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UNA “ESPAÑA IMAGINARIA” QUE SE TOPÓ CON LA REALIDAD: LA HISTORIA DE AMINE
En el centro del debate sobre la regularización de inmigrantes, emerge la historia de Amine, un argelino de 36 años que llegó a España con la esperanza de encontrar una vida mejor para ayudar a su familia.
Amine, quien era actor y director en su país, relata cómo la idea de una “España imaginaria” donde podría trabajar sin papeles, influenciado por experiencias de compatriotas en Francia, chocó con la dura realidad al llegar a Alicante como turista.
Dificultades y vulnerabilidad
Durante un mes y medio, buscó empleo en bares, pero se enfrentó a la imposibilidad de trabajar sin permiso y a la barrera del idioma. “No pensaba que no se puede trabajar aquí sin permiso de trabajo”, admite, reconociendo que su nivel de español era muy básico al principio.
Siguiendo el consejo de un amigo, se trasladó a Murcia con la esperanza de encontrar trabajo en el campo, pero la falta de contactos lo dejó en una situación de extrema vulnerabilidad. Amine pasó más de un año enfrentando enormes dificultades, viviendo en la calle y pernoctando en albergues.
“He pasado algunos momentos muy muy complicados”, confiesa, mientras esperaba una plaza en una casa de acogida de Cáritas que tardó más de un año en llegar.
Un nuevo comienzo gracias a la ayuda humanitaria
Su vida ha dado un giro positivo desde que reside en la casa de acogida de Cáritas. “Gracias a esas asociaciones, como Cáritas, que están dando la oportunidad a los inmigrantes”, expresa con gratitud.
Ahora, con sus necesidades básicas cubiertas, estudia en la asociación y apoya a otros recién llegados con la traducción, gracias a su avanzado nivel de español.
Esperanza ante la regularización
La noticia de la regularización extraordinaria lo ha llenado de alegría. “Estoy muy contento con esta ley”, afirma Amine, quien no la esperaba, ya que estaba a punto de cumplir los dos años de estancia para solicitar el arraigo. Considera que es una “buena oportunidad para la gente inmigrante” que, como él, se ha enfrentado a un mercado laboral inaccesible y, en ocasiones, a la explotación.
Amine hace un llamado a la empatía, instando a la sociedad a ponerse en el lugar de quienes se ven obligados a abandonar su hogar. “Nadie sale de su país por gusto, sale por necesidad”, subraya, recordando que detrás de las cifras y los debates políticos hay personas con sueños y familias.
Su deseo es simple y universal: “Ojalá que mejore la vida de los inmigrantes y de todos”.













