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Descubre el Barrio de los Indians en Barcelona: Un Rincón Caribeño en la Ciudad Condal
Barcelona esconde un rincón con espíritu caribeño conocido como el barrio de los Indians, en el distrito de Sant Andreu. Su historia se remonta a finales del siglo XIX y principios del XX, con el regreso de catalanes que hicieron fortuna en Cuba.
Orígenes y Nomenclatura Caribeña
Tras la pérdida de las colonias en 1898, estos ciudadanos, apodados indianos, se instalaron en terrenos que antes eran tierras de cultivo. Hoy, el barrio mantiene la esencia de su pasado colonial, evocando paisajes de ultramar.
El aroma cubano se evidencia en nombres de calles como Manigua, Puerto Príncipe, Matanzas y Pinar del Río, recordando ciudades y eventos en las Antillas. Algunos historiadores sugieren que estos nombres reflejaban la prosperidad económica de quienes buscaron fortuna en América.
Recorrido Histórico: De la Plaza del Rom Cremat a las Casas Indianas
Un buen punto de partida es la plaza del Rom Cremat, el ágora del barrio, situada en la calle Jordi de Sant Jordi, antes llamada calle de La Habana. Cerca, en la plazoleta dels Indians, se pueden apreciar casas de una sola planta de principios del siglo XX. Estas construcciones surgieron alrededor del antiguo “Tren de Fuego”, que conectaba la zona con otros núcleos. Al avanzar, se aprecia la mezcla de estilos que define este barrio interclasista.
La Majestuosa Torre Rosa
Uno de los hitos del recorrido es la Torre Rosa, en la calle de Francesc Tàrrega. Originalmente llamada Villa Jazmines, esta torre indiana fue diseñada por Ferran Tarragó y construida en 1920 por José Racionero. Destaca por su belleza arquitectónica, su torre mirador y el color rosado que recuperó tras una restauración. Ha tenido diversos usos, y desde 1987, la familia Reig la gestiona como una coctelería de referencia, con jardines que antaño albergaron palmeras y pinos marítimos.
Siguiendo hacia las calles Pinar del Río y Matanzas, el rastro de las antiguas casas indianas se vuelve más evidente. En esta zona, las torres solían tener una palmera en la entrada como símbolo de fortuna. En el número 40 de la calle Matanzas se encontraba la pista de baile Río de Janeiro, un referente popular de ocio, que luego fue el cine Río.
Vestigios Rurales: La Masía de Can Ros
La fisionomía del barrio también muestra vestigios rurales, como la masía de Can Ros en la plaza del Congrés. Esta edificación del siglo XVII es un ejemplo de la vida agrícola anterior a la urbanización. Propiedad de la familia Ros i de Ramis, la masía fue centro de actividad económica y social. En la década de 1950, gran parte de sus tierras se vendieron para construir el polígono de viviendas del Congreso Eucarístico, pero la estructura pervive reconvertida en restaurante.
Contrastes Interesantes: Laboratorios y Deporte
Otro punto relevante son los antiguos laboratorios del Doctor Ferran, cerca del paseo de Maragall. En 1903, Jaume Ferran i Clua adquirió estos terrenos para investigar vacunas. Aunque solo se conserva parte del muro y la casa de la esquina, fue un centro científico internacional. Cerca, en la calle de las Acàcies, se ubicó el tercer campo de juego del F.C. Barcelona entre 1901 y 1905.
Arquitectura Industrial y el Mercado de Felip II
La arquitectura del barrio ofrece contrastes industriales, como el edificio de la empresa Roselson en 1960, fabricante de radios y tocadiscos. La zona albergó otras industrias limpias que transformaron su carácter agrícola. El Mercado de Felip II, construido en 1966, abasteció a la creciente población migratoria, integrándose en la vida comercial del barrio.
Identidad Actual
Actualmente, el barrio de los Indians lucha por mantener su identidad. Desde 2010, forma parte de la Xarxa de Municipis Indians. Iniciativas culturales como la Mostra de Manigua demuestran que el sabor de ultramar sigue presente. Recorrer estas calles permite descubrir una Barcelona menos conocida, rica en matices arquitectónicos y relatos de fortuna.













