Por qué no puedes dormir con el armario abierto: la psicología desvela este comportamiento nocturno

Por qué no puedes dormir con el armario abierto: la psicología desvela este comportamiento nocturno
Imagen de archivo: https://www.cope.es/

Los expertos explican que, aunque pueda parecer irracional, este comportamiento responde a patrones cognitivos específicos relacionados con la seguridad, la ansiedad y experiencias previas.

La psicóloga española Ángela Gual, máster en Terapia Breve Estratégica, identifica este comportamiento con la entamofobia, el miedo a las puertas abiertas. Según la especialista, para quienes lo experimentan, cerrar el armario supone establecer un límite protector frente a lo desconocido.

Esta percepción subjetiva, aunque carece de sustento científico, genera una sensación momentánea de calma que resulta indispensable para conciliar el sueño.
El momento de irse a la cama implica bajar la guardia y, en ese contexto, cualquier elemento que genere incertidumbre o descontrol puede alterar el descanso y activar estados de alerta innecesarios.

Paradójicamente, el gesto de cerrar la puerta del armario para sentirse seguro termina consolidando el problema. Cada vez que se cierra y la ansiedad disminuye, el cerebro valida la idea de que dejarla abierta representa un peligro real.

Este mecanismo para evitarlo ofrece un alivio inmediato pero, a largo plazo, fortalece el miedo y crea una dependencia del ritual.

Con el tiempo, resulta cada vez más difícil tolerar la puerta abierta, convirtiendo el hábito en algo prácticamente automático.

Gual vincula este patrón con lo que se conoce como “necesidad de cierre cognitivo”, una fuerte aversión a la ambigüedad y al desorden mental. Para muchas personas, cerrar armarios funciona como un ancla mental —similar a apagar la luz— que señala al cerebro que todo está bajo control.

Desde el punto de vista emocional, esta necesidad puede generar tensión, inquietud y dificultades para conciliar el sueño si no se cumple el ritual nocturno. La psicóloga subraya que la puerta cerrada adquiere un valor simbólico importante: “No solo ven el cierre como protección frente a amenazas físicas, sino como una forma de mantener su autonomía emocional”.

La incomodidad no se limita exclusivamente a las puertas del armario. Muchas personas tampoco pueden dormir si un cajón queda entreabierto.

La psicóloga Paloma Rey, colaboradora de Doctoralia, aclara que este comportamiento no siempre implica un problema psicológico.

“Puede ser simplemente una preferencia personal o una forma de ordenar el entorno para sentirse tranquilo”, señala. No obstante, advierte que si la ansiedad es intensa o interfiere con la vida cotidiana, conviene consultar con un profesional especializado.

Según Paloma Rey, algunos perfiles psicológicos presentan mayor tendencia a experimentar este tipo de necesidades:

Personalidades perfeccionistas: Necesidad de orden y simetría que genera malestar ante elementos “fuera de lugar”. El desorden visual representa una amenaza para su sensación de control del entorno. Personas con ansiedad elevada: Individuos con tendencia a la hipervigilancia que encuentran en estos rituales una forma de canalizar la inquietud nocturna. Sensibilidad sensorial: Algunas personas reaccionan con mayor intensidad a estímulos visuales o espaciales que otros considerarían irrelevantes.

Gual señala que esta conducta puede originarse por distintos factores que se remontan, en muchos casos, a la infancia:

Experiencias negativas previas: Sustos, episodios de ansiedad o situaciones traumáticas vividas en espacios cerrados durante la niñez. Influencias culturales y mediáticas: El cine de terror ha explotado durante décadas la imagen del peligro oculto en armarios y habitaciones oscuras, consolidando estos miedos en el imaginario colectivo. Modelos familiares: Los miedos de padres o figuras de referencia se transmiten de forma indirecta a los niños. 

Observar a una figura de referencia que cerraba puertas para sentirse segura puede arraigar la costumbre en la descendencia y transformarla en una respuesta automática ante la incertidumbre.

Los expertos coinciden en que no siempre este comportamiento requiere intervención profesional. Desde el Colegio de Psicólogos de San Juan recuerdan que muchas personas simplemente encuentran en ese gesto una ayuda para relajarse, sin que se trate de una patología.

Sin embargo, conviene prestar atención cuando:

La necesidad se vuelve rígida e inflexible Provoca angustia intensa o crisis de ansiedad al no cumplirse Genera conflictos en las relaciones de pareja o convivencia Interfiere significativamente con la calidad del sueño Se extiende a múltiples objetos o situaciones de forma obsesiva 

Beatriz González, directora de Somos Psicología y Formación, remarca la importancia de identificar el pensamiento que aparece ante un armario o puerta abiertos. “Entender qué idea se activa es clave para no depender de ese control para poder descansar”, subraya. 

En casos donde el comportamiento se acompaña de pensamientos intrusivos recurrentes y consume tiempo significativo, podría tratarse de síntomas asociados al Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC), que requiere evaluación y tratamiento especializado.

Cerrar el armario antes de dormir no constituye un problema en sí mismo para la mayoría de las personas. Como cualquier ritual de higiene del sueño, puede formar parte de una rutina saludable que facilita la transición hacia el descanso. 

El problema surge cuando la persona siente ansiedad irracional, miedo intenso o la imposibilidad absoluta de dormir sin cumplir el ritual. En estos casos, no se trata del mueble ni de la puerta, sino de lo que representan a nivel emocional: la necesidad de control total sobre un entorno que, durante el sueño, escapa parcialmente a nuestra vigilancia consciente. 

La psicología coincide en que identificar las creencias profundas detrás de este comportamiento es el primer paso para recuperar un descanso más libre, flexible y reparador.

Si el gesto ayuda sin generar dependencia ni angustia, puede mantenerse como parte de la rutina nocturna. Pero si se convierte en una exigencia rígida que condiciona el bienestar, merece atención profesional para abordar los mecanismos de ansiedad subyacentes.