascendido la mera cortesía institucional para convertirse en una lección magistral de historia, política y teoría literaria. Acompañado por María José Gálvez Salvador, directora general del Libro, el escritor y académico mexicano ha desgranado las claves de una trayectoria de cinco décadas que lo sitúa como un puente imprescindible entre ambas orillas del Atlántico.El acto ha comenzado con una nota de profunda emoción. Celorio ha querido dedicar sus primeras palabras a Beatriz de Moura, la recientemente fallecida fundadora de Tusquets Editores.

Para el autor no fue solo su editora, sino la figura que logró «abrir las letras españolas al mundo y el mundo a las letras españolas». Su lealtad al sello ha sido inquebrantable: «Confío en mi literatura; desde ‘Amor propio’ en adelante, he publicado todas mis novelas bajo este sello tan prestigioso», ha afirmado, subrayando la importancia de la complicidad entre autor y editor en la construcción de una obra sólida.Esa solidez intelectual, ha confesado Celorio, tiene un origen claro: el exilio republicano español en México. Los escritores e intelectuales que llegaron a su país tras la Guerra Civil fueron sus verdaderos maestros, legándole valores que hoy considera innegociables: la «capacidad crítica y la tolerancia». Estos pilares no solo sostienen su labor académica en la UNAM, sino que impregnan una narrativa que el jurado del Cervantes ha calificado como una «memoria del México moderno y un espejo de la condición humana».El «yo» que permanece aún en la novelaUno de los puntos más interesantes del encuentro ha sido la defensa que Celorio ha hecho de la «literatura del yo».

En un momento en que los géneros literarios parecen disolverse, el autor mexicano sostiene que estos han dejado de ser «compartimentos estancos». Frente a la tradición que veía la novela como la «conquista de la tercera persona», Celorio apuesta por una escritura donde el autor ensaya sobre sí mismo.«No sé si he tenido la audacia o la contemplación de escribir novelas en las que el yo se cuela en mi escritura para hablar de mi propia estirpe», ha reflexionado. Para él, esta exploración no es un ejercicio de egolatría, sino una necesidad ontológica: «Nadie sabe bien quién es si no sabe de dónde procede». Lo verdaderamente extraordinario, a su juicio, ocurre cuando la literatura hace su magia: esos personajes familiares, una vez escritos, se independizan del autor y son tomados como propios por el lector, universalizando lo íntimo.De cara a la ceremonia oficial del próximo jueves en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, Celorio ha revelado que lleva cinco meses trabajando en su discurso.

Aunque su intención inicial era analizar la tardía llegada de la novela al continente americano —«No deja de ser impresionante que cuando la novela española llega a su cima con ‘El Quijote’, no hubiese ninguna novela digna de ese nombre en América»—, finalmente ha optado por una lectura personal del caballero de la triste figura.Su discurso explorará el humor cervantino y la libertad escritural que desafió la ortodoxia narrativa de su tiempo. Para Celorio, la novela es un género «peligroso» y, por tanto, «libertario». Ha recordado cómo, durante la época colonial, el género fue inhibido (que no prohibido radicalmente) por su carga ideológica y su capacidad para cuestionar el orden establecido. «Si el poeta puede hablar de su expresión poética, yo hablaré de mi expresión novelística como parte de la literatura del yo», ha adelantado, equiparando la libertad del escritor a un valor que, en Cervantes, se sitúa incluso por encima de la justicia.La polémica diplomática El momento de mayor tensión y claridad política ha llegado al abordar las relaciones actuales entre los gobiernos de México y España.

Celorio no ha dudado en calificar la exigencia de perdón por la Conquista como un «despropósito inútil». Con precisión académica, ha desmantelado el discurso oficialista mediante dos conceptos esdrújulos. El primero que ha mencionado ha sido el anacronismo: «Pedirle a un Estado que se disculpe por los abusos colectivos cuando ese Estado no era España todavía y ese país tampoco era México no deja de ser una especie de anacronismo». Ha recordado que la violencia era una constante también en las comunidades originarias y que los hechos deben juzgarse en el contexto de su tiempo.

El segundo concepto ha sido el de retrotopía: el autor ha criticado la tendencia a idealizar el mundo prehispánico como un paraíso perdido. «Es una utopía vista hacia atrás. Las condiciones de la época prehispánica no eran precisamente paradisíacas», ha señalado, denunciando una nostalgia que impide mirar hacia el futuro.Especialmente rotundo se ha mostrado al hablar del idioma. Celorio ha negado que el español sea la «lengua de la conquista», argumentando que la evangelización se hizo en lenguas indígenas.

«¿Quién hace entonces el trabajo de castellanización? ¡Pues las flamantes Repúblicas creadas después! La lengua española es la lengua de la independencia. Sin ella, no habríamos podido configurar nuestras nacionalidades», ha sentenciado.Finalmente, Celorio ha compartido su visión sobre la crisis de violencia que asola al mundo y a su México natal.

«Lo que está pasando en el mundo es tan horroroso que mi sonrisa se va a marchitar», ha confesado con pesar. Ante el horror, reconoce que la literatura tiene las manos atadas para la acción directa, pero posee una función vital: «No puede hacer nada frente a la violencia más que registrarla, ponderarla, criticarla». Para el premio Cervantes, escribir sobre la violencia es una forma de conjurarla, creando un «remanso de paz» en el acto de la lectura. Sin embargo, no oculta su preocupación por un mundo que se siente «al borde del precipicio», donde la desolación parece ganar terreno a la esperanza.El próximo jueves, este «escritor integral» (creador, maestro y lector apasionado) recibirá el galardón de manos de Su Majestad el Rey Felipe VI.

Será el cierre formal a una semana de celebraciones, pero también el inicio de un nuevo capítulo para un autor que ha hecho de la palabra un espacio de resistencia, memoria y, sobre todo, de libertad absoluta.