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¿Acabaremos todos hablando el mismo idioma? La Torre de Babel al revés
Después del Diluvio, los descendientes de Noé hablaban un solo idioma en la llanura de Sinar, Mesopotamia, y construyeron una torre que aspiraba a llegar al cielo. Este relato del Génesis es una alegoría sobre la diversificación de las lenguas: Dios, viendo su orgullo, confundió sus idiomas, impidiendo que se entendieran y obligándolos a dispersarse. Así, la ciudad de Babel dio origen a múltiples lenguas, un proceso que ha sido constante a lo largo de la historia.
La tendencia a la reunificación lingüística
Sin embargo, en las últimas décadas, se observa una tendencia opuesta. Los idiomas evolucionan y los hablantes adoptan aquellos que les resultan más útiles para la comunicación. La novedad es que avanzamos hacia una reunificación debido al aumento de contactos entre naciones, el crecimiento de hablantes bilingües, la acelerada desaparición de lenguas y la consolidación de una lengua global vehicular y un sistema de escritura predominante: el alfabeto latino.
El impacto de la globalización y la movilidad
Con más de cien mil vuelos diarios y millones de viajeros al año, el movimiento constante de personas transforma costumbres y favorece intercambios. Además, el acceso a Internet por parte del 75% de la población mundial sitúa al inglés como lengua principal, seguido por el español, chino, ruso y francés. Esta tendencia se refleja en plataformas como Facebook, Wikipedia y YouTube.
La globalización, un fenómeno económico que abarca dimensiones sociales, culturales, políticas y medioambientales, ha transformado la clasificación tradicional de países en un mercado mundial articulado en América del Norte, Europa Occidental y Asia Oriental. Esta globalización se manifiesta en migraciones, expansión de telecomunicaciones, redes de comunicación, organizaciones internacionales, ONG de derechos humanos, medidas medioambientales y una creciente interdependencia mundial.
Bilingüismo y ambilingüismo
Cada vez más personas estudian y usan otras lenguas. El bilingüismo es un paso importante, pero el ambilingüismo, el uso cotidiano de dos lenguas, reduce el número de hablantes monolingües. En países como España, Francia, Italia, Rusia y Estados Unidos, solo subsiste un idioma con hablantes monolingües. En América, África, Asia y Oceanía, la necesidad de hablar dos o tres lenguas, incluyendo una lengua vehicular, es común.
La extinción de lenguas
Cuando una lengua es sustituida, tiende a desaparecer. Hoy, el número de lenguas que se extinguen supera al de nacimientos. Casi el 90% de las lenguas se debilitan por el contacto con otras más fuertes, interrumpiendo la transmisión intergeneracional. Las lenguas débiles se encaminan a la extinción, mientras las vigorosas se expanden.
El dominio del inglés
El inglés, hablado como lengua materna por unos 400 millones de personas y utilizado habitualmente por más de mil millones, domina como idioma global. Su liderazgo se debe a la fortaleza económica de Estados Unidos, su desarrollo industrial y tecnológico, y el auge de los vuelos internacionales, el cine, la televisión e Internet. La música popular anglosajona y la publicación de textos científicos en inglés refuerzan esta posición.
Pese a las resistencias iniciales, la inercia global hace improbable un retroceso. El inglés es la lengua que menos necesita de otra y la más demandada en los cinco continentes. Su alfabeto, de origen latino, resulta familiar para hablantes de casi cualquier lengua.
El alfabeto latino
Nacido en la península itálica, el alfabeto latino se difundió por el Mediterráneo gracias al Imperio romano y luego fue adoptado por las lenguas germánicas y eslavas. El español, francés, portugués e inglés han contribuido a su expansión global. Hoy, miles de idiomas lo utilizan, y muchos más lo conocen como sistema auxiliar.
La homogeneización lingüística: ¿una Babel al revés?
La tendencia contemporánea hacia la homogeneización lingüística, impulsada por la globalización, es evidente. El incremento de contactos internacionales, la consolidación del inglés, la extinción acelerada de las lenguas y la universalización del alfabeto latino confirman esta tendencia. Vivimos una “Babel al revés”: muchas lenguas se apagan para que unas pocas brillen.













