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SIETE PUEBLOS CON ENCANTO PARA DESCUBRIR EL ALENTEJO
El Alentejo, una de las regiones más extensas y variadas de Portugal, ofrece un viaje a través de joyas como Marvão o Monsaraz, y villas artesanas como Arraiolos. Esta ruta propone descubrir algunos de los pueblos más bonitos de la región, caracterizados por sus casas blancas y castillos con historia.
El Alentejo, que significa literalmente “más allá del Tajo”, se extiende al sur del río Tajo y se divide en cuatro áreas principales: Alto Alentejo, Alentejo Central, Baixo Alentejo y Alentejo Litoral. Cada área presenta paisajes distintos, desde sierras y llanuras hasta pueblos en lo alto de colinas y villas junto a ríos como el Guadiana. Durante siglos, fue territorio de frontera, por lo que muchos de sus pueblos se levantaron en lugares elevados y protegidos, con castillos y murallas. Hoy conservan cascos históricos con casas blancas, calles empedradas, chimeneas y plazas donde se comerciaba.
Esta ruta se centra en pueblos de tamaño pequeño o medio, fáciles de recorrer a pie y con mucha personalidad. Ciudades como Évora o Elvas, ambas Patrimonio Mundial, quedan fuera de esta selección porque buscamos lugares más recogidos, pequeños pueblos con encanto. El recorrido pasa por Marvão, Castelo de Vide, Monsaraz, Estremoz, Vila Viçosa, Arraiolos y Mértola, ofreciendo una muestra de la diversidad de esta región portuguesa.
Marvão
Marvão se alza en lo alto de la Serra de São Mamede, cerca de la frontera con España, convirtiéndose en uno de los pueblos más espectaculares del Alentejo. Construido sobre la roca y rodeado de murallas, domina el paisaje con vistas amplias sobre la llanura. Durante siglos fue un enclave estratégico, y ese pasado defensivo sigue presente en su trazado.
El recorrido por Marvão es sencillo y agradable. Sus calles estrechas y empedradas discurren entre casas blancas y pequeños comercios, hasta llegar al castillo, uno de los más bonitos de Portugal, desde donde se obtiene una fantástica panorámica de la región. Marvão también sorprende por su vida cultural, con festivales de música y cine que se celebran en distintos momentos del año.
Castelo de Vide
A pocos kilómetros de Marvão, Castelo de Vide ofrece un ambiente distinto, más abierto y activo. El pueblo se extiende por la ladera de una colina y destaca por su casco histórico bien conservado, sus calles empedradas y su pasado judío, visible sobre todo en la antigua judería. Es un lugar que invita a pasear sin rumbo, con cuestas suaves, pequeñas plazas y rincones muy cuidados.
En lo alto se encuentra el castillo, desde donde se obtienen buenas vistas del entorno y del propio pueblo. En la parte baja, la Fonte da Vila y la plaza que la rodea son puntos agradables para hacer una pausa. Castelo de Vide tiene fama de ser uno de los pueblos más bonitos del Alto Alentejo, no solo por su patrimonio, sino también por el ambiente tranquilo y acogedor que se respira en sus calles. Además, ofrece buenos restaurantes para disfrutar de la gastronomía típica de la región.
Estremoz
Estremoz es uno de los grandes nombres del Alentejo Central, combinando patrimonio, vida local y tradición. El pueblo está marcado por el mármol, presente en edificios, calles y plazas, y por su historia ligada a la realeza portuguesa. Su silueta destaca por la Torre del Homenaje del castillo, visible desde buena parte de la llanura.
El casco histórico se organiza en torno a la ciudad alta, amurallada, y la parte baja, donde se encuentra la amplia plaza de Rossio. Los sábados por la mañana se celebra uno de los mercados más conocidos de la región, muy animado y frecuentado tanto por locales como por viajeros. Estremoz es un buen ejemplo del Alentejo más auténtico, donde lo monumental convive con la vida cotidiana.
Vila Viçosa
Vila Viçosa sorprende por su aire elegante y señorial, distinto al de otros pueblos del Alentejo. Fue residencia de la Casa de Bragança y ese pasado se refleja en su trazado urbano y en el protagonismo del Paço Ducal, que preside una gran plaza abierta y luminosa. El mármol vuelve a estar muy presente, aportando una estética firme y noble.
Además del palacio, merece la pena recorrer el centro histórico, visitar el castillo y pasear sin prisas por sus calles tranquilas. Vila Viçosa no es un pueblo grande, pero transmite una sensación de equilibrio entre lo rural y lo señorial, siendo una parada perfecta para entender la otra cara del Alentejo, ligada al poder y a la historia nobiliaria.
Arraiolos
Arraiolos es conocido en todo Portugal por sus alfombras artesanales, una tradición que sigue muy viva y que forma parte de la identidad del pueblo. El casco urbano se extiende en pendiente hacia lo alto de una colina, creando un conjunto irregular y fotogénico. Aquí el ambiente es rural, con un ritmo tranquilo y una fuerte conexión con el entorno.
En lo alto se alza su castillo circular, singular, desde donde se obtienen vistas abiertas sobre la llanura alentejana. En el centro del pueblo, pequeñas tiendas y talleres muestran el trabajo artesanal que ha dado fama a Arraiolos. Es una parada sencilla, sin grandes monumentos, pero auténtica y coherente con el espíritu de la región.
Monsaraz
Monsaraz es uno de los pueblos más icónicos del Alentejo. Situado sobre una colina y rodeado de murallas, ofrece una imagen reconocible: casas blancas, calles empedradas y vistas directas sobre el Guadiana y el embalse de Alqueva. A pesar de su popularidad, conserva un ambiente tranquilo, sobre todo fuera de los meses de verano.
El paseo por la Rua Direita conduce hasta el castillo, uno de los mejores miradores de la zona. Desde aquí, el paisaje se abre en todas direcciones. Monsaraz es un pueblo pequeño, fácil de recorrer, ideal para detenerse, sentarse en una terraza y simplemente dejar pasar el tiempo.
Mértola
Mértola marca un cambio de paisaje y atmósfera. Situada a orillas del río Guadiana, en el Baixo Alentejo, su historia está ligada al pasado islámico de la región. El pueblo se adapta a la colina de forma escalonada, con calles empinadas que conducen hasta el castillo y el núcleo histórico.
Uno de sus edificios más singulares es la antigua mezquita, hoy convertida en iglesia, un ejemplo poco común en Portugal. Mértola forma parte del Parque Natural del Valle del Guadiana, lo que refuerza su vínculo con la naturaleza y el entorno fluvial. Es un final de ruta perfecto, distinto a los pueblos del norte, y una muestra de la diversidad histórica y paisajística del Alentejo.













