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¡Final feliz! El rescate de Boro, el perro perdido tras el accidente de tren en Adamuz
El rescate de Boro, el perro extraviado tras el trágico accidente ferroviario en Adamuz, Córdoba, ha culminado con un desenlace feliz que ha conmovido a toda España. La clave de este éxito reside en la efectiva coordinación entre los cientos de voluntarios y profesionales que se unieron incansablemente en su búsqueda.
La intrahistoria de un rescate ejemplar
Samuel León, instructor y educador canino profesional de Tribu Canina, revela la intrahistoria de una operación que ha resaltado la necesidad imperante de establecer protocolos de actuación oficiales para catástrofes de esta magnitud. La odisea de Boro se inició en un ambiente de incertidumbre y excitación colectiva, que en algunos momentos se tradujo en caos. Ante la falta de un organismo oficial al cual recurrir, diversas cuentas en redes sociales intentaron asumir el protagonismo sin brindar una ayuda real sobre el terreno, generando confusión.
El punto de inflexión se produjo cuando las personas verdaderamente comprometidas con la búsqueda, tanto particulares como asociaciones, contactaron con el entorno familiar.
A partir de ese momento, se formó un grupo de coordinación principal y varios subgrupos para gestionar la llegada de los voluntarios. La difusión organizada en redes sociales dio sus frutos, atrayendo a más personas interesadas en colaborar, incluyendo vecinos de Adamuz que ofrecieron su valioso conocimiento de la zona.
Coordinación y estrategia: claves del éxito
Desde sus hogares, un equipo de personas se dedicó a canalizar la avalancha de ofrecimientos, facilitando la incorporación de nuevos voluntarios. Esta labor fue fundamental para que el grupo de bomberos forestales de Infoca pudiera localizar al equipo principal y unir fuerzas para trabajar de forma conjunta y eficiente sobre el terreno.
La búsqueda fue extremadamente difícil, dada la extensión y el difícil acceso de la zona, repleta de fincas privadas y con la restricción de acceso a la zona cero del accidente. No obstante, el equipo de búsqueda se aferró a la única certeza que poseían: la dirección en la que Boro había escapado.
A partir de este dato objetivo, se plantearon dos hipótesis principales.
La primera opción era que el perro hubiera seguido corriendo por el interior de las vías del tren, que están valladas. Aunque por la mañana se habían registrado un par de kilómetros, existía la posibilidad de que hubiera llegado más lejos. Los voluntarios de Infoca intentaron obtener el permiso para registrar un tramo más amplio, pero les fue denegado por razones de seguridad.
Descartada esa vía, el equipo se centró en la hipótesis que parecía más lógica: que Boro habría salido de la zona de las vías por una puerta de acceso, habría cruzado una carretera por debajo de las mismas y, posteriormente, se habría ocultado en una zona boscosa cercana, alejada del ruido de los servicios de emergencia y los medios de comunicación.
El avistamiento y el rescate final
Fue precisamente en un punto crítico donde los profesionales de Infoca, “que conocían la zona infinitamente mejor que nosotros”, según el educador canino, pudieron acceder. El avistamiento de Boro se produjo con rapidez, confirmando que la estrategia era la correcta.
Tras el avistamiento, se solicitó a los voluntarios que detuvieran la búsqueda para evitar asustar a Boro. Esa noche, el animal no acudió a las voces de sus familiares, probablemente debido al estrés. Se dejaron jaulas trampa con comida y ropa de la familia en la zona.
A la mañana siguiente, Boro, más tranquilo y recuperado del miedo, decidió salir y se dejó coger, poniendo fin a la angustia. El éxito del rescate contrasta con la difusión de informaciones falsas por parte de algunos medios, que fueron desmentidas por los participantes y por la información oficial de Infoca.
Un ejemplo de colaboración y humanidad
El rescate de Boro se ha convertido en un ejemplo del poder del trabajo colectivo bien ejecutado, basado en el conocimiento, la experiencia y la colaboración.
Samuel León concluye: “Hay gente maravillosa en el mundo, aunque a veces se nos olvide”. Personas anónimas de Adamuz y de toda España que se esforzaron al máximo, hicieron su trabajo y, una vez cumplida la misión, regresaron a casa en silencio.













