Polémica en Málaga por la instalación de esculturas de Venus y Neptuno en el Puerto

Polémica en Málaga por la instalación de esculturas de Venus y Neptuno en el Puerto
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Polémica en Málaga por la instalación de esculturas de Venus y Neptuno en el Puerto

La ciudad de Málaga se encuentra inmersa en un acalorado debate debido a la inminente instalación de unas esculturas de Venus y Neptuno en el acceso al Puerto. El proyecto, impulsado por el Presidente de la Autoridad Portuaria, Carlos Rubio, cuenta con el respaldo del alcalde Francisco de la Torre, quien asegura que la Gerencia de Urbanismo no ha presentado objeciones.

Se trata de un conjunto escultórico del artista Ginés Serrán, denominado “Las columnas del mar”, compuesto por las figuras mitológicas y dos leones que las acompañan. Neptuno tendrá una altura de 7,5 metros y Venus de cinco, con pesos de 2,25 y 1,9 toneladas respectivamente. Se prevé que las figuras se instalen en pedestales de tres metros en un plazo aproximado de un mes.

Sin embargo, la iniciativa ha generado una fuerte controversia. Se cuestiona la estética de las obras, calificadas por la Real Academia de Bellas Artes como “más propias del Universo Marvel”. También se critica el gasto de 70.000 euros de dinero público para la instalación de las esculturas, cedidas en comodato, así como su impacto paisajístico y simbólico, ya que se ubicarán en un espacio que linda con el Centro Histórico, declarado Bien de Interés Cultural.

Dudas sobre la temporalidad y la legalidad

Inicialmente, se ha planteado que las esculturas permanecerán en el lugar durante seis meses, antes de ser trasladadas a una ubicación “más idónea”. No obstante, el propio escultor ha reconocido que este período servirá para evaluar la reacción del público y determinar si se decide su continuidad. Además, existen dudas jurídicas sobre la posibilidad de que el Puerto pueda retirarlas unilateralmente una vez instaladas.

Los críticos lamentan que una decisión de esta envergadura no haya sido sometida a debate ciudadano ni haya pasado por el Consejo de Administración del Puerto ni por el debate municipal. Consideran que, aunque se ubiquen en suelo portuario, las esculturas condicionan la imagen de la ciudad.

El Presidente del Puerto defiende la legalidad del proyecto y minimiza las críticas estéticas, argumentando que la instalación es temporal. Sin embargo, esta justificación no convence a diversas instituciones culturales, que advierten de la necesidad de una licencia municipal previa, incluso tratándose de suelo portuario.

Posturas encontradas entre instituciones

Estas instituciones sostienen que la intervención no es “estrictamente portuaria” y que el Ayuntamiento debe intervenir en obras que se integren funcionalmente en la ciudad, afecten a su estética o accesibilidad, o tengan finalidad cultural o expositiva. En este sentido, citan varias sentencias del Tribunal Supremo.

Tras manifestar dudas iniciales, el alcalde ha afirmado que los técnicos de Urbanismo consideran que el Ayuntamiento no tiene que intervenir, opinión que comparte la delegación de Cultura de la Junta de Andalucía. Sin embargo, las instituciones culturales malagueñas han expresado su sorpresa ante la inhibición de la Consejería de Cultura, recordando que la protección del Centro Histórico abarca su entorno, percepción simbólica e imagen cultural.

Críticas estéticas y un proyecto polémico

La Academia de Bellas Artes de San Telmo ha calificado las obras como “pseudo-neoclasicismo pretencioso y grandilocuente”, “más propio del cómic de superhéroes y superheroínas surgido del universo Marvel”. Por su parte, el escultor Ginés Serrán ha expresado su contrariedad y ha acusado a algunos académicos de juzgar sus obras sin conocimiento.

Más allá del aspecto estético, se cuestiona la opacidad con la que el Puerto ha tramitado un expediente con un evidente impacto visual, simbólico e incluso emocional, en un espacio ya marcado por la polémica en torno a la construcción de un rascacielos.

La tramitación del proyecto de las esculturas ha sido discreta. Durante cuatro años, la idea permaneció latente y no pasó por los órganos de gobierno del Puerto. En abril de 2025, el Presidente Rubio lo llevó al Consejo de Administración, pero lo retiró en el último instante. En julio, volvió a presentarlo, y fue entonces cuando los consejeros lo aprobaron sin oposición.

Algunos consejeros alegan que Rubio actuó de mala fe, enterrando la cuestión entre decenas de asuntos y omitiendo aclarar cuál iba a ser la ubicación definitiva. En cambio, el debate se centró en la fórmula elegida para aceptar el regalo: el comodato durante 25 años, con el fin de evitar la tributación, a pesar de que Puertos del Estado prefería la donación.