
El Instituto Alto de los Molinos de la capital ha cambiado durante unos días las aulas por probetas, hipótesis y mucha curiosidad. Desde el pasado día 27, el centro celebra su cuarta semana de la ciencia, una iniciativa que ha convertido el instituto en un auténtico laboratorio donde el alumnado es el gran protagonista a través de cerca de 30 experimentos que van desde la astronomía hasta el análisis forense, demostrando que la ciencia también se aprende creando, experimentando y compartiendo.
El objetivo principal, como en ediciones anteriores, es dar a los estudiantes “el protagonismo en su propio proceso de educación”, explica Antonio Rey, profesor de economía y uno de los impulsores de la iniciativa.
Según Rey, la ciencia se presta muy bien para ello, ya que permite realizar experimentos llamativos que los propios alumnos explican a otros compañeros, profesores o visitantes.
Un ejemplo de ello es el proyecto ‘El banco de los molinos’, donde Sara, una alumna de segundo de la ESO, explica cómo aplicar las matemáticas para ahorrar. “Hemos aplicado el interés compuesto”, detalla, un método que permite acumular una buena cantidad de dinero con el tiempo.
El experimento también contrasta el ahorro con los juegos de azar. Para ello, incluyó una simulación que “ha demostrado que la banca se ha llevado un montón de dinero de los de los clientes”, aclara el docente, quien destaca la “madurez” con la que hablan los jóvenes de estos temas.
Antonio Rey subraya que no solo las materias científicas tienen cabida, y que lo que más les “ha emocionado” es ver cómo departamentos como Filosofía o Lengua “se las han ingeniado para dar un enfoque científico que les permitiese exponer un experimento”.
Como ejemplo, el departamento de Lengua ha creado un juego para descomponer términos médicos complejos a partir de sus raíces griegas y latinas.
Gracias a este enfoque, palabras como colostomía o cromoterapia que parecen misteriosas “se podían desmenuzar como si fueran piezas de lego”, haciendo que el experimento de Lengua fuese a la vez “muy muy científico también”.
El área de Biología ha aportado uno de los experimentos más populares: la incubación de pollitos. El proceso se ha calculado para que los huevos eclosionaran durante la semana de la ciencia.
“Tuvimos suerte y todo ha funcionado muy bien”, comenta Rey, quien lo califica como el “experimento estrella” del evento. “Es muy emocionante ver los pollitos allí recién nacidos”, añade.
Junto a la biología, la química también ha estado muy presente.
Raquel, otra de las alumnas, explica su experimento del globo que se hincha solo al mezclar vinagre y bicarbonato, una reacción donde “se forma una sustancia nueva, que, en este caso, sería un sólido con un líquido y se forma un gas que ocupa todo el espacio”.
Como colofón, la semana científica pondrá a prueba a los alumnos con la visita de cuatro colegios de la capital. El reto será verlos en acción explicando sus experimentos y adaptando el nivel a los estudiantes de primaria, una experiencia que en ediciones pasadas “ha salido de maravilla”.













