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Crítica Teatral: ‘Godspell’ de Antonio Banderas Ilumina Madrid
John-Michael Tebelak y Stephen Schwartz, dos jóvenes creadores, concibieron ‘Godspell’ en los albores de los años setenta, un periodo marcado por la contracultura, el movimiento hippie y la sombra de la guerra de Vietnam. En aquel contexto, la figura de Jesucristo se erigió como un símbolo, compartiendo protagonismo en las camisetas de los jóvenes contestatarios con el Che Guevara.
La obra, nacida como proyecto de fin de carrera de Tebelak en la Universidad Carnegie Mellon, toma como base el Evangelio de San Mateo.
Para su estreno en el circuito Off-Broadway, contó con la colaboración del músico Stephen Schwartz, dando como resultado un musical emblemático de su tiempo.
En España, ‘Godspell’ llegó en 1974, bajo la dirección del propio Tebelak y con la adaptación del libreto y las letras a cargo de José Luis Martín Descalzo y José María Pemán. Casi medio siglo después, Emilio Aragón presentó una versión que buscaba actualizar el mensaje de amor al prójimo en una era dominada por el ruido mediático y el individualismo.
Esta puesta en escena sirvió como base para la versión que Antonio Banderas ha elaborado.
La Visión de Banderas: Un Mensaje Atemporal
Banderas construye una dramaturgia en torno a diez personajes, dotando de sentido a la recreación de parábolas evangélicas, salpicadas de canciones inspiradas. La trama sitúa a una compañía de teatro en una ciudad asediada por la guerra, donde dos personajes invitan a los actores a un juego metateatral.
La obra se divide en dos partes: una primera, juguetona y festiva, llena de luz y humor, que da paso a una segunda más reflexiva y oscura.
En ambas partes resuena el mensaje de solidaridad, perdón y amor al prójimo, un mensaje que, a pesar de su antigüedad, sigue siendo revolucionario en tiempos de crispación.
Como señaló Antonio Banderas, el mensaje del Evangelio aún no ha calado en la humanidad a pesar de los dos milenios transcurridos.
Un Espectáculo Vitamínico
‘Godspell’ se presenta como un espectáculo vitamínico, contagioso y agridulce, con canciones que mantienen su frescura y magnetismo, tales como ‘Preparad el camino al Señor’, ‘Todo a fin de bien’ y ‘Una ciudad hermosa’.
Banderas, con la ayuda de las coreografías de Carmelo Segura, dirige a diez intérpretes que se entregan a la piscina para ofrecer un espectáculo tan gozoso como el Evangelio en el que se inspira.