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GUSTAVO GIMENO: DE LA PERCUSIÓN A LA BATUTA, UN LIDERAZGO FORJADO EN LA MÚSICA
Entre los altos arcos del Auditorio Nacional, un dedo apuntaba al cielo. El “Concierto nº 2” para piano de Rachmaninov se abría de forma dramática, como un sollozo. El dedo se elevaba a medida que los acordes del piano crecían, un ‘in crescendo’ paulatino. Así también la música se fue formando en la vida de Gustavo Gimeno, el maestro que dirigía a la Toronto Symphony Orchestra, su conjunto, y que visitó recientemente Ibermúsica.
Su brazo se extendía mientras daba indicaciones a los músicos.
«No recuerdo la primera vez que escuché música, es imposible, porque crecí en una familia de músicos. Mi padre era músico profesional, tocaba en la banda municipal en Valencia, era profesor de clarinete, se escuchaba música en casa, me llevaba de niño a conciertos. La música nunca fue una verdadera decisión consciente porque estaba ahí», confiesa Gimeno.
DE TIMBALES A LA DIRECCIÓN: UN CAMINO INESPERADO
Gimeno asumió la titularidad del conjunto de Toronto en 2020 y, en julio del año pasado, la dirección musical del Teatro Real. Sin embargo, su relación con la música no comenzó con una batuta, sino con dos baquetas y un timbal.
«Era bastante inquieto, vivaz, extrovertido en esos años, y me atraía de manera particular la percusión. Ahora me parece un poco como si fuera otra persona. En el fondo somos todos los mismos que éramos y a la vez no, y yo creo que era por eso por lo que me atraía, parecía algo activo y que representaba un poco mi personalidad de la niñez. Luego mi relación con la percusión cambió», relata.
Al igual que la obra de Rachmaninov aumenta en intensidad, el interés por la música creció de forma paulatina en Gimeno.
«A medida que iba cubriendo etapas en mi vida y desafíos o cosas que iba alcanzando, mi interés por conocer más música, mejor y más profundamente, crecía. Era como un desarrollo lógico si alguien aspira a que su relación con la música sea más intensa, más profunda, más fuerte. Cuando te das cuenta de que es una forma de vida, eso puede llevarte a muchos pensamientos, preocupaciones, pero por esa razón también, cuando todo va bien, grandes estímulos; es muy gratificante».
INFLUENCIAS Y APRENDIZAJE: JONSONS Y ABBADO
Gimeno está terminando de ensayar antes del concierto junto a la orquesta y Bruce Liu, el joven pianista que ganó el Concurso Chopin en 2021. Salta del podio al patio de butacas para comprobar la acústica.
Su vida ha sido un salto similar, de la percusión a la dirección. Su vocación se forjó definitivamente cuando era percusionista de la Royal Concertgebouw Orchestra. «Recuerdo que era mi primer trabajo fijo y tenía horarios concretos, y eso me permitía seguir clases de dirección. A la vez, estaba rodeado de algunos de los mejores músicos del mundo, con una orquesta de tradición y con grandísimos directores delante de mí, donde tenía tiempo de coger la partitura y más o menos seguir el ensayo».
Estudió dirección bajo la guía de Mariss Jansons y Claudio Abbado, quienes confiaban en él más que el propio Gimeno.
«Nunca tuve ambiciones de carrera. Yo lo hacía por placer, por interés y porque me gusta la música. También cuando tenía este trabajo en la orquesta pensé: esto es fantástico, maravilloso, ¿y ahora qué? ¿Voy a estar repitiendo más o menos lo mismo durante treinta o cuarenta años?
Y no me sentía identificado con esto. No tenía sueños de carrera ni me hacía planteamientos de largo plazo, no pensaba ser director. Digamos que una cosa me llevó a la otra y en un momento dado me vi en ese peldaño, en esa posición de que quizá podría, pero no era tanto que yo lo hubiera planificado con años de antelación, sino más bien que me atraía y a lo mejor había una posibilidad».
La influencia de Abbado y Jansons fue esencial. Con el segundo trabajó como músico y asistente.
Abbado lo animó y protegió. «Ambos me animaban, me protegían, me abrían puertas, y entonces estar con ellos, observar en qué pensaban, cómo trabajaban, cómo se sentían… Fue un regalo en todos los sentidos, puedes absorber todo un mundo de gente que admiras tanto, y es una gran oportunidad estar cerca de alguien tan ilustre esperas que algo se te pegue, y ahí te dan muchas posibilidades de aprender, de mirar el mundo a través de sus ojos».
LIDERAZGO Y PASIÓN: LA CLAVE DE GIMENO
Su pasión es evidente en los ensayos. Sus brazos abrazan la música, a veces la golpean, y luego la vuelve a abrazar. «Soy un gran fan de este tipo de vida, y aún a día de hoy sigo escuchando grabaciones o lo que hacen otros directores, o voy a conciertos o ensayos cuando puedo.
Soy un gran amante. No tengo remedio».
Gimeno divide su vida entre Toronto y Madrid, dirigiendo la orquesta americana y la del Teatro Real. «Se gestiona con planificación. Son dos continentes, dos orquestas, pero a la vez eres consciente de que tienen dos casas y de que contrastan: una sinfónica y una operística, Europa y Norteamérica, con maneras de funcionar a todos los niveles diferentes.
Esto te da perspectiva, pero en ambos casos me siento en casa. Ahora, por ejemplo, esta gira es lo que tenemos, pero luego dirijo otro programa en Toronto y después pasaré aquí siete semanas para ‘La novia vendida’. de Bedřich Smetana, en el Teatro Real. Básicamente estoy con dos casas y con dos sitios que adoro y donde me gusta hacer música».
Durante los ensayos, Gimeno muestra un liderazgo innato.
«Ha cambiado todo. Las orquestas también son más profesionalizadas, más preparadas, son conscientes de cuál es el rol de un individuo en un colectivo. No hay tampoco ninguna necesidad, y sería un error que los directores lo enfocaran con actitudes o un acercamiento más o menos autoritario, que es innecesario y que no te lleva a ninguna parte. Haciendo lo que hago, tengo la sensación de que tomo decisiones y me toca liderar el ensayo y decidir qué se hace en cada momento, pero en el fondo tengo la sensación, y e n el concierto es más evidente , de estar haciendo música con otros músicos, con otros seres humanos que aman la música como yo y que queremos lo mejor para el resultado final.
No me siento solo, en el sentido de que solo a mí me interese la música y, por tanto, tenga que insistir en algo».
Músicos de la orquesta confirman su liderazgo. Joseph Johnson, primer chelista, recuerda el primer ensayo con Gimeno y la energía entre él y la orquesta. Clare Semes, segunda concertino, destaca cómo Gimeno saca partes distintas de la música, haciendo cada concierto diferente. Jesse Dale, contrabajista, elogia la buena energía y la unidad que Gimeno logra en la orquesta.
UN COLOFON DE CHOPIN Y UN LIDERAZGO DISCRETO
Al terminar la primera parte del concierto, el público aplaude al solista, la orquesta y a Gimeno.
Este cede el protagonismo a Liu, quien interpreta ‘Fantasía Impromptu’, de Chopin. Gimeno lo mira y sonríe, aplaudiendo discretamente. «Tenemos capacidad de maniobra y debemos ejercerla, pero al final somos colegas que hacemos música juntos. A mí lo que me interesa es que los músicos quieran tocar música, disfruten tocando música, y yo sé que cuando se toca muy bien uno está más contento y disfruta más.
Yo quiero al final ver a gente a mi alrededor feliz. Yo no tengo ningún placer ni me da ninguna felicidad ver a alguien pasando un mal rato para que yo esté mejor».
¿Cómo se alcanza la visión de una composición? «Todos son fuentes que te pueden ayudar a formar tu propia idea: lo escrito, lo que hizo el compositor en su momento, si habló de su obra o si hay una grabación, intérpretes del pasado que han estado en relación con el compositor y que han tomado ciertas decisiones, hacer la obra una serie de veces en diferentes sitios, el paso del tiempo, tu misma evolución a nivel personal… Todo contribuye a formar algo dentro, en tu mente o en tu espíritu, emocionalmente hablando.
No existe la visión objetiva, es imposible. Somos seres humanos que analizamos e interpretamos el material que tenemos delante. Por tanto, aquello de obedecer a todo lo escrito no es el objetivo. El objetivo es que cobre vida y la notación es limitada.
Todo aquello que leas y todas las experiencias y todos aquellos músicos que te puedan aportar algo en una interpretación van a formar tu propia interpretación. Pero inevitablemente una interpretación siempre tendrá, y requiere incluso, personalidad. Es lo que no debe faltar en una interpretación aséptica».
Gimeno dirige como es, no entiende otra forma de hacerlo. «La vida interior de un director se transmite a la hora de dirigir.
Tu forma de ser toma tus movimientos físicos, toma tu mente y tu espíritu, y te expresas a través de ello. Seguramente nos expresamos mejor quienes somos esencialmente con música que con palabras, seguramente, pero inevitablemente, y es lo ideal también, que el arte y hacer música sea esa vía por la cual nos expresamos».













