Tomás Guitarte, candidato de Aragón – Teruel Existe a la presidencia de Aragón: "Gano mucho menos en política que lo que ganaba siendo arquitecto"

Tomás Guitarte, candidato de Aragón - Teruel Existe a la presidencia de Aragón: "Gano mucho menos en política que lo que ganaba siendo arquitecto"
Imagen de archivo: https://www.cope.es/

Tomás Guitarte, candidato de Aragón-Teruel Existe a la presidencia de la comunidad autónoma aragonesa, lleva una vida marcada por la carretera. Su rutina diaria de más de 240 kilómetros entre su casa en Calamocha (Teruel) y su trabajo en las Cortes de Aragón (Zaragoza), no es solo una anécdota sino toda una declaración de principios que define su proyecto político y su apego al territorio.

Cada mes, el coche de Guitarte suma unos 6.000 kilómetros. Un hábito que él mismo califica de “muy importante para no perder el contacto con la realidad cotidiana”. Según explica, este ir y venir diario le obliga a “tener los pies en el suelo”, ya que al volver a casa se encuentra con sus vecinos, con el agricultor o el albañil, quienes le transmiten la percepción real de su labor política.

Lejos de plantearse una mudanza a Zaragoza por comodidad, el candidato de Aragón – Teruel Existe, defiende su estilo de vida como un ejemplo de la viabilidad del mundo rural.

“Queremos poner en evidencia que es factible otro modo de vida, probablemente más condicionado por la movilidad”, afirma. Por ello, considera clave la inversión en buenas carreteras y telecomunicaciones como el 5G, herramientas que, junto al teletrabajo, suponen “una oportunidad para las áreas rurales”.

Guitarte, arquitecto de profesión, zanja rápidamente la polémica sobre su supuesto origen valenciano, un ataque que recibió al entrar en el Congreso. “Es mentira”, aclara, explicando que su familia emigró cuando él tenía 10 años para que pudiera estudiar, pero que él siempre mantuvo el vínculo y regresó a la provincia de Teruel en cuanto terminó su formación para abrir su primer despacho de arquitectura en Calamocha. “Mentalmente siempre estuve en Teruel”, asevera.

Antes de su salto a la política, gozaba de una exitosa carrera profesional como arquitecto, con obras tan icónicas como el Observatorio de Javalambre. 

Su decisión de cambiar el estudio de arquitectura por el escaño no fue económica.

“Vengo a la política por convicción. Obviamente, gano muchísimo menos que ganaba antes ejerciendo mi profesión”, confiesa.

Su implicación nació del Movimiento Ciudadano Teruel Existe, donde conoció a “la mejor gente” de su vida. Tras 20 años de activismo altruista, sus compañeros le pidieron que diera el paso y encabezara la lista electoral, una decisión que, aunque le “dolió” por tener que reordenar su vida profesional, considera que “ha merecido la pena”.

El núcleo de su discurso se centra en la idea de que la igualdad que pregona la Constitución “debe ser efectiva”. Guitarte defiende que el Estado tiene “una deuda histórica” con territorios como Teruel y el Aragón más despoblado, que fueron “sacrificados en aras del desarrollo de otros”.

Por ello, exige medidas para compensar esos déficits y corregir un modelo de desarrollo que considera injusto.

Más allá de la política, Guitarte es un apasionado del deporte y la historia. De joven jugó al rugby, una disciplina que, asegura, le ayudó a forjar su carácter y a “aumentar el límite de resistencia”. Aunque ya no compite, sigue siendo un “andarín” que disfruta paseando por el monte.

Otra de sus grandes aficiones son las recreaciones históricas. Participa activamente en las Bodas de Isabel de Segura en Teruel y en la escenificación de la batalla de Cutanda de 1120.

Para él, es “una forma de hacer que la historia también llegue a la conciencia de la gente” a través de la máxima fidelidad en la vestimenta y los utensilios de la época.

En el plano personal, este arquitecto y padre de tres hijos —el mayor de los cuales ha seguido sus pasos profesionales—, recuerda con especial emoción una anécdota familiar. La cara de “ilusión y sorpresa” de sus hijos pequeños al descubrir un pez en el río de su pueblo, un momento que le demostró la capacidad de asombro de la infancia y del que todavía conserva una fotografía.