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Adamuz: Un pueblo que se levantó ante la tragedia del accidente ferroviario
En la tarde del 18 de enero, un domingo, José Cepas, Julio Rodríguez y su madre, Elisabet Ayllón, se dirigían a Adamuz por la carretera que serpentea Sierra Morena. Regresaban de pescar en Iznájar y, al caer la noche, José llamó a su madre para avisar del retraso. En ese momento, Julio divisó un coche de la Guardia Civil que pasaba a toda velocidad. Intrigados, decidieron seguirlo para averiguar qué ocurría.
Lo que no sabían era que, kilómetros adelante, en el punto kilométrico 318 de la línea de alta velocidad Madrid–Sevilla, dos trenes habían colisionado a 200 kilómetros por hora. Entre los restos de los vagones y las vías, yacían decenas de cadáveres y cientos de supervivientes, muchos de ellos gravemente heridos, clamando por ayuda. El frío era intenso, apenas un grado, y la oscuridad reinaba en el lugar.
Poco después, José y Julio recorrían frenéticamente los 800 metros que separaban ambos trenes, una y otra vez, llevando heridos, brindando aliento y arropándolos con sus abrigos.
La madre de José, preocupada, lo llamó de nuevo: “José, están diciendo que hay muchos muertos. Por favor, vete de ahí.” A lo que él respondió: “Mamá, hay gente pidiendo ayuda. No me puedo ir. Le acabo de dejar a un hombre los zapatos y tengo que sujetarlo.”
Días después, su madre reflexionaba: “Te paras a pensar: yo soy su madre, y no sabes lo que pueden ver allí. Pero mira: ahora sé que hizo lo correcto.” Ella también salió de casa al enterarse de lo sucedido.
“Nos conocerán por la tragedia, pero creo que lo hemos hecho bien”
El domingo, a las 19:43, el tren Alvia que conectaba Madrid con Huelva impactó de frente con el tren Iryo. La investigación inicial apunta a una fractura en la vía como causa del descarrilamiento del vagón 6, lo que provocó el choque con el Alvia que circulaba por la vía contigua. A bordo del Iryo viajaban 289 personas, entre pasajeros y personal, mientras que en el Alvia lo hacían 191. El trágico saldo fue de 45 fallecidos y 118 heridos, algunos de los cuales permanecen hospitalizados.
El accidente ha despertado la conciencia sobre la vulnerabilidad humana y ha afectado una infraestructura clave del país. En los trenes viajaban personas como Jesús Saldaña, un cardiólogo que regresaba a Madrid tras visitar a su familia; Natividad de la Torre, que había regalado entradas para “El Rey León” a sus nietos; y los opositores Eduardo Domínguez y Mario Jara. 45 personas no regresaron a casa ese fin de semana.
“Sé que ahora nos conocerán por la tragedia. Y que quien ha perdido a alguien no querrá oír hablar de este pueblo. Pero al que le salvaron la vida, al que ayudamos a subir a un autobús, al que le echamos una manta por lo alto… No creo que tengan un mal recuerdo. Creo que lo hemos hecho bien”, afirmó la madre de uno de los jóvenes que auxiliaron a las víctimas.
Adamuz, hasta entonces un pueblo olivarero conocido por sus bosques y su hospitalidad, se vio repentinamente en el centro de la atención mediática.
En los años 90, la construcción del AVE atrajo a trabajadores e ingenieros a Adamuz, generando empleo y oportunidades. Sin embargo, una vez finalizadas las obras, solo quedó el recuerdo del paso del tren y las fincas divididas en dos.
Actualmente, Adamuz supera los 4.400 habitantes y su principal demanda es un nuevo centro de salud que sustituya al actual, que se encuentra en mal estado. La puesta en funcionamiento de la residencia de mayores ha sido un logro importante en los últimos años.
De la adrenalina al impacto emocional
La tragedia ha puesto a Adamuz en el mapa mundial. Los medios de comunicación internacionales han enviado corresponsales para cubrir la noticia e interrogar a los vecinos sobre el impacto emocional del accidente. A pesar del cansancio, la respuesta de la comunidad ha sido ejemplar.
Antonio Pérez convirtió el Hogar del Pensionista en el primer refugio para los familiares de las víctimas. Durante horas, sirvió cientos de bocadillos y brindó apoyo psicológico a quienes buscaban a sus seres queridos.
El Ayuntamiento habilitó la caseta municipal para centralizar la ayuda. Los vecinos, como Paco Cuenca, aportaron colchones, mantas y agua. “Cada uno en el pueblo hizo lo que podía hacer, y creo que si hubiese sido de otra forma no habría salido tan bien. Esto es una desgracia, pero estamos orgullosos de que nadie se quedó en casa”, expresó Cuenca.
Otro rostro conocido es Gonzalo Sánchez, el vendedor de cupones que derribó la valla para acceder al Alvia y transportó sanitarios y heridos en un quad. “No eres consciente. Lo haces y punto. A veces te vienen las imágenes y duele mucho porque son muy fuertes: no estás acostumbrado a esto”, relató Sánchez.
“Al llegar oí una niña gritando”
Al alcalde le preocupa el impacto emocional de la tragedia en sus vecinos. “Estamos tocados”, admitió. Ha anunciado que habrá ayuda psicológica disponible. Después de días sin parar, le cuesta conciliar el sueño y prefiere evitar las noticias.
Bomberos, guardias civiles, vecinos y políticos han expresado su dolor ante lo sucedido. Arturo Carmona y Álvaro Ayala, cabos del equipo de investigación de siniestros viales, fueron los primeros agentes en llegar al Iryo. Relataron cómo alguien les advirtió de la presencia de otro tren, el Alvia, convertido en un amasijo de hierros. “Al llegar, oí a una niña de 6 años gritando que su padre estaba muerto. Me agaché, la abracé, intenté tranquilizarla. Nunca llegué a verle la cara”, recordó Carmona.
El accidente movilizó a cientos de efectivos de emergencias, Guardia Civil y sanitarios. La primera ambulancia llegó desde el pueblo a las 20:02, seguida por casi 40 más. También acudieron voluntarios de localidades vecinas para prestar ayuda.
Paco Cuenca, jefe del Consorcio de Bomberos de Córdoba, recibió la primera llamada a las 19:45 y de inmediato se desplazó al lugar del accidente. “Todavía no he reposado lo que ha ocurrido. Mañana, cuando me levante, veremos qué pasa”, afirmó Cuenca.
“Me gustaría que se recuerde por lo que hicieron los vecinos”
La localización de los dos últimos cadáveres marcó el fin del despliegue de la Fase Operativa 1 del Plan de Emergencias. Para llegar a ellos, las máquinas retiraron toneladas de hierro y tierra durante horas.
La familia García logró recuperar con vida a Boro, su perro. La búsqueda del animal movilizó a decenas de voluntarios de Pacma y una cuadrilla del Plan Infoca. Encontraron a Boro, lo que supuso un alivio para la familia.
Los vecinos de Adamuz han recibido mensajes de apoyo de todo el país. Gonzalo Sánchez ha perdido la cuenta de las entrevistas que ha concedido y guarda un cupón firmado por el Presidente andaluz. El Presidente reconoció el ejemplo de “solidaridad y empatía” de Adamuz.
“Esto no lo podremos olvidar nunca, y me gustaría que también se recuerde Adamuz por sus vecinos y vecinas, y lo que hicieron”, concluyó el alcalde. En la peor noche de Adamuz, sus habitantes ofrecieron todo lo que tenían: alimento, calor, luz, trabajo y consuelo.













