Un municipio de Huelva erigió una estatua de Lenin durante la Guerra Civil a pesar de estar en el bando nacional y el significado era religioso

Un municipio de Huelva erigió una estatua de Lenin durante la Guerra Civil a pesar de estar en el bando nacional y el significado era religioso
Imagen de archivo: https://www.cope.es/

90 años han transcurrido desde que comenzó la Guerra Civil española y, sin embargo, muchos la siguen teniendo en su boca día sí y día también. Es, sin duda, agotador, porque después de haber pasado tanto tiempo de esta desgarradora guerra, prácticamente no queda nadie vivo en España que la haya vivido.   

Hablar de ella desde un punto de vista histórico y aportando contexto para mostrar el horror de una guerra fratricida es, sin duda, lícito. Pero hacerlo para atacar, comparar y traerla al presente de tal manera que siga polarizando a la sociedad, es deleznable. Más allá de las opiniones personales, es importante hablar del conflicto, que duró tres años (hasta 1939) para evitar que se vuelva a repetir.

Y es que la Guerra Civil, que fue cruel y cruenta, fue la antesala de un régimen dictatorial (que otros sacan cada tanto a relucir) y que, finalmente, trajo democracia a nuestro país.

Siendo la única guerra (gracias a Dios) civil que ha ocurrido en España en la Historia Contemporánea, necesitamos recordarla para poder evitarla.

Primero de todo, hay que ponerse en el contexto mundial. En 1918 había acabado la Primera Guerra Mundial, que había sumido a Europa en la desesperanza y la escasez. Tras recuperarse, se había comenzado a vivir una época de cierta calma y felicidad, que volvió a quebrarse con el crac del 29 en Estados Unidos.   

En un contexto de pobreza, una paz mal resuelta y el auge de los totalitarismos en Europa, se estaba creando el caldo de cultivo perfecto para una Segunda Guerra Mundial, que llegaría en el año 1939.

Y es en este periodo entreguerras, cuando estalla la Guerra Civil española. Tras el fracaso de la dictadura de Miguel Primo de Rivera, se convocaron elecciones municipales, ganando en los municipios rurales los republicanos, lo que les sirvió ilícitamente para proclamar la república en España.

Con el rey exiliado y convirtiendo a España en un país sin ley, la sociedad se iba polarizando cada vez más y los republicanos atentaban, entre otras cosas, con todo lo que tuviera que ver con la fe católica.

Tras un gobierno del Frente Popular, España estaba al límite.

No fue hasta el asesinato de José Calvo Sotelo, que había sido ministro con Primo de Rivera, en julio de 1936 cuando todo saltó por los aires. En un clima político y social tan convulso, el 18 de julio de 1936 el jovencísimo general Franco dio un golpe de Estado con el que comenzaría la guerra.

Dividida España en dos bandos, el republicano y el nacional, comenzó una guerra que enfrentaría a padres, hermanos y amigos y en la que todos acabaron perdiendo. Siendo Madrid ese bastión que los nacionales no pudieron controlar durante años, sí fueron haciéndose con el resto de la península.

No fue hasta abril de 1939 que la guerra terminó, dando comienzo, así, al régimen franquista.

No es ningún secreto que ambos bandos participantes en la Guerra Civil, tenían pretensiones y apoyos internacionales. Si el bando nacional se sentía más cercano a los regímenes de Mussolini y Hitler, el republicano simpatizaba con los comunistas rusos.   

Y aquí es donde entra en juego este municipio de Huelva, Castaño de Robledo.

Se trata de un municipio onubense bastante pequeñito, con apenas 13 kilómetros cuadrados de superficie y cuya economía se basaba en la explotación de recursos mineros.

Así pues, ahí, durante la Guerra Civil, residían mineros más asociados con las ideas comunistas. Ellos, visto el avance del bando nacional en la zona, decidieron huir, no sin antes quemar el retablo de la parroquia, las imágenes y demás tesoros.

Se necesitaba recuperar el culto, lo que surgió cuando entró de lleno el bando nacional. Había que restaurar la iglesia, y se ordenó crear una imagen de Santiago Matamoros, al que consagrarían la parroquia.

Querían que el santo estuviera a los lomos de un caballo y que, pisoteado por el mismo, se encontrase, en lugar de un moro, “una efigie de hordas rojas”. Atendiendo a la orden, se inspiraron en Lenin, vestido con su uniforme moscovita, con casco, estrella roja, y la hoz y el martillo.

Una estatua que se retiró, pero que permaneció una serie de años para recordar el horror comunista.