
Foto: Archivo – Todos los derechos reservados
Regularización de migrantes en España: La Iglesia celebra la medida e insiste en la integración
La reciente aprobación por parte del Gobierno español de un proceso de regularización extraordinaria de migrantes, que beneficiará a cerca de 500.000 personas, ha sido recibida positivamente por la Iglesia. Sin embargo, desde la institución religiosa se advierte que este es solo el primer paso, y que el verdadero desafío reside ahora en lograr una integración efectiva de estas personas en la sociedad.
Un paso necesario, pero no suficiente
Monseñor Fernando García Cadiñanos, obispo de Mondoñedo-Ferrol y responsable de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española (CEE), ha expresado que esta medida responde a una preocupación fundamental de la Iglesia: el cuidado de las personas. El obispo ha recordado que diversas organizaciones eclesiales se han implicado directamente en esta iniciativa, que busca permitir que miles de personas que ya residen en el país puedan acceder a un trabajo legal, contribuyendo así a la seguridad social y al bien común a través de los impuestos.
Según García Cadiñanos, esta regularización administrativa es clave para lograr una integración más plena y el ejercicio de los derechos de las personas que ya están en España. La medida complementa el actual reglamento de extranjería, ofreciendo una respuesta a aquellos que no podían acogerse a otras vías ordinarias, brindando tranquilidad a muchas personas y regulando una necesidad imperiosa en el mercado laboral.
El desafío de la integración real
El obispo ha insistido en que la regularización es solo el primer paso.
El siguiente horizonte, mucho más complejo, es el de la acogida y la integración real, que implica garantizar el acceso a una vivienda digna, un empleo digno y a la educación. En este sentido, ha recordado el documento de la CEE titulado ‘Comunidades acogedoras y misioneras’, que aborda las migraciones como un reto para la hospitalidad cristiana.
A partir de esta nueva situación legal, se trata de que entre todos se intente descubrir lo que los migrantes aportan de esperanza a la cultura y a la vida social, para que de esa manera la sociedad pueda enriquecerse.
Desigualdad y la raíz del problema migratorio
El responsable de Migraciones del Episcopado ha señalado la desigualdad, la inequidad y la injusticia manifiesta en el mundo como la raíz del problema. Considera que muchos flujos migratorios son consecuencia directa de un sistema que no permite un desarrollo vital seguro en las naciones empobrecidas, lo que obliga a las personas a buscar un futuro mejor lejos de sus hogares.
Por ello, ha defendido que la solución de fondo pasa por transformar este sistema económico y cultural para construir un mundo más justo. Es la única forma, según él, de que el derecho a migrar, así como el derecho a no migrar, se pueda ejercer de forma libre.
La Iglesia, ha explicado, no solo habla de acogida, sino que también trabaja en los países de origen y reconoce el derecho de los Estados a regular los flujos, siempre desde el prisma del bien común.
Superar miedos y prejuicios
García Cadiñanos se ha mostrado cauto sobre si España y Europa están preparadas para afrontar este desafío, lamentando que las ideologías y los miedos impiden hacer un discernimiento adecuado de este fenómeno. En su opinión, los discursos actuales están demasiado marcados por las falsas noticias o por el miedo, lo que impide abordar la realidad de una forma serena y constructiva.
Como antídoto, el obispo ha propuesto la cercanía: el encuentro con las personas, con sus historias y con sus proyectos de vida ayuda a romper muchas barreras y prejuicios. Ha insistido en distinguir el fenómeno general de las personas concretas, señalando que los discursos se rompen cuando se encuentran con personas concretas.
Finalmente, ha concluido con una nota de optimismo, afirmando que la sociedad española es fundamentalmente una sociedad de acogida, donde los migrantes, en general, se han integrado de forma muy positiva. Un camino que, gracias a esta regularización, puede ahora continuar sobre una base más sólida de derechos y seguridad.













