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Julian Barnes se despide con elegancia en ‘Despedidas’
Julian Barnes, a sus ochenta años y con una trayectoria de cuarenta y cinco, culmina una serie de obras que exploran el adiós con una sutileza reverente. Desde sus ensayos sobre la pérdida como ‘Nada que temer’ y ‘Niveles de vida’, hasta sus ficciones como ‘El sentido de un final’ y ‘Elizabeth Finch’, su obra ha estado marcada por una atmósfera crepuscular sostenida por un pasado resplandeciente.
En ‘Despedidas’, Barnes intensifica esta temática, ofreciendo una suerte de compendio de su obra, apuntalado en la idea proustiana de que «a las perturbaciones de la memoria están ligadas las intermitencias del corazón». El autor, consciente de su salud delicada, reflexiona con afecto y pasión sobre una vida bien vivida.
Barnes, como un ‘grand chef’ metaficcional, prepara una última cena para sus lectores. Comienza con reflexiones sobre los mecanismos del recuerdo y del afecto, retomando ideas de su libro ‘Mis cambios de opinión’.
Luego, presenta los platos principales: su presente y la historia de Stephen y Jean, una pareja que conoció en Oxford en los años sesenta. Tras años sin contacto, decide reconciliarlos, pero el intento no sale como esperaba.
Los personajes de Barnes critican su estilo literario híbrido, acusándolo de no definirse. Le advierten que no se invente un escenario, pero él defiende su libertad creativa. Barnes responde a Jean con firmeza: «No me importa que no te gusten mis libros, pero te equivocas si crees que no sé exactamente lo que me traigo entre manos cuando los escribo».
La narración se caracteriza por su gracia y elegancia, ocultando una profundidad y sabiduría a prueba de toda negatividad.
Más allá de la anécdota sentimental, destacan las reflexiones sobre el cuerpo y la mente de Barnes. Aborda temas como el Brexit, la COVID-19, la muerte de su editora Carmen Calill y el adiós a su amigo Martin Amis, quien le escribió: «Mi salud es precaria, como sabes, pero la moral no va tan mal».
También evoca a Flaubert, a quien ya homenajeó en ‘El loro de Flaubert’, reflexionando sobre el declive físico: «No creo que sea la llegada de la madurez lo que me ha vuelto filosófico, sino más bien su opuesto, la consciencia del declive. Algunas partes de mi cuerpo llevan décadas funcionando mal. (‘Tan pronto como venimos a este mundo’, dijo Flaubert, ’empezamos a perder pedazos de nosotros mismos’)».
A pesar de todo, ‘Despedidas’ no es un libro triste.
Destila la alegría de quien ha tenido la oportunidad de decidir cuándo decir adiós. No hay rabia contra la muerte, sino agradecimiento por la permanencia del resplandor. Como en la canción de The Beatles ‘Hello, Goodbye’, Barnes dice adiós para que nosotros le digamos hola.