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Roman Krznaric: Historia como herramienta para la “esperanza radical” y el cambio social
A menudo tildado de optimista, el filósofo Roman Krznaric rechaza esta etiqueta, argumentando que su visión es más bien la de un realista que se niega a aceptar la inacción ante los problemas contemporáneos. Krznaric promueve la “esperanza radical”, la creencia de que el futuro no está predeterminado y que el pasado ofrece múltiples ejemplos para inspirar soluciones a los desafíos actuales.
Krznaric, en su libro ‘Historia para el mañana’, explora dos mil años de historia en busca de acontecimientos y movimientos sociales que puedan iluminar el camino para abordar problemas como la falta de regulación de la inteligencia artificial, la dependencia de las redes sociales y el fracaso de las democracias representativas.
“El futuro no está escrito y el pasado no es determinista, pero sí esconde lecciones donde podemos creer en la esperanza radical y vencer así la cerrazón del presente”, afirma Krznaric.
Lecciones del pasado para desafíos actuales
El autor utiliza ejemplos históricos para ilustrar cómo abordar los problemas modernos. El fin de la esclavitud en Jamaica sirve de inspiración para combatir la dependencia de los combustibles fósiles. La convivencia de judíos, cristianos y musulmanes en Al Ándalus ofrece una perspectiva sobre la tolerancia.
La economía circular del Japón medieval sugiere alternativas para la sostenibilidad.
Krznaric insiste en que la historia no debe centrarse únicamente en los gobernantes y los avances tecnológicos, sino en las personas, sus acciones y los movimientos sociales que han impulsado cambios significativos. “Hemos de pensar más allá del aquí y el ahora. Hemos de saber que tenemos un compromiso serio con las nuevas generaciones y con el futuro”, subraya.
El equilibrio entre protesta pacífica y radical
Krznaric destaca la coexistencia de corrientes pacíficas y radicales en los movimientos sociales a lo largo de la historia. Menciona el movimiento por los derechos civiles liderado por Martin Luther King, cuyo impacto se vio amplificado por los mensajes más confrontacionales de Malcolm X y los Panteras Negras.
“Las clases dirigentes veían entonces con mejores ojos a Martin Luther King, no porque creyesen en él, sino porque la alternativa a su izquierda era mucho peor”, explica.
En su análisis, el autor recurre a las ciudades estado italianas del siglo XV para reflexionar sobre formas alternativas de democracia, a los estragos de la peste negra para abordar la desigualdad y a la primera bolsa de valores de Ámsterdam para entender cómo controlar la inteligencia artificial.
“El siglo XX fue el de la individualidad, pero el XXI lo ha dejado atrás y lo ha sustituido por el de comunidad o familia”, afirma Krznaric, enfatizando la importancia de superar el individualismo para construir un futuro sostenible.
Finalmente, Krznaric se distancia del axioma de Santayana sobre la repetición de la historia, señalando que hay momentos históricos que merecen ser repetidos o, al menos, servir de inspiración para encontrar soluciones a los desafíos del presente.













