Un punto de equilibrio borroso en la Real Sociedad

Un punto de equilibrio borroso en la Real Sociedad
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Un punto de equilibrio borroso en la Real Sociedad

Debería existir un punto de equilibrio entre apostar por un entrenador formado en Zubieta y destinar millones a un extremo de veinte años. No uno abstracto, sino reconocible. En la Real Sociedad actual, ese punto parece borroso, y cuando la línea se difumina, el debate deja de ser deportivo para convertirse en identitario.

La Real siempre ha defendido una idea clara: cantera, proceso y paciencia. No como eslogan, sino como forma de entender el club.

Por eso resulta discordante que se cierre el paso a futbolistas de la cantera mientras se da prioridad a apuestas externas de perfil similar. No es una cuestión de romanticismo ni de rechazo al mercado, sino de coherencia interna.

Dani Díaz, de 19 años, ha sido internacional con España en categorías sub16, sub17 y sub19, y subcampeón de Europa con la selección sub19. Alex Marchal, un año más joven, ha recorrido un camino similar, con convocatorias en las mismas categorías y presencia constante en el radar federativo.

No se trata de proyectos incipientes ni de promesas sin contrastar, sino de extremos formados en casa, evaluados durante años por técnicos de Zubieta y de la Federación Española, que ahora se quedan sin espacio. Sería una decisión discutible pero razonable si ese espacio lo ocupara un futbolista consolidado y experimentado, del que aprender.

El problema surge cuando la alternativa es otra apuesta de riesgo.

El fútbol es riesgo, siempre lo ha sido. Jokin Aperribay lo sabe bien. A veces sale bien y otras no. Nadie discute eso.

Lo que empieza a generar un debate delicado es la repetición del mismo patrón sin una sensación clara de aprendizaje. A una comisión deportiva se le debe exigir algo más que intuición: criterio, memoria y responsabilidad.

En cualquier otro sector, equivocarse reiteradamente obliga a corregir. En el fútbol, demasiadas veces, se normaliza.

La Real viene de años muy buenos, eso es incuestionable. Y buena parte del mérito fue encontrarse con Imanol Alguacil, un entrenador de la casa, formado en Zubieta, que devolvió al club no solo resultados, sino una manera de competir reconocible.

Ganó, pero sobre todo dio sentido a lo que se hacía.

Conviene no olvidar que Imanol llegó a un club con grietas estructurales, tapando decisiones técnicas fallidas y planificaciones erráticas. Lo hizo tan bien que durante años actuó como anestesia, ocultando problemas de fondo que hoy reaparecen cuando el escudo del entrenador ya no amortigua todo.

Ahora el foco está en Wesley Gassova, con talento, desborde y experiencia en fútbol sénior. Pero es preciso precisar dónde: Brasil y Arabia Saudí, no en Europa. No en el contexto competitivo, táctico y emocional que exige el fútbol europeo.

Compararlo con Neymar forma parte del relato habitual. La prudencia, en este caso, no es desconfianza, sino memoria.

Porque mientras se apuesta por fuera, se cierran puertas dentro.

Un nombre que lo explica todo es Ander Barrenetxea. Hoy nadie discute su lugar en el primer equipo. Es una realidad consolidada.

Y conviene recordarlo: también fue subcampeón de Europa con la selección española sub19. También necesitó tiempo, también cometió errores, pero el club confió, trabajó y sostuvo el proceso.

Ese es el ejemplo, la demostración práctica de que, cuando se cree de verdad en la cantera y se acompaña con compromiso, las metas se alcanzan. No siempre, pero sí lo suficiente como para que merezca la pena intentarlo.

La Real no puede defender la cantera como pilar identitario y, al mismo tiempo, cerrarle el paso a extremos formados en casa para abrirlo a apuestas de perfil similar. No es una cuestión de pasaportes ni de banderas, sino de honestidad con el propio discurso.

Quizá sea porque uno ha visto demasiados vestuarios vaciarse en silencio, pero con el tiempo se aprende que los clubes no se rompen por perder partidos, sino cuando dejan de reconocerse en sus decisiones.

Y la coherencia, como el talento, también se entrena.