La Fura dels Baus decepciona con su revisión feminista de Barbazul en el Teatro Real

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La Fura dels Baus decepciona con su revisión feminista de Barbazul en el Teatro Real

La segunda versión de un clásico llega al Teatro Real en pocos meses. Una mirada actualizada que, aunque tiene momentos brillantes, no termina de convencer.

Un cuento con múltiples interpretaciones

Barbazul, personaje de Perrault, colecciona esposas y castillos con muchas habitaciones, aficiones que han dado lugar a multitud de interpretaciones en cuentos, animaciones y óperas. Dos de ellas figuran en el programa actual del Teatro Real: la de Béla Bartók, vista a finales del año pasado, y la compuesta por Paul Dukas, estrenada recientemente.

Ariadna y Barbazul: una historia de simbolismo y feminismo

Esta versión se centra en Ariadna, verdadera protagonista de la ópera simbolista y arquetipo salvífico en la batalla de la luz contra la oscuridad. Ariadna se casa con Barbazul contra el criterio de los campesinos, quienes le advierten de las aficiones criminales de su esposo. Ignorando las advertencias, Ariadna recibe como regalo nupcial seis llaves de plata y una de oro. Las primeras abren cámaras repletas de tesoros, mientras que la última abre una estancia secreta y vedada que Ariadna decide explorar.

“Voy a buscar la puerta prohibida, lo que está permitido no nos enseñará nada”, dice Ariadna, desafiando a Barbazul. En una cámara subterránea y oscura, encuentra a las cinco esposas que la precedieron, vivas pero aterrorizadas. Ariadna, venciendo sus temores, decide ayudarlas a escapar. Tras varios intentos, descubre una abertura que da al exterior, permitiendo que la luz del día y el sonido de las olas inunden la mazmorra. Las mujeres salen y contemplan la inmensidad del mar y los campos.

De vuelta en el castillo, Ariadna las anima a engalanarse para su liberación. Barbazul regresa, pero es interceptado y linchado por los aldeanos, quienes lo entregan inmovilizado a las mujeres para que se venguen. Sin embargo, tras años de sometimiento, ellas no son capaces de lastimarlo, curan sus heridas, lo besan y lo desatan. Ariadna, viendo el desenlace, las anima a marcharse con ella, pero ellas se niegan. Acompañada solamente por su nodriza, Ariadna se va.

La revisión de La Fura dels Baus

La versión de *Ariadna y Barbazul* busca subvertir este final. Àlex Ollé, de La Fura dels Baus, lidera la propuesta junto a su equipo habitual. El montaje comienza con un vídeo del viaje nupcial de los protagonistas. La intención es no permitir que la música aburra al espectador, evitando un segundo de quietud en el escenario.

Esta propuesta contramusical produce una serie de problemas que terminan arruinando el constructo simbolista de Maeterlinck. El descenso a la prisión se muestra como la boda de Ariadna, los aldeanos son los invitados, y el camino hacia la libertad es una torre con mesas iluminadas. Ollé subraya la violencia con interferencias espasmódicas de los maltratos pasados, sin una justificación clara.

Un momento de brillantez sádica

El momento más dramáticamente interesante es la subversión de las pretensiones del libreto. En esta *Ariadna*, las esposas no liberan a su captor. Tras ser entregado por los aldeanos, las mujeres se arremolinan alrededor de Barbazul, hiriéndolo mientras se lamentan de las heridas que le han causado durante la captura. Este momento, finamente sádico, resulta brillante. Sin embargo, el remate cae en lo absurdo: las esposas ejemplifican conatos homicidas, pero todas frenan cerca de su objetivo. Ariadna se marcha y ellas, girando al maltratador, fijan la mirada en el público.

Aspectos musicales

La dirección de la orquesta corre a cargo de Pinchas Steinberg. La interpretación es atinada y los pasajes orquestales suenan bellamente. Paula Murrihy, como Ariadna, logra dotar de expresividad a un personaje vocalmente reiterativo. También destaca la nodriza de Silvia Tro Santafé. Gianluca Buratto realiza un breve pero destacable desempeño como Barbazul, y el coro sigue siendo uno de los grandes activos del teatro madrileño.

Conclusión

Hay muchas óperas cuyos “valores” resultan problemáticos. En la interpretación de Maeterlinck y Dukas, la sumisión de las esposas choca con la audacia de Ariadna, que no solo es un personaje femenino, sino el principal. Reducir la trama a una sola de sus capas pocas veces resulta enriquecedor, y en este caso, no lo ha sido.