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ORO BLANCO SOBRE TIERRA MOJADA: UN RECORRIDO POR LAS SALINAS DE INTERIOR DE ESPAÑA
España, un país con extensas costas, evoca imágenes de salinas marinas. Sin embargo, existe un mapa salino menos conocido, pero igualmente fascinante: el de las salinas de interior, ubicadas en comarcas más asociadas al campo que al mar.
Estas salinas, numerosas y dispersas por el territorio, ofrecen un panorama diverso. Algunas continúan produciendo sal, otras permanecen inactivas, mientras que algunas se han embarcado en proyectos de recuperación patrimonial. Varias están abiertas al público, con visitas guiadas y centros de interpretación, lo que las convierte en una oportunidad para descubrir paisajes y pueblos fuera de las rutas turísticas habituales.
Durante siglos, las salinas de interior fueron un recurso estratégico crucial para la conservación de alimentos, ejerciendo un gran poder económico y político. Sin embargo, la competencia de las salinas costeras y la industrialización provocaron el declive de muchas de estas explotaciones. En la actualidad, se valoran como patrimonio histórico, ecosistemas únicos y atractivos turísticos en el ámbito rural.
Un paisaje blanco lejos del mar
El proceso de extracción de sal en estas salinas es relativamente sencillo, aunque requiere paciencia y condiciones climáticas específicas. El agua salada de manantial se canaliza hacia balsas poco profundas, donde se evapora gracias al sol y al viento. Este método artesanal, que apenas ha cambiado a lo largo de los siglos, permite obtener sal gorda, flor de sal o escamas, según el momento y la técnica de recolección.
Desde las imponentes salinas de Imón y el espectacular Valle Salado de Añana hasta enclaves menos conocidos como Iptuci, Duernas, el Cabezo de la Rosa, Saelices de la Sal, Poza de la Sal o Salinas de Oro, este recorrido propone explorar una muestra representativa de este patrimonio singular y, a menudo, desconocido.
Salinas de Imón (Guadalajara)
Situadas cerca de Sigüenza, en el valle del río Salado, las salinas de Imón fueron durante siglos una de las principales explotaciones salineras de interior de Castilla-La Mancha. Su origen medieval y su vinculación a la Corona explican la magnitud de este conjunto, que incluye grandes almacenes, norias, canales y cientos de albercas, reflejo de la importancia económica de la sal en la región.
La actividad se mantuvo hasta finales del siglo XX, con diversas modernizaciones. Hoy, las salinas están inactivas, pero conservan un paisaje singular, con prados salinos y vegetación adaptada a la alta salinidad. Declaradas Bien de Interés Cultural, existe un proyecto para abrirlas al público y convertirlas en un destino turístico que combine patrimonio, naturaleza y memoria histórica.
Valle Salado de Salinas de Añana (Álava)
En Salinas de Añana se encuentra uno de los paisajes salineros más singulares de Europa. La producción de sal ha sido continua durante más de 7.000 años, gracias a manantiales naturales de agua salada que brotan de un antiguo mar desaparecido. El valle está cubierto por miles de plataformas de evaporación escalonadas, construidas con piedra, madera y arcilla, conectadas por una compleja red de canales.
Tras un declive en el siglo XX, el Valle Salado ha experimentado una importante recuperación. Actualmente, vuelve a producir sal con técnicas tradicionales, comercializando variedades como flor de sal o sal de manantial, muy apreciadas en la alta cocina. Además, ofrece un programa de visitas guiadas, talleres y experiencias, y ha recibido reconocimientos internacionales por su valor patrimonial, agrícola y turístico, siendo reconocido como un Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM).
Salinas Romanas de Iptuci (Cádiz)
En el Parque Natural de los Alcornocales, en Prado del Rey, se encuentran las salinas romanas de Iptuci, las únicas salinas de interior que siguen funcionando en la provincia de Cádiz. Su origen se remonta a la época fenicia, aunque alcanzaron su mayor desarrollo en tiempos romanos, abasteciendo a la ciudad de Iptuci. Desde entonces, el sistema de extracción apenas ha cambiado y sigue siendo artesanal.
En estas salinas se producen distintos tipos de sal, utilizando herramientas tradicionales y sin maquinaria industrial. Las visitas, concertadas previamente, permiten conocer el proceso de producción y adquirir sal. La cercanía del yacimiento arqueológico de Iptuci añade interés cultural a la experiencia.
Salinas de Duernas (Córdoba)
Las salinas de Duernas, situadas en la campiña cordobesa, aprovechan salmueras naturales con una concentración salina cuatro veces superior a la del agua del mar. Su origen se remonta a época romana y han mantenido una actividad casi constante, adaptándose a los cambios históricos y tecnológicos.
A diferencia de otras salinas de interior, Duernas sigue activa y mantiene una producción notable, orientada a la calidad. Además de su valor industrial, el enclave conserva piletas romanas, estructuras medievales y edificios históricos, y se plantea como un espacio con potencial turístico, educativo y ambiental, ligado a la gastronomía local.
Salinas de Saelices de la Sal (Guadalajara)
Las salinas de San Juan, en Saelices de la Sal, forman uno de los conjuntos salineros de interior mejor conservados de Castilla-La Mancha. El complejo incluye pozos, cocederos, albercas, canalizaciones, un gran almacén de sal y una ermita, en un entorno donde la explotación de la sal se remonta a época celtíbera, continuada por romanos y árabes.
Tras décadas de abandono, las salinas han sido restauradas y han recuperado la producción artesanal. Declaradas Bien de Interés Cultural, pueden visitarse y constituyen un ejemplo de cómo el patrimonio industrial rural puede ponerse en valor, combinando historia, paisaje y actividad económica ligada al territorio.
Salinas del Cabezo de la Rosa (Murcia)
Las salinas del Cabezo de la Rosa, en Jumilla, son las únicas salinas de interior de la Región de Murcia con origen romano documentado. Aprovechan un gran diapiro salino, una masa de sal subterránea que explica la presencia de agua salada en este entorno de interior.
A diferencia de otros ejemplos más artesanales, el Cabezo de la Rosa es una explotación moderna y productiva. La extracción se realiza mediante sondeos profundos y procesos industriales, combinados con balsas de evaporación al aire libre. Es un ejemplo de cómo algunas salinas de interior han evolucionado hacia modelos industriales sin perder su vínculo con un antiguo recurso geológico.
Poza de la Sal (Burgos)
Poza de la Sal debe su nombre y su historia a la sal. Durante siglos, este enclave burgalés, cuna de Félix Rodríguez de la Fuente, fue uno de los principales centros salineros del norte peninsular, con referencias documentales que se remontan a la Alta Edad Media y una explotación que tuvo especial importancia en época romana y medieval.
Aunque las salinas ya no están en funcionamiento, su legado sigue presente en la localidad. Poza de la Sal cuenta con un Centro de Interpretación de las Salinas que explica la importancia histórica y económica de este recurso, además de iniciativas culturales como la Fiesta Salinera, que mantienen viva la memoria de un pasado ligado al “oro blanco”.
Salinas de Oro (Navarra)
En Salinas de Oro se conservan los restos de una antigua explotación salinera de interior que tuvo gran importancia a escala local. La presencia de manantiales salados permitió durante siglos la obtención de sal, fundamental para el consumo humano y la conservación de alimentos en la zona.
Hoy, las salinas siguen activas y son un motor económico local y un ejemplo de artesanía viva, manteniendo un importante interés etnográfico y paisajístico. El entorno permite comprender cómo funcionan estas explotaciones tradicionales y cómo la sal condiciona la economía y la sociedad de muchas áreas rurales del interior peninsular.













