Crisis ferroviaria: el poder de la calma

Crisis ferroviaria: el poder de la calma
Imagen de archivo: https://www.eldiario.es/

Foto: Archivo – Todos los derechos reservados

Crisis ferroviaria: el poder de la calma

Ante el fatal accidente de Adamuz, es importante mantener la calma y la prudencia. En ausencia de respuestas definitivas, las teorías e hipótesis resultan insuficientes. Una sociedad madura debe aceptar que no todo puede resolverse de inmediato.

La importancia de la calma ante la tragedia

La prioridad ahora son las víctimas y sus familias. Los técnicos, con su conocimiento especializado, deben ser los encargados de determinar las causas del accidente. Los servicios públicos deben responder con profesionalidad y eficiencia, defendiéndolos de aquellos que buscan sacar provecho de la desgracia.

Mientras no se cuenten con pruebas de laboratorio que analicen los materiales recogidos, cualquier hipótesis o conclusión es prematura y acientífica, especialmente si proviene de un técnico de la comisión de evaluación. Las evidencias necesarias para elaborar conclusiones sólidas aún no están disponibles.

Prudencia en el debate público

El debate sobre las razones de la tragedia debe caracterizarse por la calma y la prudencia. El ministro Óscar Puente debe rendir cuentas cuando sea el momento oportuno, pero no se le puede acusar de ocultar información relevante.

Es fundamental no confundir la rapidez con la prisa al buscar respuestas. Podría ser que la causa del accidente sea inesperada, o una combinación de circunstancias inopinadas, o incluso que tengamos que replantearnos la seguridad que creíamos tener. La seguridad avanza revisando y corrigiendo estándares a medida que la realidad lo exige.

Análisis retrospectivo y gestión de la emergencia

Ni siquiera quienes estuvieron presentes en Adamuz comprenden completamente lo sucedido. Resulta sorprendente la seguridad con la que se publican cronogramas detallados desde la distancia. El debate sobre la atención a las víctimas solo tendría sentido si hubiera habido recursos ociosos en un escenario mientras se descuidaba a las víctimas en otro. Pero ese no es el caso.

El sesgo retrospectivo con el que se juzga la actuación de los equipos de rescate es inaceptable. La gestión de una emergencia se basa en la oportunidad y el acceso. Si bien siempre hay margen de mejora, no se puede evaluar la eficacia de la respuesta inmediata a una crisis utilizando estándares imposibles.

Derecho a la verdad y responsabilidad

Tenemos derecho a respuestas, no a conjeturas o especulaciones. Los responsables deben actuar con cautela y no reabrir servicios sin garantías, como el alcalde de Amity Island en “Tiburón”. Si es necesario suspender el servicio, que se haga por el tiempo que sea necesario.

Lo importante no es ganar el relato, sino contar la verdad cuando se conozca, manteniendo la calma. Es nuestro deber y se lo debemos a las víctimas y a la sociedad.