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¿Dónde están los europeos? Reflexiones sobre la identidad y el futuro de Europa
En una entrevista, Valerio Rocco Lozano, director del Círculo de Bellas Artes, reflexionaba sobre la pregunta “¿Qué es Europa?”, citando a Cavour y su idea de que, tras la unificación de Italia, era necesario “hacer” a los italianos. Rocco Lozano planteaba que Europa debería ser los europeos, pero lamentaba que aún no existan como tal, a pesar de los avances del programa Erasmus y el multilingüismo.
La sombra de un canadiense sobre Europa
La falta de una verdadera identidad europea se evidencia en el hecho de que el discurso más comentado entre europeos después de Davos fue el de un canadiense, Mark Carney. Carney instó a Europa a asumir la insostenibilidad de un orden internacional basado en normas estables y a dejar de fingir que el mundo juega de manera justa y equilibrada. Propuso una geometría variable de acuerdos entre “potencias medias” para contrarrestar la influencia de otras potencias. En contraste, las intervenciones de líderes europeos como Macron y Von der Leyen parecen haber tenido menos impacto.
Esta situación plantea interrogantes sobre la genuina preocupación por Europa como conjunto. ¿Importa lo suficiente la situación de los países vecinos a Rusia? ¿Están preocupados los europeos del norte por la seguridad de Ceuta y Melilla?
Vivir una mentira: la crisis de las instituciones europeas
Carney insta a dejar de actuar bajo premisas ilusorias. Europa se asemeja cada vez más a un prestidigitador que se cree sus propios trucos y mentiras. La insistencia en definir a Estados Unidos como un amigo no garantiza que actúe como tal. La crisis de las instituciones internacionales y la necesidad de una mayor autonomía estratégica se han convertido en un ritual de falsedad.
Mientras tanto, incidentes como la ejecución de un civil en Minneapolis por fuerzas paramilitares del ICE pasan desapercibidos para una Unión Europea que parece ignorar los excesos autoritarios de sus “amigos”.
El riesgo de la sumisión y la pérdida de soberanía
Ante esta situación, se vislumbra el riesgo de convertirse en “esclavos miserables”, como advirtió el primer ministro belga, Bart De Wever. La posibilidad de una invasión militar a Groenlandia, disfrazada de intercambio comercial, es un ejemplo de cómo Estados Unidos podría obligar a Europa a ceder territorio, haciendo que sea demasiado tarde para construir una verdadera Europa y una identidad europea sólida.













