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¿Es hora de que una mujer lidere la ONU? Un análisis sobre la falta de equidad de género en la Secretaría General
La Organización de las Naciones Unidas (ONU), fundada con la promesa de “reafirmar la fe en la igualdad de derechos de hombres y mujeres”, se enfrenta a un marcado desequilibrio de género en su puesto de liderazgo más importante: la Secretaría General. Desde su creación, este cargo ha sido ocupado exclusivamente por hombres.
Un anacronismo histórico
GWL Voices, una organización de mujeres líderes, denuncia esta situación como un “evidente anacronismo” y aboga por un cambio. En su informe más reciente, presentado en Madrid, la organización analiza las candidaturas a la Secretaría General desde 1945 y revela que, de 48 candidaturas, solo ocho han sido de mujeres.
María Fernanda Espinosa, exministra de Ecuador y la primera mujer latinoamericana en presidir la Asamblea General de la ONU, argumenta que “necesitamos una secretaria general, pero no porque sea ‘el momento’ para que una mujer ocupe el cargo, sino porque la ONU necesita una nueva perspectiva para afrontar los desafíos globales”.
El proceso de selección y los obstáculos
El proceso de selección del Secretario General comienza con la presentación de candidaturas por parte de los Estados miembros. El Consejo de Seguridad, el principal centro de poder de la ONU, inicia su proceso de selección y recomienda un candidato a la Asamblea General para su nombramiento formal. Sin embargo, los cinco miembros permanentes del Consejo (EE.UU., Rusia, China, Francia y Reino Unido) tienen poder de veto, lo que representa un obstáculo significativo para los candidatos.
Posibles candidatas para el futuro
Aunque aún no hay candidaturas oficiales, ya suenan algunos nombres para suceder a António Guterres, cuyo mandato finaliza este año. Argentina ha postulado a Rafael Grossi, jefe del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), mientras que Costa Rica ha propuesto a Rebeca Grynspan, jefa de la Agencia de la ONU para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD). También se mencionan a Michelle Bachelet, Virginia Gamba y David Choquehuanca.
Espinosa destaca que América Latina y el Caribe tienen una larga tradición de liderazgo multilateral y mujeres con la trayectoria, legitimidad y visión global necesarias para asumir la responsabilidad de la Secretaría General. “Lo fundamental no es personalizar el debate, sino garantizar que cuando llegue ese momento, las mujeres estén realmente en la mesa de decisiones”, afirma.
El techo de cristal en las instituciones internacionales
La falta de mujeres en la cúpula de la ONU no es un caso aislado. Un análisis de 62 instituciones multilaterales revela que, si bien el 46% de las organizaciones están lideradas por mujeres, 21 nunca han tenido una mujer al frente, incluyendo el Banco Mundial, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la FAO.
Los órganos de gobierno de las organizaciones, donde los Estados miembros supervisan y definen las prioridades, también muestran una baja representación femenina, con un promedio del 29%. Esto refleja que, aunque muchas instituciones avanzan internamente en cuestiones de género, los Estados miembros siguen nombrando a hombres para representarlos en los foros de toma de decisiones.
Un llamado a la acción
Espinosa concluye que “ocho décadas sin una mujer al frente de la Secretaría General no pueden explicarse por falta de talento, experiencia o legitimidad política. Esa brecha habla menos de las mujeres y más de un sistema que sigue reproduciendo los mismos patrones de poder”. En un momento de crisis del multilateralismo y desconfianza institucional, la elección de una mujer como Secretaria General sería una señal política potente de renovación, credibilidad y coherencia.













