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Bélgica recupera humedales para frenar emisiones de carbono
El cambio climático exige soluciones adaptadas a cada territorio, reconociendo que una única medida no siempre es eficaz. En este contexto, Bélgica ha implementado proyectos para revertir décadas de drenaje agrícola, con el objetivo de recuperar humedales y reducir las emisiones de dióxido de carbono.
Restauración de Humedales: Una Decisión Incómoda
La iniciativa belga se centra en la re-inundación de campos que antes ocultaban turberas secas, principales responsables de la emisión continua de gases de efecto invernadero. El objetivo no es transformar radicalmente el paisaje, sino detener la pérdida climática asociada al uso del suelo.
Las Obras en Black Creek: Devolviendo el Agua a un Terreno Agotado
Hace un siglo, cerca del 20% de Europa estaba cubierto por humedales. La expansión agrícola y urbana redujo drásticamente esta superficie, eliminando sistemas naturales que retenían agua y carbono. En el valle de Black Creek, las obras buscan cerrar zanjas y bloquear desagües para permitir que el agua vuelva al suelo, recuperando un nivel freático alto.
La maquinaria pesada actúa sobre canales excavados hace décadas, modificando pendientes para restaurar las turberas, que solo funcionan como reservorio de carbono cuando permanecen saturadas de agua. Esta restauración requiere intervenir sobre infraestructuras agrícolas que definieron el uso del terreno durante generaciones.
Una de las decisiones más controvertidas del proceso es la eliminación de árboles, ya que en estas áreas la masa forestal no forma parte del ecosistema original de la turbera y sus raíces extraen humedad del suelo, dificultando la inundación. La restauración implica retirar esta vegetación y mantener un control prolongado para evitar su crecimiento mientras sube el nivel del agua.
Turberas: Grandes Reservas de Carbono
Las turberas ocupan alrededor del 3% de la superficie terrestre, pero almacenan más carbono que todos los bosques del mundo juntos. Cuando se secan, el oxígeno activa microorganismos que liberan CO₂ acumulado durante miles de años. En Black Creek, algunas capas de turba tienen hasta 14.000 años de antigüedad, convirtiendo cada periodo de sequedad en una fuente de emisiones continuas.
La recuperación del humedal no es inmediata, pero ya se observan los primeros efectos, con el regreso de especies propias de zonas inundadas y la reaparición de aves ausentes durante décadas. También se han detectado castores que refuerzan el sistema con presas naturales. Este proceso avanza como una corrección del uso del suelo, priorizando la función climática del terreno sobre su aprovechamiento agrícola.













