“Play”: Un ritual caníbal frente a la sociedad de la posverdad

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“Play”: Un ritual caníbal frente a la sociedad de la posverdad

El creador argentino Matías Umpierrez ha presentado en el Centro Cultural Conde Duque su obra “Play”, un ritual híbrido y experimental que se sitúa en el difuso espacio entre las artes. La pieza, que no es teatro, instalación artística ni performance, sino una combinación de todo ello, disecciona y canibaliza la sociedad occidental actual.

Una disección de la sociedad actual

Umpierrez nos enfrenta a una sociedad dominada por el odio, la injusticia y la manipulación. La primera impresión que recibe el espectador es de desconcierto, ya que Umpierrez, solo en el escenario, lo hace todo: mueve objetos, encarna personajes, baila, activa sonidos y manipula luces. Además, es el responsable de la exhaustiva investigación que sustenta la obra.

La pieza se construye como un collage infinito, similar al “Atlas Mnemosyne” de Aby Warburg, pero en lugar de tratar sobre arte, se convierte en una “historia universal de la infamia” de la realidad actual. Son historias de opresión, humillación e injusticia que configuran el caldo de cultivo para los discursos de odio.

Umpierrez combina estas historias con inteligencia, evitando una visión ideologizada simplista. Si bien la obra está impregnada de una visión marxista, el artista reconoce que la violencia tiene múltiples facetas, no solo la ejercida por el Estado, sino también la de procesos de protesta social exacerbados o la de individuos marginados y humillados.

Realidad y ficción entrelazadas

La acumulación de información se intercala con historias donde la realidad y la ficción se desdibujan. Casos reales, como el del joven Sewell Seltzer, que se suicida por amor a un chatbot, se mezclan con casos delirantes, como el del filósofo Jian Wei Xun, que resultó ser una creación de la IA. La injusticia impera en un mundo donde la verdad se diluye y lo execrable convive con lo banal.

Un llamado a la insurrección

“Me defino como ex-humana. No quiero pertenecer a esta especie siniestra, genocida”, dice Umpierrez, citando a la antropóloga argentina Rita Segato. Este es el conflicto central de la obra: ¿qué hacer ante una realidad injusta e insoslayable? La clave reside en el dispositivo de la obra.

“Play” emula la sobreinformación que define nuestra visión del mundo. Sin embargo, esto no es una contradicción, sino una característica esencial de un ritual antropófago. Umpierrez cita el “Manifiesto Antropófago” (1928) del poeta brasileño Oswald de Andrade, que defiende el ritual, la adivinación y el misterio frente al código civil y la gramática. “Play” se adscribe a ese pensamiento poscolonialista, donde los colonizados somos todos.

Un ritual caníbal moderno

Hacia el final de la obra, resuena “American Invasion” de Lydia Lunch, mientras reinan en el espacio las cabezas cortadas (en látex) del filósofo creado por IA, de Dany (el chatbot) y de Joice Heth, la esclava exhibida como la niñera de George Washington. Un ritual antropofágico de una cultura vacía, pero cargada de historia y conciencia.

Aunque la pieza parezca moderna, con sus visuales y tratamiento del texto, Umpierrez, como los tupinambá o los guaraníes, aboga por comerse al enemigo para tomar su fuerza y combatirlo. En el fondo, “Play” es un ritual caníbal.

Si bien la obra puede parecer fragmentaria y excesiva, estas son precisamente sus virtudes. El espectador puede sentirse desorientado por su lenguaje no narrativo y la escasa dramatización, pero quizás esto refleje una cultura que prefiere lo masticado y lo reconocible.

Tras los cien minutos de espectáculo, el espectador se queda pensativo ante la figura de Umpierrez, un creador atípico que ha mostrado su obra en museos y teatros de todo el mundo, solo y mirando al mundo como un Osvaldo Lamborghini de la vanguardia escénica.