
Llega ese momento del año en el que todo parece acumularse de golpe, y no es otro que esta famosa cuesta de enero. No hablamos de forma literal, claro, sino de esa sensación tan conocida de que el tiempo se acelera y aquello que hemos ido aplazando durante meses ahora exige una atención que no podemos postergar.
Después de que haya pasado la Navidad y hayamos comenzado el nuevo año, este 2026, tenemos que ponernos manos a la obra con esa tan temida “cuesta de enero” y empezar a tomar buenas decisiones que repercutan en nuestra economía.
Porque sí, las celebraciones suelen venir acompañadas de excesos y ahora toca asumir las consecuencias, haya o no facturas atrasadas.
El término no podría ser más acertado: todo se vuelve más pesado, más complicado de afrontar y claramente cuesta arriba. A ello se suman, además, gastos imprevistos que no estaban en nuestros planes y que podrían acompañarnos a lo largo del año.
Es el momento en el que tienes que empezar a planificar los gastos que vas a tener para los doce meses que se vienen, y cómo vas a organizar el dinero que tienes previsto ganar.
Debes pensar, delicadamente, cómo vas a organizar el alquiler, o la compra de la casa si es que puedes, el transporte, y, por ejemplo, las vacaciones. Y eso puede hacer que, a fin de cuentas, te falte un poco para llegar al objetivo.
Con eso, puedes ahorrar o, si tienes mucha confianza, pedirle a tus padres o un familiar cercano que te preste algo de dinero.
Sin embargo, esto puede meterte en serios problemas si no lo planificas bien.
Muchas veces, te
encuentras en la tesitura de que tus hijos o familiares directos no
tienen para pagar el alquiler, o para comprar un coche o una casa.
Para que no les falte de nada, lo que haces tú es ayudar
económicamente a ese objetivo.
Lo haces,
normalmente, haciéndole una transferencia que pueda subsanar esos
problemas económicos.
Sin embargo, y aunque lo haces con una
intención loable, eso puede suponer un problema para tus hijos si se
topan con Hacienda.
Así, al menos,
lo explicaba David Jiménez, abogado y economista. “Hacer
transferencias libremente sin un soporte detrás, puede meter en
problemas a tus hijos” comenzaba explicando este experto.
“Transferencias
para la compra de un piso, de un coche o ayudas de alquiler, puede
suponer que la administración interprete que hay una presunción
fiscal de que es una donación” matizaba.
Por eso, explica
que la solución pasa por hacer una donación “formalmente”, en
la que por escrito se especifique todo y pagues los impuestos
correspondientes, o “haz un préstamo, si liquidas el impuesto
correspondiente y luego te lo devuelve”.
Aclara también
que hay que hacer transferencias sabiendo el impacto fiscal que puede
tener, porque si no, puedes entrar en conflicto con Hacienda.
En este caso, David Jiménez quería dirigirse a sus seguidores para explicarles cómo puedes dar dinero a tus hijos sin necesidad de que ellos paguen impuestos.
Y, como decía, hay una forma de hacerlo que es toda una “recomendación fiscal”.
Si quiero dar dinero a mis hijos hay esta forma de hacerlo sin pagar impuestos, es una recomendación fiscal. Imagina que tu hijo necesita comprarse un coche o una casa, cómo se lo puedes dar” empezaba planteando.
Por eso, dice que te tienes que preguntar una cosa: si se va a tratar de un préstamo o de una donación.
“Si es un préstamo, tendrías que hacer un contrato con tu hijo y liquidar un impuesto que está exento, no pagarías nada” decía.
Pero “si no se lo presto, en ese caso tu hijo tiene que pagar o liquidar el impuesto de donaciones, que puede tributar más o menos según la comunidad autónoma” detallaba.













