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La Productividad en España: Luces y Sombras de un Crecimiento Inédito
España se enfrenta a un momento económico singular, marcado por el crecimiento simultáneo del Producto Interno Bruto (PIB), el empleo, los salarios y la productividad. Este ciclo virtuoso, impulsado tras la pandemia, ha permitido que la economía española expanda su tamaño, mientras que las remuneraciones comienzan a recuperar poder adquisitivo y el mercado laboral alcanza máximos históricos, reduciendo el desempleo a niveles no vistos en dos décadas.
Los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística (INE) confirman que esta tendencia positiva continuó en 2025. Además del crecimiento del 2,8% del PIB, la productividad por hora trabajada, un indicador clave, aumentó un 0,7% en el mismo año. En el Ministerio de Economía se refieren a este periodo como un “ciclo de crecimiento insólito” y como una “modernización del modelo productivo” del país.
La eficiencia laboral en España ha alcanzado niveles sin precedentes.
Sin embargo, este panorama optimista presenta una fisura: la productividad del capital. A diferencia del trabajo, el capital no ha logrado recuperar los niveles previos a la crisis de 2008, y se encuentra lejos de los valores registrados hace tres décadas. La explicación a este fenómeno reside en el sector inmobiliario.
El Peso del Ladrillo
Un informe del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), en colaboración con la Fundación BBVA, revela la creciente brecha entre la productividad del trabajo, que ha aumentado considerablemente en las últimas décadas, y la del capital, que se ha desplomado desde principios de siglo, mostrando solo una leve recuperación en los últimos años. Este estudio indica que, a finales de 2024, el trabajo era un 18% más productivo, mientras que el patrimonio acumulado lo era un 23% menos.
El rendimiento de los trabajadores, medido por hora trabajada, permaneció estancado hasta la crisis inmobiliaria, momento en que se disparó debido a la destrucción de empleo. Este aumento, paradójicamente, se explica porque al haber menos empleados, el resultado de dividir el total de la producción entre el trabajo empleado mejora. No obstante, la reciente mejora de la productividad, en paralelo al crecimiento del mercado laboral, ha sorprendido a expertos, sindicatos y al Gobierno.
Del Auge Inmobiliario a la Crisis Económica
La productividad del capital inició su declive a finales de los años 90, tocando fondo en 2014, cuando la economía española comenzó una tímida recuperación. Francisco Pérez, profesor emérito de la Universitat de València, director de investigación del IVIE y uno de los autores del informe, explica que el *stock* acumulado sufrió dos fenómenos distintos: exceso y defecto, que condujeron al hundimiento.
Según Pérez, durante el auge inmobiliario se invirtió masivamente, y el ritmo de crecimiento del *stock* de capital superó la generación de valor añadido en la economía. Estas inversiones, centradas en el sector inmobiliario (viviendas, oficinas, naves, infraestructuras), ejercen un peso considerable sobre el total del capital. Tras el estallido de la burbuja, el ladrillo permaneció, pero sin generar el rendimiento esperado. Estas inversiones, con una vida útil prolongada, pesan en el cálculo de la productividad si no se utilizan o se utilizan solo parcialmente.
Sin embargo, la baja productividad del capital no implica que no contribuya al crecimiento económico. La creciente eficiencia de los trabajadores se debe, en parte, al mayor uso de capital: tecnología, instalaciones, sistemas de comunicaciones y maquinaria.
Crecimiento Empresarial
Tradicionalmente, España ha sido considerada un país poco productivo y con trabajadores poco eficientes, una percepción que aún persiste en los organismos internacionales. El Fondo Monetario Internacional (FMI) señaló que la brecha del PIB per cápita de España en comparación con las economías ricas de la zona euro o Estados Unidos se debe principalmente a un déficit de productividad. Las razones fundamentales son el menor tamaño de las empresas españolas y su falta de crecimiento.
No obstante, las empresas españolas están creciendo. Un informe del gabinete económico de CCOO indica que el tamaño medio de las empresas registradas en la Seguridad Social ha crecido un 19,3% entre 2018 y 2025, pasando de 10,3 a 12,3 trabajadores por empresa. Este aumento, acompañado de un número estable de empresas, sugiere una mejora en la calidad del tejido productivo.
Según Natalia Arias, economista del sindicato, las empresas más grandes son más productivas, ya que tienen mayor acceso a financiación, economías de escala y experiencia en el mercado, lo que les permite competir de manera más eficiente y destinar más capital a la inversión.
La inversión desempeña un papel crucial en la productividad. Tras varios años de atonía, la inversión ha repuntado en el último ejercicio, con un incremento del 6,3% en 2025. Sin embargo, estas cifras aún están lejos del pico alcanzado en 2007, antes del estallido de la burbuja inmobiliaria.
Raymond Torres, director de Coyuntura de Funcas, señala que la acumulación de capital fue excesiva, ya que gran parte de estos recursos, financiados con deuda, alimentaron una burbuja sin potenciar el capital productivo del país. Según el economista, el 49% del incremento de la inversión en los últimos años se debe a las Administraciones Públicas, mientras que las empresas siguen siendo “prudentes en sus decisiones de ampliar la capacidad productiva”.
Miguel Artola, profesor de la Universidad Carlos III de Madrid, se muestra escéptico ante el estancamiento de la inversión y sugiere que podría no estarse midiendo correctamente, posiblemente debido a un cambio en la composición de la inversión, desde sectores tradicionales hacia sectores nuevos que no se están capturando adecuadamente.
Caixabank Research dedicó su último informe mensual a un análisis en profundidad de la productividad en Europa, y específicamente, de la situación por comunidades autónomas. El informe reveló que, si bien España parece estar por detrás de otras economías europeas en términos de productividad, las regiones españolas no están tan lejos de sus pares. Euskadi, Madrid y Cataluña se sitúan cerca de la cima. Javier García-Arenas, economista senior de Economía española de Caixabank Research, destaca que algunas comunidades autónomas invierten menos en I+D+i que regiones comparables y tienen dificultades para lograr economías de aglomeración y densidad.
Según García-Arenas, Madrid y Cataluña ganan peso debido a factores demográficos, calidad institucional y su tejido empresarial.
Economía Eficiente, Sin Soluciones Mágicas
Los datos del IVIE indican que la economía española ha crecido en los últimos años no solo por la acumulación de trabajo o capital, sino también por ganancias de eficiencia, medidas a través de la productividad total de los factores (PTF). De media, la PTF ha avanzado un 1,4% anual desde la pandemia, un hito significativo.
Francisco Pérez, del IVIE, se pregunta si esta tendencia continuará, y responde que dependerá de las inversiones en activos que mejoren la productividad. Pérez plantea la cuestión de si es más beneficioso construir una nueva nave o mejorar un proceso en instalaciones existentes, incorporando tecnología y mejoras organizativas y de cualificación de los trabajadores.
No existen soluciones mágicas para el problema de la productividad, aunque los fondos europeos han contribuido a la mejora. El tamaño empresarial es fundamental, así como la reorientación hacia actividades que generan mayor valor añadido. Es positivo que sectores como el turismo, la construcción y el comercio vayan cediendo terreno a ramas que muestran mayores ganancias de productividad. En este sentido, el capital de los sectores que producen tecnologías de la información ha disparado su productividad un 12,5% en el mismo periodo.
Luis Zarapuz, director del gabinete económico de CCOO, apunta a una “lluvia fina” que indica un cambio en el modelo productivo. Según Zarapuz, al cortar la cultura de la precariedad, se eleva el suelo de muchas empresas, estimulando la inversión. Además, la mayor parte del empleo que se está generando se ubica en sectores de mayor valor añadido, e incluso en sectores de bajo valor añadido se están creando ocupaciones más cualificadas.
En las próximas semanas, el Consejo de la Productividad publicará su primer informe, que servirá de hoja de ruta para romper con la improductividad en España. En una sociedad cada vez más envejecida y con Europa atrapada entre hegemonías, este es el reto económico clave.













