CUARENTA AÑOS DESPUÉS: EL DESASTRE DEL CHALLENGER, UNA LECCIÓN AÚN VIGENTE

CUARENTA AÑOS DESPUÉS: EL DESASTRE DEL CHALLENGER, UNA LECCIÓN AÚN VIGENTE
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CUARENTA AÑOS DESPUÉS: EL DESASTRE DEL CHALLENGER, UNA LECCIÓN AÚN VIGENTE

El 28 de enero de 1986, la NASA se preparaba para un evento histórico: el primer viaje al espacio de una profesora, Christa McAuliffe, que impartiría clases desde la órbita terrestre. Millones de personas en todo el mundo, incluyendo escuelas estadounidenses conectadas en directo, esperaban el lanzamiento del Challenger desde Cabo Cañaveral, Florida.

El transbordador despegó sin problemas aparentes, pero 73 segundos después, la nave se desintegró en una explosión que dejó una impactante estela de humo blanco en el cielo.

Los siete tripulantes, incluida McAuliffe, perdieron la vida. Este suceso interrumpió el programa educativo de la NASA, diseñado para inspirar vocaciones científicas.

La causa técnica del desastre

Las investigaciones revelaron que una fuga de gas en el cohete propulsor derecho provocó un aumento de temperatura y velocidad, superando la capacidad estructural de la nave.

El componente responsable fue una junta tórica de material plástico, un O-ring, que debía sellar el motor propulsor. Las bajas temperaturas de la noche anterior contrajeron el material, impidiendo un sellado adecuado.

Advertencias ignoradas

Días antes del lanzamiento, se produjeron intensas discusiones entre técnicos de la NASA, personal de Cabo Cañaveral y representantes de Morton Thiokol, la empresa fabricante de las juntas.

Los ingenieros de Morton Thiokol advirtieron que con temperaturas inferiores a un grado centígrado, las juntas no garantizarían el sellado.

Sin embargo, la NASA optó por no retrasar la misión, presionada por cumplir los plazos.

La administración Reagan había convertido el programa de transbordadores en un símbolo de la ciencia estadounidense, lo que generó una presión adicional para llevar a cabo la misión.

Consecuencias del accidente

El accidente del Challenger paralizó el programa de transbordadores espaciales durante años y transformó radicalmente los protocolos de seguridad de la NASA.

Se modificaron los sistemas de comunicación interna, se reforzaron los controles de seguridad previos al lanzamiento y se hizo obligatorio el uso de trajes de presurización durante el despegue y el aterrizaje.

En 2003, la catástrofe del Columbia marcó el fin definitivo de este sistema de lanzamiento espacial.

El impacto duradero del Challenger

El Challenger sigue presente en la memoria colectiva por varios motivos. Fue el primer accidente mortal en vuelo de una nave espacial estadounidense, retransmitido en directo ante millones de espectadores, incluyendo niños en las escuelas.

La presencia de Christa McAuliffe, símbolo del programa educativo “Teacher in Space”, convirtió la tragedia en un evento especialmente cercano y conmovedor.

Cuarenta años después, el desastre del Challenger sigue siendo una lección sobre los peligros de priorizar los plazos y las presiones políticas sobre la seguridad, y un recordatorio del precio humano que puede tener ignorar las advertencias técnicas. Las siete vidas perdidas aquel 28 de enero cambiaron para siempre la forma de entender los riesgos de la exploración espacial.