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La tierra se sigue moviendo bajo La Palma: confirman el desplazamiento ‘silencioso’ de las fallas tras la erupción
Un estudio reciente ha revelado que las fallas de Tazacorte y Mazo en La Palma continúan desplazándose, generando un movimiento lento pero constante que está agrietando viviendas y obligando a replantear la planificación urbanística de la isla.
El hallazgo clave: un movimiento “silencioso”
La investigación, liderada por Miguel Ángel Rodríguez-Pascua del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC), confirmó que las fracturas que guiaron la salida del magma durante la erupción de 2021, formando el volcán de Tajogaite, se han estado moviendo desde mucho antes y continúan haciéndolo en la actualidad.
Si bien la existencia de estas fallas ya era conocida, los científicos han identificado ahora un fenómeno llamado “creep” asísmico, un deslizamiento lento pero continuo que no produce terremotos perceptibles, pero sí la fuerza suficiente para deformar el terreno y las infraestructuras.
Los resultados, publicados en la revista *Natural Hazards*, indican que las fallas de Tazacorte y Mazo registran velocidades de desplazamiento de hasta 2,80 milímetros al año. Aunque estas cifras puedan parecer pequeñas, son geológicamente significativas, ya que estas fallas se mueven casi tres veces más rápido que la falla de Carboneras, considerada hasta ahora la más activa de la península ibérica.
Más allá del cráter: la vigilancia se extiende a la costa
El equipo de investigación decidió ampliar la vigilancia hasta la costa, específicamente a Puerto Naos, una zona turística que no fue afectada directamente por las coladas de lava. Allí, los instrumentos confirmaron que la falla local también muestra actividad, registrando un movimiento constante de apertura y cierre. Esto demuestra que el “creep” de las fallas no se limita exclusivamente a las fallas activas que condicionaron la erupción del volcán Tajogaite.
La importancia de medir las fisuras
Para llegar a estas conclusiones, los científicos desplegaron una red de fisurómetros de precisión, una metodología rápida y económica diseñada para dar respuestas urgentes a los ayuntamientos afectados. Sin embargo, esta técnica tiene sus limitaciones, ya que mide la apertura de una grieta, pero no la dirección exacta del movimiento complejo del terreno.
Por ello, los investigadores enfatizan la necesidad de instalar una red de GPS de alta precisión para monitorizar el desplazamiento a largo plazo, una medida que debería ser una política de Estado gestionada por las administraciones locales.
¿Riesgo de colapso?
La buena noticia para los residentes es que este movimiento es tan gradual que no implica un riesgo de colapso repentino. El deterioro es progresivo y permite detectar con antelación si una vivienda deja de ser habitable. Además, el fenómeno es selectivo y afecta solo a las construcciones situadas justo encima de la línea de fractura, pudiendo dejar intacta una casa situada a escasos metros.
Raúl Pérez, geólogo del IGME-CSIC y coautor del estudio, destaca que el hallazgo de que estas fallas eran preexistentes y responsables de la rápida subida del magma durante la erupción de 2021 es de gran valor. Además, el “creep” asociado a las fallas post-eruptivas también es un fenómeno de emergencia que afecta a las viviendas, similar a lo que ocurre en otras partes del mundo como en el Etna.
Un nuevo paradigma de seguridad en Canarias
Según los autores, este hallazgo cambia el paradigma de la seguridad en Canarias, ya que hasta ahora nunca se habían definido fallas activas de este tipo en el archipiélago. El estudio subraya que la monitorización de estas “cicatrices” geológicas debe ser una tarea permanente, esencial para gestionar las indemnizaciones y reparaciones actuales, así como para una correcta ordenación del territorio que evite construir sobre un suelo que se sabe que seguirá moviéndose.
Nahúm Méndez Chazarra, geólogo y divulgador, considera que fenómenos como el observado en La Palma pueden ayudar a comprender cómo se deforma el terreno antes y después de una erupción, y a tener en cuenta estos procesos para construir infraestructuras y viviendas más resilientes.













