Pizzaballa muestra su indignación por la profanación de un Cristo crucificado perpetrada por un soldado israelí en Líbano

Pizzaballa muestra su indignación por la profanación de un Cristo crucificado perpetrada por un soldado israelí en Líbano
Imagen de archivo: https://www.cope.es/

Pizzaballa muestra su indignación por la profanación de un Cristo crucificado perpetrada por un soldado israelí en Líbano

La violencia y el odio protagonizan esa imagen de un Cristo, descolgado ya de la cruz, con las manos mutiladas, destrozado por completo y recibiendo aun un estacazo con una especie de hacha en la cabeza, por parte de un soldado con el uniforme de las fuerzas armadas israelíes. No es ni mucho menos nuevo, durante las numerosas incursiones en el Líbano se han visto muchas profanaciones por parte del ejército israelí de iglesias y de imágenes cristianas, tan comunes en ese bastión de la cristiandad de Oriente Próximo que es el país del cedro.

No por haber ocurrido antes, es menos indignante.

Los hechos, en esta ocasión, se han dado en Debl, un pueblo del sur del Líbano, ocupado aun por las fuerzas israelíes a pesar de la tregua recientemente alcanzada. El Cardenal Pierbattista Pizzaballa, que es el Patriarca Latino de Jerusalén, ha mostrado su profunda indignación por lo sucedido: “Este acto constituye una gran afrenta a la fe cristiana y se une a otros episodios señalados de profanación de símbolos cristianos por parte de soldados de la IDF (Fuerzas Defensa de Israel) en el sur del Líbano”, ha dicho en un comunicado.

La repetición de este tipo de lamentables actos de odio por parte del ejército israelí, que por cierto, no duda en autodenominarse como el “más ético del mundo”, supone para Pizzaballa “una profunda lacra de formación humanitaria y moral, puesto que, incluso la más simple reverencia y respeto por lo sagrado y por la dignidad de otros, ha sido denigrada”.

El cardenal ha clamado por acciones disciplinarias “inmediatas”, con un “proceso creíble” y con “garantías claras de que no se volverá a repetir algo así”.

El líder de Israel, Benjamin Netanyahu, envuelto en una huida hacia delante de los casos de corrupción que le acorralan y que intenta espantar con una irresponsable e inhumana escalada bélica en la región que ya se ha cobrado decenas de miles de muertos en Palestina, en Líbano, en Irán y también en sus propias carnes, en Israel, ha escenificado la condena del estado judío a la profanación de ese soldado. Se ha puesto en marcha, según Netanyahu, un proceso de investigación sobre el soldado, que tendrá que afrontar “graves consecuencias”.

Afeó la acción del soldado asegurando que es algo que “no casa con los valores judíos de tolerancia”, una afirmación que tampoco casa con el hecho de que no es ni mucho menos el primer caso de un miembro del ejército de Israel que comete un acto de este tipo.

Aprovechó también para introducir su propaganda, que se desmiente precisamente por el hecho que denuncia entre muchas otras acciones de su gobierno y de su ejército: “Mientras que los cristianos están siendo masacrados en Siria y en el Líbano por los musulmanes, los cristianos que viven en Israel, prosperan como en ningún otro lugar de Oriente Próximo”.

Es una afirmación tramposa cuanto menos. Qué duda cabe de que los cristianos en Oriente Próximo han vivido oprimidos y, en muchos casos, perseguidos por radicales islámicos e incluso por grupos yihadistas, una puntualización que conviene hacer para no generalizar el odio hacia otra confesión como la musulmana, a la que también habría que ofrecer las bondades de los valores judíos de tolerancia. 

Aun así, si uno pregunta a los cristianos de el Líbano, tanto los que viven allí como los que se han visto obligados a huir, aseguran que sus problemas y la mayor amenaza para sus vidas es Israel y sus ataques.

De la misma forma, los cristianos palestinos, son hostigados día sí, día también, por colonos israelíes que, con total impunidad, ocupan sus tierras, sus casas y sus poblaciones, bajo el pretexto y la argumentación propia del sionismo más radical, de que esa tierra tan solo puede ser habitada por judíos. Los cristianos de Jerusalén, por su parte, han vivido una Semana Santa limitada en sus celebraciones que no han sido permitidas por las autoridades.

El Templo del Santo Sepulcro, por ejemplo, ha permanecido cerrado, una circunstancia que no ocurría desde hace casi 9 siglos. Sin duda, los valores judíos transmiten e irradian tolerancia, pero el gobierno que dirige Netanyahu tiene un desempeño muy deficiente en esa materia.